El sábado pasado, oficiales americanos se reunieron para discutir sobre el cierre de 22 embajadas de Estados Unidos durante el fin de semana y sobre la severa alerta de viaje que fue emitida para los ciudadanos norteamericanos en el extranjero. El departamento de estado ha anunciado que la alerta se mantendrá vigente durante todo el mes de agosto, y que ésta es la amenaza más grave que los norteamericanos han enfrentado en años.

Desafortunadamente, no conocemos detalles sobre la amenaza, salvo que en el pasado los terroristas han atacado medios de transporte público y lugares de interés turístico. La vaguedad de esta amenaza ominosa es aterradora. No sabemos dónde, ni cómo, ni exactamente quién está planeando llevar a cabo un potencial ataque. El peligro está en todas partes.

Es como googlear un síntoma cuando te sientes enfermo. Obtienes cientos si no miles de posibles enfermedades como resultado de tu búsqueda. Puede tomar horas hasta que te des cuenta que estás de vuelta en el mismo lugar en el cual empezaste: con un síntoma aislado y un miedo que puede significar cualquier cosa. Ese es el punto en que la mayoría de nosotros dejamos a Google de lado y concertamos una cita con el doctor.

Pero, ¿qué pasa cuando no hay donde acudir en busca de respuestas? Cuando hay una amenaza conocida con parámetros desconocidos? Cuando no podemos predecir o googlear o cerrar más embajadas? ¿Cancelamos nuestros vuelos y viajes? ¿Y qué pasa si la amenaza es aún más cercana, así como lo fue el 11 de septiembre? ¿Y qué pasa si el peligro está presente en nuestras propias oficinas en un soleado día de verano? Estamos todos en estado de alerta. Pero, ¿para qué?

Esta semana comienza el mes judío de Elul, en él escucharemos diariamente el Shofar después de la plegaria matutina de Shajarit. El sonido del Shofar debe despertarnos. Es una sirena. Un llamado de atención. Hay amenazas para nuestras almas, para nuestros cuerpos, para nuestras vidas. El peligro está en todas partes, pero la mayor parte del año, nuestro radar está apagado.

Durante el mes de Elul escuchamos la sirena que nos recuerda encender nuestros radares una vez más. Y de pronto, podemos oír un llanto dentro de nuestros corazones. Tantas señales de advertencia que ignoramos durante el año, un nivel de desconexión tan grande con nuestro Creador y con nosotros mismos que no sabemos por dónde empezar.

Hay miles de resultados para cada síntoma. Pero este es un momento oportuno para restringir la búsqueda, utilizando sólo la energía del potencial de este mes. Las letras en hebreo de Elul son un acrónimo en hebreo para: Yo soy para mi Amado y mi Amado es para mí. Cuando el peligro está en todas partes y no sabemos a dónde acudir, ese es exactamente el punto de partida; nuestra conexión con Dios. Cuando no sabemos cómo, ni dónde, ni quién nos está atacando, escuchamos el sonido del Shofar que nos llama a despertar. Nos dice que cerremos las búsquedas virtuales y que nos dirijamos en cambio al Único que nos puede sanar.

Nos advierte que el peligro puede estar en cualquier parte, pero nos recuerda a su vez que el Guardián de Israel también está en todas partes. Y tal vez este es Su gran mensaje de alerta. Es Elul, y el sonido del Shofar hace eco en todo el mundo. El peligro acecha en todas partes; es momento de despertar.