Alma Rose, una de las mejores y menos conocidas músicas de Europa, condujo una orquesta de mujeres en el campo de exterminio de Auschwitz. No se conocen demasiados detalles de su extraordinaria vida, aunque las investigaciones actuales revelaron más detalles sobre su historia.

Alma Rose nació en 1906. Sus padres pertenecían a dos de las más importantes familias de músicos de Europa, ambas familias judías y sacudidas por el visceral antisemitismo de Europa. El padre de Alma, Arnold Rosenblum (él cambió su apellido a Rose para que sonara menos judío), condujo la Filarmónica de Viena y fundó el eminente Cuarteto Rose, que tuvo mucha fama en Austria a comienzos del siglo XX. Justine, la madre de Alma, era la hermana menor del gran compositor Gustav Mahler.

Alma siguió los pasos de sus ilustres parientes y fundó la orquestra de mujeres conocida como Viennese Waltzing Girls y forjó una carrera como violinista, viajando por todo Europa en los años 30 y 40.

El miedo y el antisemitismo nunca estuvieron demasiado lejos. Gustav Mahler, el tío de Alma, se quedaba cada tantos años desempleado a pesar de ser uno de los mejores compositores del mundo. A los judíos se les prohibió participar en muchas de las orquestas más importantes de Europa. En 1897, cuando Mahler se presentó para ser director de la Ópera de la Corte de Viena, le dijeron que un judío nunca podría dirigirla. Mahler se convirtió al catolicismo y aparentemente internalizó el odio judío de la era, porque hizo todo lo que estuvo a su alcance para mostrar sus credenciales alemanas y admirar a antisemitas como el compositor Richard Wagner. Mahler se casó con una mujer que manifestaba abiertamente su odio hacia los judíos y que a pesar de permanecer casada con él lo despreciaba.

Estos fueron los antecedentes con los que Alma Rose eligió quedarse en Europa, ocultar su judaísmo y (como su tío) tratar de fundirse dentro de la sociedad cristiana. Se sometió a una cirugía estética en la nariz (en una época en la que era un procedimiento raro), para tratar de verse menos judía. Alma aceptó el catolicismo y se casó con un violinista checo no judío, Vasa Prihoda que parece que la maltrató hasta que se divorció de ella cinco años más tarde. Aunque el hermano y la cuñada de Alma se escaparon de Europa con el crecimiento del nazismo y se fueron a los Estados Unidos, Alma decidió quedarse en Europa, aunque por un tiempo se mudó con su padre a la relativa seguridad de Londres. Incluso cuando el nazismo crecía y los judíos trataban de escaparse, Alma siguió realizando giras por el continente europeo.

A comienzos de 1943 detuvieron a Alma en Francia. Todos sus esfuerzos por ocultar su judaísmo y calmar a los antisemitas negando su herencia no sirvieron de nada. Ante los ojos de los nazis Alma era, antes que nada, una judía. La enviaron al campo de concentración francés Drancy, y luego, en julio de 1943 a Auschwitz.
Muchos campos de concentración tenían orquestas. Estos grupos macabros estaban formados por los desdichados prisioneros de quienes se esperaba que tocaran para los guardias y a veces para los otros prisioneros. Los miembros de la orquestra eran mantenidos con vida mientras seguían siendo útiles  como músicos. Se esperaba que tocaran bajo condiciones inhumanas, a todas horas del día y con el clima más extremo. Los guardias y supervisores alemanes a menudo amaban la música y sentían un placer perverso al escuchar serenatas de los prisioneros cuyas vidas estaban en sus manos.

Cuando Alma llegó a Auschwitz, la asignaron a la orquesta de mujeres y rápidamente se convirtió en su líder. En medio de ese infierno, Alma tomó con seriedad su tarea musical y transformó a ese grupo de mujeres hambrientas en una orquesta sinfónica de elevado nivel profesional cuya fama se dispersó por todo el sistema de brutales prisiones nazis.

Muy pocas de esas mujeres eran músicas profesionales, pero Alma entendió que la única manera en que podían sobrevivir era siendo útiles, y eso implicaba tocar música del más alto nivel. Ella comenzó a reclutar nuevas músicas. Alma puso énfasis en contratar mujeres judías para la orquesta como una manera de salvar sus vidas. Después de una vida negando su judaísmo, ahora Alma abrió los brazos a sus hermanas judías y trabajó febrilmente para salvarles la vida.

Dejar la orquesta implicaba una muerte segura, por lo que Alma se negó a contratar a las mujeres menos talentosas. En cambio, mantuvo a las menos hábiles como asistentes y copiadoras, empleando la mayor cantidad posible de mujeres para todos los roles que pudo llegar a inventar. Al entender que cada trabajo en la orquesta era una posibilidad de mantenerse viva, Alma trató de expandir su orquesta tanto como pudo.

Ella hacía practicar a sus músicas durante ocho horas al día, y el rápido crecimiento de la calidad de la orquesta le permitió pedir misericordia para sus miembros. La orquesta ya no tenía que tocar al aire libre bajo la nieve o la lluvia. La habitación en la que ellas vivían era fría y húmeda. Alma no se animó a pedir que mejoraran las condiciones para las músicas, que eran consideradas algo menos que esclavas. En cambio, ella señaló que el barro en el suelo de sus barracas era malo para los instrumentos. Rápidamente mudaron a las mujeres a un edificio con suelo de madera.

Alma Rose murió súbitamente el 4 de abril de 1944. En ese momento su orquesta tenía tanta demanda que les habían pedido hacer conciertos especiales además de su ronda habitual de dos presentaciones diarias. Alma estaba tocando en una fiesta particular de los brutales guardias de la SS cuando de repente se enfermó y la enviaron al hospital del campo, donde falleció dos días más tarde. La causa de su muerte nunca fue reportada.

La orquesta continuó hasta setiembre de 1944, cuando las tropas Aliadas se acercaron a Auschwitz. Los miembros de la orquesta que quedaban fueron enviados a Bergen Belsen. Algunas sobrevivieron y fueron liberadas por las tropas británicas el 15 de abril de 1945.

Hilel aconsejó: “En un lugar en el que no hay líderes, esfuérzate por ser un líder” (Pirkei Avot 2:6). En la profunda miseria del Holocausto, rodeada de muerte y sufrimiento, Alma Rose de alguna manera encontró la fuerza para cumplir con esta máxima.

Nunca sabremos exactamente cuántas vidas salvó Alma Rose gracias a su valentía en la orquesta de mujeres de Auschwitz, pero sabemos que sus actos marcaron una diferencia.

Incluso en el infierno de Auschwitz, Alma tuvo la fuerza de pensar en los demás. A pesar de tratar infructuosamente de evadir el antisemitismo dando la espalda a la vida judía, Alma Rose terminó salvando con heroísmo muchas vidas y murió al Kidush Hashem.