La película Operación final, protagonizada por Oscar Isaac y Ben Kingsley, relata la misión súper secreta del Mossad para capturar a Adolf Eichmann en la Argentina. Si bien la película se toma unas cuantas libertades respecto a los eventos, aquí está la historia verdadera de cómo uno de los arquitectos del Holocausto fue llevado a Israel para juzgarlo por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

Eichmann fue el responsable de planear la logística para transportar a seis millones de judíos a sus muertes. Él se jactaba de ser el responsable de la muerte por lo menos de cinco millones de personas. En 1945 declaró: “Voy a saltar a mi tumba riéndome, porque la sensación de tener en mi consciencia cinco millones de seres humanos es para mí una fuente de extraordinaria satisfacción”.

Con la ayuda de oficiales de la iglesia católica, Eichmann adoptó el nombre Ricardo Klement y se embarcó en 1950 hacia la Argentina. Su esposa y sus hijos se reunieron con él dos años más tarde.

Eichmann, como tantos otros nazis, logró evadir la justicia durante décadas. Inicialmente fue capturado por las tropas de los Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial, pero ocultó su verdadera identidad y se hizo llamar Otto Eckmann. Escapó de la custodia aliada y pasó cuatro años deambulando por Europa con la ayuda de una red de nazis no arrepentidos y de simpatizantes nazis. Eichmann trabajó en Alemania y luego pasó un tiempo en un monasterio italiano. Con la ayuda de oficiales de la iglesia católica, Eichmann adoptó el nombre Ricardo Klement y se embarcó en 1950 hacia la Argentina. Su esposa y sus hijos se reunieron con él dos años más tarde.

En Argentina, Eichmann no se esforzó por ocultar su identidad. Aunque oficialmente era Ricardo Klement, Eichmann socializó con la considerable población alemana de Buenos Aires y se codeó con los nazis argentinos. Trabajó en una fábrica local de Mercedes-Benz. El hijo de Eichmann estaba suficientemente seguro en su bien establecido barrio alemán como para usar su verdadero nombre, Klaus Eichmann. Este descuido finalmente llevó a la captura de su padre.

En 1950, Klaus comenzó a salir con Sylvie Hermann, una jovencita local que compartía sus raíces alemanas. Ella vivía con sus padres en Buenos Aires, en Olivos, donde la mayoría de los habitantes eran alemanes y había muchos nazis y simpatizantes de los nazis. Su padre, Lothar Hermann, era un sobreviviente del Holocausto que había ocultado su herencia judía.

Durante una cena en la casa de Hermann, Klaus alardeó contando que su padre había tenido un alto rango en la SS y declaró: “Hubiera sido mucho mejor si los alemanes hubiesen terminado su trabajo de exterminio”. El padre de Sylvie no dijo nada; cambió a otros temas de conversación, pero por dentro sus pensamientos deben haber sido furiosos al decidir entrar en acción para llevar a Adolf Eichmann ante la justicia.

Nadie, ni siquiera su hija Sylvie, sabía que Lothar Hermann era medio judío. Él estuvo prisionero en Dachau en 1936 debido a sus creencias socialistas, y los nazis lo dejaron ciego. Después del pogromo antijudío de la Noche de los Cristales en 1938, Lothar inmigró a la Argentina con su esposa cristiana. Luego de esa cena con Klaus Eichmann, Lothar llamó a un contacto en Alemania, alertando a los oficiales respecto a que Adolf Eichmann estaba vivo en la Argentina.

Lothar Hermann llamó a un contacto en Alemania, alertando a los oficiales respecto a que Adolf Eichmann estaba vivo en la Argentina.

El cazador de nazis, Simón Wiesenthal, también dedicó su tiempo para capturar a Eichmann. Por una carta que le mostraron en 1953, él supo que habían visto a Eichmann en Buenos Aires y pasó esa información al consulado israelí en Viena en 1954. En 1960, Wiesenthal dispuso que detectives privados fotografiaran de forma encubierta a los miembros de la familia en el funeral del padre de Eichmann. Decían que Otto, el hermano de Eichmann, era sumamente parecido a Adolf y no había fotos actuales del fugitivo. Wiesenthal entregó esas fotos a los agentes del Mossad.

La información llega al Mossad

Identificar a Eichmann no era suficiente. El antisemitismo continuaba teniendo fuerza en Alemania en los años 50 y los fiscales no deseaban demasiado buscar al arquitecto del Holocausto. Sólo cuando la información llegó a Fritz Bauer, un fiscal judío de Frankfurt, alguien decidió actuar.

Antes de que los nazis llegaran al poder, Fritz Bauer había sido el juez de distrito más joven del país y una súper estrella legal. Cuando los nazis subieron al poder en 1933, Fritz fue alejado del campo legal y estuvo prisionero durante nueve meses en un campo de concentración. La mayor parte de la guerra la pasó escondiéndose en Dinamarca y Suecia, y en parte regresó a Alemania porque deseaba fervientemente llevar a juicio a los nazis. Sin embargo, al recibir la información sobre Adolf Eichmann, Fritz Bauer comprendió que sería inútil tratar de juzgarlo debido al fuerte antisemitismo que existía en Alemania. Arriesgándose a ser arrestado por lo que era un delito de traición, Fritz informó al Mossad en Israel sobre el paradero de Eichmann.

Fritz Bauer

La información de Fritz Bauer fue transmitida a Isser Harel, el director del Mossad. Durante años Harel había tratado de seguir las huellas de Eichmann, así como de otros oficiales nazis de alto rango que se habían escapado de la justicia. Al enfrentar por primera vez información creíble sobre el paradero de Eichmann, Harel comenzó a organizar una operación ultra secreta con el nombre clave Dibuk, que significa “espíritu malvado”. Muchos de los miembros de la operación eran sobrevivientes del holocausto que habían pasado por los horrores de tortura y genocidio orquestadas por Eichmann, entre ellos Rafi Eitan, que era un miembro importante de la inteligencia israelí.

Peter Malkin, quien aparece representado en la película, se unió a la Haganá en Palestina cuando tenía 11 años, al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de haber crecido en el país antes de la declaración del Estado de Israel, gran parte de su familia fue asesinada en el Holocausto. Antes de partir para cazar a Eichmann, él visitó a su madre, quien por primera vez le contó exactamente lo que le había ocurrido a Fruma, su hermana mayor. Cuando comenzó la guerra ella vivía en Polonia con su esposo y sus hijos y todos fueron asesinados en un campo fuera de Lublín.

Peter Malkin

Por el pueblo judío

Una vez que se decidió quienes conformarían el equipo secreto, se reunieron en la oficina de Isser Harel. Harel inspiró profundamente y dijo: “Quiero comenzar a hablarles desde mi corazón… Esta es una misión nacional de primer grado. No es una operación ordinaria de captura, sino la captura de un espantoso criminal nazi, el más terrible enemigo del pueblo judío. No estamos efectuando esta operación como aventureros, sino como representantes del pueblo judío y del estado de Israel. Nuestro objetivo es traer a Eichmann vivo y sano, para poder juzgarlo”.

Harel continuó diciendo: “Traeremos a Adolf Eichmann a Jerusalem… y quizás el mundo recordará sus responsabilidades. Reconocerán que como pueblo, nosotros nunca olvidamos. Nuestro recuerdo quedó registrado en la historia. El libro del recuerdo está abierto y la mano sigue escribiendo”.

Al día siguiente, el equipo viajó a Argentina utilizando diversas rutas. Ellos alquilaron dos casas de judíos en Buenos Aires y comenzaron a vigilar a Eichmann. Durante semanas, siguieron los movimientos de Eichmann y analizaron sus fotos para asegurarse de tener a la persona correcta. Finalmente, en la noche del 11 de mayo de 1960, el equipo estaba listo para capturar a Ricardo Klement, alias Adolf Eichmann, drogarlo y llevarlo a la casa que habían alquilado.

Isser Harel

Mientras esperaban en la oscuridad que Eichmann regresara a su hogar, comenzaron preocuparse. Por lo general Eichmann era extremadamente puntual, pero esa noche se demoró, porque no llegó a subir a su autobús habitual de las 7:40 pm. El plan era abandonar la operación si Eichmann no aparecía hasta las 8 pm, pero el equipo esperó unos minutos más hasta que Eichmann bajó del siguiente autobús a las 8:05. Mientras caminaba por la calle silenciosa, el equipo del Mossad atrapó a Eichman y lo metieron en el asiento trasero de un auto que estaba esperando. Fue un momento de gran carga emocional. Peter Malkin se puso guantes porque no podía soportar la idea de tocar al hombre que planeó y ordenó la muerte de sus parientes.

En el auto, inspeccionaron a Eichmann para asegurarse de que tenían al hombre correcto. Encontraron bajo su brazo la cicatriz que había quedado al remover su tatuaje como miembro de la SS, y revisaron que tuviera la cicatriz de una apendicetomía, tal como los registros afirmaban que debía tener. Finalmente los miembros del equipo suspiraron aliviados: tenían a Eichmann.

Tras la visita de Eban a Buenos Aires para celebrar los 150 años de la independencia Argentina, sacarían a Eichmann oculto a bordo de su vuelo de regreso a Israel.

Ahora enfrentaban una dura espera de diez días hasta que pudieran sacarlo del país. Como no deseaban confiar en la seguridad de una aerolínea de otro país, Harel insistió que Eichmann volara a Israel en El Al, la aerolínea del estado de Israel. El único problema era que El Al no volaba a la Argentina.

Cómo sacar a Eichmann del país

El momento de la captura brindó la cubierta perfecta. El 25 de mayo de 1960, la Argentina celebraba el 150 aniversario de su independencia. Las autoridades israelíes organizaron un vuelo especial de El Al para llevar a la Argentina a Abba Eban, el gran estadista israelí, para participar en la celebración. Tras la visita de Eban a Buenos Aires, sacarían a Eichman oculto a bordo de su vuelo de regreso a Israel. La operación era tan secreta que ni siquiera Eban supo de la misma hasta más tarde.

Ben Kingsley como Eichmann

Para recibir ayuda con la logística, el equipo del Mossad acudió a Luba Volk, una ex secretaria corporativa de El Al que ahora vivía en Buenos Aires, y le pidieron que efectuara los arreglos logísticos necesarios para que El Al pudiera volar a la Argentina. Mientras tanto, los miembros de un grupo fascista local, entre ellos el hijo de Eichmann, revisó frenéticamente la zona buscando a Eichmann, incluso entraron a una sinagoga y amenazaron a los habitantes locales. Finalmente, el 20 de mayo, llevaron a bordo a Eichmann sedado, disfrazado como un asistente de vuelo enfermo y lo llevaron a Jerusalem.

Apenas el avión despegó, los agentes del Mossad a bordo comenzaron a felicitarse entre ellos y le contaron a la tripulación del avión la verdad: el hombre que llevaban con ellos era nada más y nada menos que Adolf Eichmann. (Argentina se enojó tanto de que Israel capturara a un nazi en su suelo, que se negaron a permitir que El Al volviera a volar al país hasta el año 2017, cuando finalmente volvieron a comenzar vuelos regulares).

Eichmann en juicio en Jerusalem

El juicio

En Jerusalem, las autoridades israelíes juzgaron a Eichmann por 15 crímenes, incluyendo crímenes contra la humanidad. El juicio duró 57 días y fue televisado en 37 países del mundo. Quince años después del Holocausto, 112 testigos testificaron en su contra, y para muchos fue la primera vez que oyeron de primera mano el relato de lo que les había ocurrido a los sobrevivientes del Holocausto.

Los testimonios fueron desgarradores. Un camarógrafo que cubría el juicio y que había perdido a su familia en el Holocausto, se desmayó cuando una testigo describió cómo los soldados nazis le habían disparado una y otra vez y cayó entre los cadáveres a una fosa común. Un testigo polaco describió haber visto a una mujer judía que llevaba un bebé y que corrió para alejarse de las tropas nazis. Ella les suplicó que le perdonaran la vida a su bebé y que alguna persona no judía del otro lado de la alambrada levantara los brazos para agarrar al niño. “El nazi le sacó el niño de los brazos y le disparó dos veces a la mujer. Después desgarró al bebé como si fuera un trapo”, declaró el testigo.

Posteriormente, Golda Meir señaló cuán crucial era llevar a juicio al arquitecto del Holocausto:

Aunque nada puede devolver la vida a quienes fueron asesinados, yo creo que el juicio a Adolf Eichmann en Jerusalem en 1961 fue un gran acto de justicia histórica, algo necesario… Estoy absolutamente convencida de que sólo los israelíes tenían derecho a juzgar a Eicham en beneficio de los judíos del mundo, y me siento profundamente orgullosa de que lo hayamos hecho. De ninguna manera era una cuestión de venganza. Como escribió el poeta hebreo Bialik, ni siquiera el mismo diablo podría llegar a soñar una venganza adecuada por la muerte de un solo niño, pero quienes quedaron vivos, y las generaciones que todavía no han nacido, merecen por lo menos que el mundo sepa, con todos sus espantosos detalles, lo que les hicieron a los judíos en Europa y quiénes lo hicieron.

Eichmann fue condenado por todos los cargos. Lo sentenciaron a muerte y fue colgado el 1 de junio de 1962, el único prisionero que alguna vez fue ejecutado en el Estado de Israel. Su cuerpo fue cremado y sus cenizas fueron dispersas en el mar, fuera de las aguas territoriales de Israel.