El profesor Dan Ariely sabe lo que estás pensando.

En realidad, sabe que no importa lo que estés pensando, ya que no siempre será tan racional. Ariely, quien ha escrito varios libros éxitos de venta, ha dedicado su vida a entender la impredecible naturaleza de la toma de decisiones humana y es reconocido como uno de los economistas conductuales más destacados del mundo. Su experticia y conocimientos sobre qué es lo que causa que una persona acepte algunas cosas y rechace otras han hecho que muchas corporaciones multinacionales que intentan influenciar el comportamiento de su clientela lo contraten como consultor de negocios.

El año pasado, Ariely visitó Sudáfrica a petición de una gran compañía de seguros de salud que buscaba incentivar a sus miembros para que viviesen vidas más sanas. Durante su visita, Ariely se contactó con el Rabino en Jefe de Sudáfrica, Rav Warren Goldstein, ya que estaba intrigado por la tenacidad con la que el pueblo judío observaba la Torá, y como parte de su constante fascinación con el comportamiento humano, quería entender qué es lo que había logrado convencer a tantas generaciones de judíos a tener un estilo de vida diferente al de la cultura en la cual vivían, a pesar de tener que enfrentar por eso muchas adversidades y persecuciones.

Lo que él no sabía es que ese aparentemente inofensivo encuentro desataría una pequeña revolución en Sudáfrica.

Hace mucho tiempo que Sudáfrica se convirtió en un país que ha atestiguado la llama indomable que arde en el interior de todo judío. La comunidad ha sido conocida por su tradicionalismo desde que los judíos llegaron al extremo sur del continente africano en 1841. En las últimas décadas, Sudáfrica ha sido el epicentro del retorno a la práctica del judaísmo. Pero a pesar de su arraigado tradicionalismo, la judería sudafricana todavía debe enfrentar muchos de los desafíos que afectan a las comunidades judías a lo largo del mundo, como lo son la asimilación y la debilitación del compromiso con el judaísmo.

Durante su conversación con Ariely, Rav Goldstein le hizo algunas preguntas también. ¿Cómo podía él —un líder espiritual en Sudáfrica— influenciar a su comunidad para que aumentaran su compromiso y conexión con la Torá? Rav Golsdtein había identificado que Shabat era uno de los aspectos centrales del judaísmo, pero no estaba seguro de cómo motivar a la gente a conectarse con Shabat. La respuesta de Ariely fue clara: tienes que hacer que lo prueben, que se comprometan con él durante un período finito de tiempo.

En base a este consejo, Rav Goldstein lanzó el proyecto llamado “The Shabbos Project” (El proyecto de Shabat), una iniciativa que buscaba que todos los judíos de Sudáfrica respetaran un determinado Shabat. Lo que hacía que este proyecto fuera tan radical es que buscaba que la gente aceptara todo lo que implicaba respetar Shabat: no sólo encender las velas el viernes por la noche y asistir a la sinagoga, sino que sumergirse por completo en la experiencia de Shabat. No manejar, no iPhone o Blackberry, no partidos de fútbol, no ver televisión. En palabras del manifiesto que creó Rav Goldstein: “…desde el atardecer hasta que salieran las estrellas… comprometerse a respetar Shabat con todos sus detalles y esplendor según es detallado en el Código de ley judía…”.

El proyecto era una apuesta arriesgada, por lo que para aumentar las probabilidades de éxito Rav Goldstein lanzó —con la ayuda de un energético equipo— una campaña de marketing masiva que aprovechaba todo el poder de las redes sociales para publicitar la idea. El quipo filmó cientos de pequeños videos en los que judíos comunes y corrientes llamaban a respetar Shabat. Publicaron avisos publicitarios en las grandes ciudades y reclutaron a conocidas celebridades para que se comprometieran a respetar un Shabat. Uno de los cantantes más conocidos del país apoyó la idea y canceló un importante concierto para sumarse al proyecto. En un video de YouTube —que fue creado por el equipo de Rav Goldstein— el comediante más famoso del país pidió sin rodeos: “Gente, esta es mi petición. Sean buenos judíos por un fin de semana. ¿Es mucho pedir?... un fin de semana. Y si no se sienten inspirados… entonces háganlo por la culpa judía… y porque sus suegras estarán orgullosas de ustedes”.

Dado que sabían que respetar Shabat era un concepto absolutamente nuevo para muchos, el equipo se propuso educar a la gente sobre de qué se trataba Shabat. Imprimieron una guía de usuario, la cual explicaba todos los detalles de Shabat, y llenaron el sitio Web del proyecto con recursos educacionales. Decenas de sinagogas se unieron al proyecto y ofrecieron programas especiales para el gran Shabat.

Para algunos era una idea intimidante: “Nunca habíamos respetado Shabat, por lo que sonaba un poco intimidante”, escribió un participante, “pero queríamos aceptar el desafío. Tanto mi esposo como yo somos completamente adictos a la tecnología, por lo que el mero hecho de pensar en no tener nuestros teléfonos y no estar conectados en nuestras redes sociales por todo un Shabat parecía irrisorio”.

La apuesta resultó ser mucho más exitosa de lo que Rav Goldstein habría siquiera imaginado. De acuerdo a las estimaciones, el 11 y 12 de Octubre, más de 20.000 judíos sudafricanos respetaron Shabat por primera vez en sus vidas, envueltos en una ola de entusiasmo y energía comunitaria.

“Se podría decir que decidimos hacerlo para no sentirnos excluidos”, explicó una pareja. Alguien incluso escuchó a una peluquera no judía decir que pretendía cerrar la peluquería ese sábado ya que su clientela de todas formas no asistiría. Un barrio completo se reunió en una gigantesca cena el viernes por la noche en la calle —la cual fue cerrada para la ocasión—, reuniendo a más de 600 personas que disfrutaron el ambiente de Shabat con amigos y familia bajo las estrellas del cielo sudafricano.

Ariely estaba impresionado. Tan impresionado que él mismo decidió respetar Shabat en su hogar en los Estados Unidos.

¿Fue este proyecto tan sólo un gran experimento social, una muestra del gran poder de las redes sociales y de la publicidad para influir la volátil psique humana?

Los comentarios de la gente dicen otra cosa: “Había un espíritu comunitario tan potente como cuando fue el Mundial de Futbol”, dijo un participante entusiasmado, “pero mucho mas espiritual y significativo”.

Y eso es precisamente lo que se sentía la noches del jueves previo al gran Shabat, cuando fue organizada una gran “producción de Jalá callejera” en el barrio judío. Cerca de 2.500 mujeres se congregaron para el evento, y algunas incluso lloraron mientras se conectaban con el rito sagrado de preparar las tradicionales hogazas de pan para Shabat que había sido atesorado por sus madres y abuelas durante siglos.

Una ciudadana de Johannesburgo describe su primer Shabat de la siguiente manera: “Aprovechar el momento… respirar; amar; apreciar cada minuto… no pensar sobre los planes del día siguiente. El sentimiento de una conexión pura y placentera… en un nivel profundo, con Hashem; y con mi increíble familia; y estar rodeada de la calidez del shul y poder conectarme con toda la comunidad. Fue increíblemente profundo”.

Otro hombre escribió que “respetar Shabat fue uno de los logros más satisfactorios de mi vida, pero al mismo tiempo estaba sorprendido de lo fácil que fue”. Otra persona dijo que “ahora sé que tengo el conocimiento y la confianza para respetar Shabat en el futuro. Espiritualmente, quedé con una sensación de asombro y profunda alegría…”.

Cuando salieron las estrellas el sábado a la noche, miles de personas se congregaron en el campo deportivo de una escuela local para la tradicional ceremonia de havdalá y para un concierto que marcaría el final de la experiencia. Pero a pesar de que hubo una multitudinaria asistencia al evento, ésta fue mucho menos significativa que lo que había ocurrido en la privacidad de cientos de hogares judíos ese día. Fue como si un gran magneto espiritual hubiera pasado por sobre Sudáfrica y hubiera causado que miles de almas se elevaran.

Durante un Shabat, miles de chispas que brillaban débilmente en cientos de casas a lo largo de Sudáfrica volvieron a la vida; y por un día, el país estuvo electrificado por el poder de nuestro regalo más preciado, el regalo de Shabat.