1. Djerba (Yerba), una isla en la costa de Túnez, África, se erige como una fortaleza en medio de un océano de conflictos. Además de albergar a una de las comunidades judías más antiguas del mundo, Djerba también es la única comunidad judía que vive en una región dominada por el islam. Los habitantes locales trabajan y viven en relativa armonía con sus vecinos musulmanes, y hablan en el idioma árabe local.

Por Bellyglad de Túnez – La sinagoga de Djerba - por stegop, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=20975035

2. Tan fascinante como la edad y la ubicación de esta comunidad de 2.500 años, es el origen de sus habitantes. Esta singular comunidad fue llamada “La isla de los cohanim” (sacerdotes), porque aproximadamente el 80% de la comunidad desciende de sacerdotes, de acuerdo con la biografía From Djerba to Jerusalem. Según el libro, tras la destrucción del Primer Templo, Tzadok, el Gran Sacerdote, junto con otros cohanim se escaparon a la lejana isla y se instalaron allí. Los locales sostienen que los sacerdotes llevaron con ellos una piedra del altar del Templo destruido y la incorporaron en la construcción de la famosa sinagoga El Ghriba.

Judíos de Túnez, alrededor del año 1900

3. Aunque en Djerba hay un manojo de israelitas (judíos que descienden de otras tribus fuera de Levi y su familia de sacerdotes), la carencia de levitas resulta sorprendente. De acuerdo con la tradición, su ausencia se debe a su negación a retornar a Israel después de la construcción del Segundo Templo. El artículo The jews of Djerba, de Ari Greenspan señala que cuando el profeta Ezra oyó sobre su negativa a regresar, los maldijo y dijo que los levitas que había allí no vivirían más de un año.

4. La comunidad, que recuerda el estilo de vida del shtetl del pasado, continúa siendo una fuente de orgullo para los judíos de Djerba. La mayoría de los hombres contribuyen a la comunidad que en gran medida se mantiene a sí misma con trabajos manuales como artesanos, orfebres, dueños de tiendas y puestos de venta en el mercado.

5. Los habitantes de Djerba adhieren escrupulosamente a la ley judía y mantienen sus costumbres sagradas de 2.500 años. Sus costumbres de kashrut, sus prácticas matrimoniales y su sistema educativo se mantienen virtualmente sin cambios desde el momento en que fueron establecidos.

Un judío cambista de dinero en Túnez

En su artículo, Rav Greenspan relata que los miembros de la comunidad siguen llevando en la tarde del viernes sus ollas y sus jalot a la panadería local para mantenerlos calientes en el horno durante el Shabat, una costumbre que ya no existe en ninguna otra parte del mundo. (Aunque sus cocinas son suficientemente modernas como para mantener la comida caliente en sus propios hogares, continúan con esta costumbre para mantenerla viva). Cada viernes por la tarde se puede ver a Rav Bitón, el rabino de la comunidad, sobre los tejados tocando un cuerno de carnero para recordar a todos que cierren sus negocios antes de que comience el Shabat, otra antigua costumbre que siguen santificando.

6. La sinagoga El Ghriba, que se traduce literalmente como “la extraordinaria”, es una de las sinagogas más antiguas que sigue existiendo y una de las más bellas por su arquitectura. La sinagoga atrae a miles de turistras cada año. Los judíos de Túnez esperan que la UNESCO le dé al edificio el estatus de Herencia Mundial.

El interior de la sinagoga El Ghriba, por Chapultepec, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1930877

La historia que cuenta cómo la sinagoga recibió su nombre es un poco extraña. Los habitantes locales le dijeron a Rav Greenspan que la leyenda dice que una mujer bella y piadosa que vivía sola falleció a causa de un incendio el día de la festividad de Lag BaOmer. Aunque su casa se incendió, las llamas no tocaron su cuerpo y la comunidad atribuyó eso a la santidad de la mujer. La mujer desconocida, apodada “la extraordinaria”, fue enterrada cerca de la sinagoga.

7. Una costumbre singular y un momento especial del año para los judíos de Túnez, es el peregrinaje anual a Djerba. Para la época de Lag BaOmer, miles de judíos peregrinan para rezar en la sinagoga El Ghriba en honor a Rabí Meir Baal HaNes y Rabí Shimon Bar Iojai, dos grandes sabios que fallecieron en este período. En su honor realizan un desfile festivo, en el cual llevan por las calles un candelabro gigante decorado con tela y montado sobre tres ruedas, mientras los participantes cantan en honor a los sabios. La menorá es decorada con representaciones de las 12 tribus de Israel, los nombres de los rabinos de Túnez, los nombres de los patriarcas y las matriarcas y es coronada con una estrella de David con una inscripción del nombre Divino. De acuerdo con Beit Hatfutsot, el Museo de la Diáspora en Tel Aviv, la menorá, decorada con velos, se asemeja a una novia y el desfile representa una ceremonia de casamiento, en alusión a la unión entre el pueblo judío y Dios. Los peregrinos también visitan la tumba de la mujer enterrada al lado de la sinagoga. Dicen que visitar su tumba es un buen augurio para ayudar a que las mujeres estériles tengan hijos.

La procesión de Lag BaOmer regresa a la sinagoga El Ghriba en Er-Riadh (Hara Sghira), Djerba 2007 Por Chesdovi - Own work, CC BY 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2136998

8. Pese a la relativa armonía comunitaria, no son completamente inmunes al antisemitismo. En el año 1985, un policía local responsable de cuidar la sinagoga disparó y mató a tres personas, entre ellas un niño. En el 2002, el camión de un terrorista suicida afiliado con Al Qaida explotó cerca de la sinagoga y mató a 21 personas, la mayoría de ellas turistas alemanes. En enero del 2018 arrojaron a la sinagoga una bomba incendiaria con la intención de quemarla., Afortunadamente sólo provocó daños menores.

9. La antigua comunidad enfrenta un futuro incierto. La comunidad que una vez contaba con 100.000 individuos, ahora quedó reducida a unas pocas familias y llegan apenas a mil personas. La mayoría de los judíos emigraron a Francia e Israel. El ataque terrorista del 2002, el incremento de los disturbios sociales y el extremismo religioso en la región hacen que los turistas duden en llegar, lo que afecta los ingresos de muchos de los habitantes locales que confían en que los turistas compren sus productos. De acuerdo con el periódico Haaretz, si bien algunos sopesan la idea de viajar en masa a Israel, tienen sentimientos mezclados respecto a abandonar una herencia tan rica. Ben Tzión Dee’ie, un habitante local, dice: “Todos piensan en irse. Pero uno no se siente bien de abandonar el lugar en el cual nuestros antepasados vivieron durante tantos años”.