Republicado con permiso de la revista Ami Magazine.

El 17 de enero, Dafna Meir fue asesinada por un terrorista palestino en su hogar en Otniel, un asentamiento judío en las montañas de Judea, al sur de Hebrón. Mientras sangraba a causa de sus heridas, la joven de 39 años, madre de 6, peleó con su atacante y evitó que éste asesinara también a tres de sus hijos que se encontraban en ese momento en casa.

Para su hija Raanana (17), el recuerdo nunca se desvanecerá.

“Estaba recostada en el dormitorio de mis padres. Estaba hablando por teléfono, con un auricular en mi oído. Al principio pensé que mamá se había asustado por un ciempiés o una cucaracha, dos cosas que perfectamente podrían haberla hecho gritar”.

“Pero entonces los gritos se hicieron más fuertes, y no se detenían. Entendí que algo sucedía. Cuando subí las escaleras, mamá se encontraba tirada en el piso. Aún estaba peleando con el terrorista”.

Sin inmutarse, el terrorista intentó sacar el cuchillo clavado en el cuerpo de su madre para apuñalar también a Raanana.

“Lo vi intentando sacar el cuchillo. Le grite a mis hermanos para que no subieran al salón. Entendí que él quería asesinarnos a todos. Tomó un par de segundos hasta que él se dio cuenta que no podía sacar el cuchillo, y entonces salió corriendo”.

“Mamá peleó con él, no lo dejó sacar el cuchillo, no lo dejó herirnos. Yo grité. Él se espantó y escapó. Me acerqué a mamá que yacía en el piso. Quise remover el cuchillo, pero recordé que en el curso de Maguén David Adom nos habían enseñado que no debemos remover objetos externos, pues esto puede provocar mayor sangramiento”.

Raanana llamó al Maguén David Adom. Una ambulancia fue despachada de inmediato.

“Yo gritaba todo el tiempo, estaba en pánico. Mamá aún respiraba, yo le pedía todo el tiempo que siguiera respirando, que no parara, pero ya sabía lo que se venía. Era claro que todo había terminado. Ella intentó seguir respirando. Creo que me oyó, a pesar de que ya no respondía”.

“Espero que no me haya oído gritar”.

El esposo de Dafna, Natán, estaba en el doctor con su hijo. Raanana lo llamó y él salió corriendo a casa.

“Durante cuarenta minutos manejé rumbo a Otniel”, recordó posteriormente. “Pasé a buscar a mi hijo, quien estudia en la Ieshivá Mekor Jaim. Durante todo el tiempo iba tratando de contactar a amigos del pueblo, del equipo de emergencias; yo sabía que ellos estarían allí en caso de un incidente. Me dijeron que la estaban tratando. Durante 40 minutos. Entendí que si llevaban 40 minutos tratándola entonces quería decir que la situación era muy grave. Encendí la radio y escuché que una mujer había sido asesinada en un ataque en Otniel. Y entonces supe que todo había terminado”.

El 19 de abril, Natán y Raanana fueron invitados a la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU por el embajador de Israel en la ONU, Danny Danon. Acompañados por representantes de la organización OneFamily, una organización israelí que se preocupa de las víctimas del terrorismo, los Meir se pararon junto a Danon mientras éste le pedía a su contraparte palestina, Riyad Mansour, que condenara el ataque.

Como era de esperar, su pedido fue respondido con silencio.

“Deberías avergonzarte”, le dijo Danon a Mansour. “En lugar de condenar el terrorismo, lo estás alentando”.

Al comienzo de la reunión, los Meir declararon que esperaban que los miembros de la asamblea entendieran lo que ellos como familia habían atravesado en los últimos meses. “Es difícil expresar en palabras el profundo dolor y la insoportable nostalgia. Con los corazones destrozados, le pedimos a la comunidad internacional que nos ayude. Escuchamos que hay quienes dicen que el terrorismo es un resultado de la frustración, y nos preguntamos: ¿Hay acaso algo más frustrante que lo que nos ha tocado vivir?”.

Pero hubo silencio.

En una fuerte carta dirigida al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, Natán habló sobre la falta de humanidad que atestiguó en el Consejo de Seguridad.

“Ni un solo representante de la ONU nos dio la mano, nos llamó o se reunió con nosotros. Ni siquiera usted, Sr. Secretario General, mientras se encontraba sentado encabezando la reunión, se acercó a nosotros o prestó atención a nuestros angustiados rostros”, escribió Natán.

Hablé el lunes con Natán Meir. A continuación, presento nuestra conversación:

Lo que le sucedió a tu esposa Dafna fue más que trágico. Ella también fue heroica y peleó con su asesino para proteger a sus hijos.

Sí. Luego de que él la apuñaló, ella sostuvo el cuchillo con fuerza y se rehusó a dejar que él lo sacara de su cuerpo para que no pudiera atacar a los niños.

¿Estaban todos tus hijos en casa en ese momento?

Tres de mis hijos estaban en casa. Tengo seis hijos en total.

¿Tu casa está en el borde de Otniel?

No. Hay cierta distancia entre la casa y el borde del poblado.

¿Hace cuánto vives allí?

Desde que nos casamos, hace 19 años.

¿Había ocurrido algo similar en Otniel, o esta fue la primera vez?

Hace unos diez años unos terroristas se infiltraron en la Ieshivá y mataron a cuatro jóvenes.

¿Qué les puedes contar a los lectores sobre tu esposa?

(Suspiro) Mi esposa era una persona muy especial. Era honesta y sincera, y no le temía a nadie. Siempre hablaba directo del corazón, sin miedo ni vergüenza. Creía que, si quieres educar, debes hablar sobre todos los temas. Si escondes cosas, carecerás de entendimiento. Logró hacer mucho en su vida, la cual no fue muy larga. Vivía cada día como si fuera el último. Por eso es que vivía de forma tan intensa.

¿Cómo están tus hijos?

Es difícil para todos, muy difícil, pero estamos saliendo de a poco. Hashem es misericordioso.

¿Puedo preguntar en qué trabajas?

Obvio. Enseño en una escuela secundaria en Susia, y también soy psicoterapeuta. Principalmente ayudo a gente que es adicta a Internet.

¿Tu esposa también trabajaba?

Sí. Ella era enfermera en un hospital. También era una experta en temas relacionados con la gestación, y una prolífica escritora. Tenía un blog en el que respondía preguntas a la gente, miles de preguntas sobre el tema. Más de 150.000 personas lo leían, número que ha aumentado exponencialmente desde su fallecimiento. Los doctores también le consultaban. Era considerada una gurú, sabía un montón.

¿Por qué fuiste con tu hija a la ONU? ¿Qué esperabas lograr?

El embajador israelí en la ONU, Danny Danon, nos pidió que representáramos el lado israelí. Todos hablan siempre del lado palestino, del dolor palestino, pero nadie nunca habla de nosotros. Él quería que mostráramos nuestro sufrimiento.

¿Te reuniste con Ban Ki-moon?

No. Tuvimos una conferencia de prensa el 18 de abril, antes de la sesión del Consejo de Seguridad. Entones entramos y nos sentamos junto a Danny Danon, el embajador israelí.

¿Hablaste allí?

No, no nos dejaron. Sólo el embajador tenía permiso para hablar. Pero Danny Danon contó nuestra historia, habló sobre Dafna y nos presentó. Todos sabían lo que había ocurrido. Según nos dijeron, les habían avisado que nosotros iríamos.

¿Alguien habló con ustedes, les dijo hola o algo?

Nada. Nadie nos dijo ni una palabra. Nadie siquiera notó nuestra presencia.

Cuando dices nadie, ¿quién estaba allí? ¿Estaba el embajador de Estados Unidos?

Sí, él también estaba allí. Todo el Consejo de Seguridad estaba en sesión. Ban Ki-moon también estaba allí al comienzo y no dijo nada. En un momento, el representante palestino se levantó para quejarse por los niños palestinos que son retenidos en las cárceles israelíes. Uno de esos “niños” es el asesino de Dafna, y nadie dijo ni una palabra sobre el incidente. Es algo para no creer.

Eso es doloroso.

Voy a ser honesto. No esperaba que la gente dijera cosas buenas o que nos prestaran atención en la ONU. Por eso es que no salí decepcionado. Pero sentí que simplemente no me podía quedar callado sobre este asunto. Siempre hay quejas en la ONU: ¿Por qué los israelíes no tratan bien a los palestinos? ¿Por qué no evacuamos Judea y Samaria? Nos condenan constantemente y no expresan ni siquiera un poco de empatía. ¿Dónde está su corazón? ¿Dónde está su humanidad? La diplomacia y la política no traen la paz. La paz no se logra mediante un pedazo de papel; es algo que viene del corazón. La paz proviene de la gente. Si no tienes humanidad, tampoco tendrás paz.

Sí, pero ciertamente sabes mejor que yo que la ONU siempre ha sido un foso de leones lleno de gente que odia a Israel. No es algo nuevo. ¿Danny Danon no te advirtió que son todos antisemitas?

Sí, me advirtió. Yo sabía que iba a ser así, pero aún así me siento obligado a decirlo para que la gente preste atención. Debemos trabajar con nuestros corazones, porque la paz depende de esos corazones. Ese es el mensaje que quiero transmitir.

Pronto van a haber elecciones presidenciales en Estados Unidos. ¿Tienes algún mensaje para quien sea elegido presidente?

Si yo fuera presidente de Estados Unidos, buscaría maneras de crear puntos de encuentro entre las poblaciones israelí y palestina. Intentaría construir más áreas industriales comunes, una librería común. También trataría de organizar empresas comunes para la mayoría que anhela la paz. Eso es lo que tenemos que fortalecer y trabajar, no construir cercos y bordes. Debemos buscar formas de conectar a la gente y de permitirles vivir en conjunto. Eso es paz.

¿Tienes vecinos árabes cerca del asentamiento?

Obvio.

¿Eres cercano a alguno de ellos?

Sí. Tengo muchos buenos amigos palestinos. Algunos de ellos han sido mis amigos por 20 años.

Luego de lo que ocurrió, ¿cómo reaccionaron? ¿Alguno de ellos te dijo algo?

Definitivamente. Me llamaron y visitaron y hablaron conmigo. No es como la ONU. Me dijeron cuánto lo sentían.

¿Durante la shivá?

Durante la shivá, después de la shivá. Vinieron a mi casa.

¿Hay alguna cosa que te gustaría decirle a nuestros lectores?

Sí. Me gustaría pedirle a la gente una cosa: que se atrevan a hacer aquello en lo que creen. Tengan el coraje de abrir sus corazones para sus hijos, tal como Dafna lo hizo. Hablen con sus padres y parientes. No tengan miedo de hablar de nada, incluso de las cosas más difíciles y desagradables. Deben tener fortaleza y gracia.

Republicado con permiso de la revista Ami Magazine.

Para leer la carta escrita por Natán Meir a Ban Ki-moon, haz clic aquí.