Los kurdos son uno de los grupos étnicos más antiguos y numerosos del Medio Oriente. Durante cientos de años ellos habitaron en un área compuesta de partes de Turquía, Iraq, Siria y Armenia. A pesar de que los poderes occidentales les prometieron una nación independiente en 1920, nunca tuvieron su propio estado. A pesar de eso, las comunidades kurdas mantuvieron su cultura y su lenguaje en diversos países, a menudo enfrentando el odio y la violencia de otros grupos étnicos y de gobiernos centrales.

La región moderna de Kurdistán.

Durante gran parte de la historia kurda, los judíos fueron parte integral de la vida. A pesar de ser perseguidos en gran parte del Medio Oriente, en las tierras kurdas florecieron los pueblos y aldeas judías. Aquí hay diez hechos poco conocidos sobre los judíos kurdos del pasado y de hoy en día.

Un origen antiguo

Muchas comunidades judías en tierras kurdas afirman haber vivido allí durante más de 2.500 años, desde que los judíos del reino del norte de Israel fueron enviados allí al exilio. El Tanaj registra que en siglo VIII AEC, “Shalmaneser rey de Asiria se enfrentó” al rey judío Hoshea, invadió tierras judías y sitió ciudades y pueblos. Eventualmente, “el rey de Asiria capturó Samaria y exilió a Israel a Asiria. Él los asentó en Jalaj y en Jabor, junto al rio Gozán y en las ciudades de los medos” (Reyes II, 17:1-6) Los sitios mencionados se encuentran dentro de las regiones kurdas de Irán y Asia central.

Durante generaciones, los judíos en las áreas kurdas vivieron en relativo aislamiento. Muchos trabajaban como granjeros y sus comunidades insulares desarrollaron costumbres diferentes, como el hecho de casarse a una edad muy temprana y rezar en las tumbas de profetas judíos. Benjamín de Tudela, el viajero judío medieval, visitó áreas kurdas en 1770 EC y encontró más de cien comunidades judías en tierras kurdas. Unas de las más grandes era Amadiya, en lo que hoy es Iraq, en donde registró que la comunidad judía contaba con alrededor de 25.000 miembros. Aunque la mayor comunidad no judía de kurdos se encuentra hoy en Turquía, los judíos kurdos vivieron principalmente más al este, en lo que hoy es Iraq.

El lenguaje del Talmud

El Talmud de Babilonia fue escrito en arameo, un idioma que usa letras hebreas y está muy relacionado con el hebreo, pero cuenta con algunas diferencias claves. Durante generaciones, los judíos que vivieron en tierras kurdas mantuvieron el arameo como su lenguaje cotidiano. Ellos adoptaron algunas palabras del turco, persa, kurdo, árabe y hebreo, pero en general hablaban un arameo muy similar al de sus ancestros de la época talmúdica.

Los judíos kurdos le llamaron a su idioma “Lishna Iahudia”, que significa “el idioma judío”, o “Lashón HaTargum”, que significa “el idioma de la traducción”, presumiblemente refiriéndose a las traducciones de la Torá; o “Lashón Hagalut”, que significa “el idioma del exilio” (de la tierra de Israel). Los árabes locales le llamaban al idioma judío jabali, que significa “de las montañas”, en referencia a donde vivían algunos judíos en las tierras kurdas.

Una reina judía

En el siglo I EC, el reinado de Adiabene en Irán se convirtió en una parte leal de la comunidad judía cuando la esposa del monarca local, la reina Helena, se convirtió al judaísmo y alentó a sus súbditos a hacer lo mismo. Los judíos kurdos aún recuerdan como parte de su herencia singular el reinado de Adiabene en lo que hoy en día son tierras kurdas.

El extraordinario camino de la reina Helena quedó registrado en los escritos del historiador judío romano Josefo y en el Talmud (Guitin 60a). La reina Helena y su esposo, el rey Monobaz de Adiabene, se encontraban regularmente con mercaderes judíos que pasaban por sus tierras. La reina Helena se impresionó tanto con la vida judía que contrató a una maestra para instruirla sobre el judaísmo.

Una inmigrante de Kurdistán llega a Israel con su hijo, 1951 (Foto: Oficina de prensa del gobierno de Israel).

Cuando falleció el Rey Monobaz, subió al trono su hijo Izates. Al igual que su madre, la reina Helena, también Izates estaba interesado en el judaísmo y ambos aprendieron todo lo que pudieron, primero de un negociante judío llamado Janania y luego de un rabino llamado Rabí Eleazar de Galilea. Eventualmente, la familia real se convirtió al judaísmo y alentó a sus súbditos a que hicieron la mismo. Ellos enviaron muchos regalos a la Tierra de Israel, incluyendo hermosos candelabros y copas de oro para el Templo en Jerusalem y cargamentos de comida como ayuda de emergencia durante una hambruna. Cuando las fuerzas romanas lucharon contra los judíos, la reina Helena envío soldados para ayudar a sus hermanos judíos.

El reinado judío de Adiabene duró hasta el año 115 EC, cuando las fuerzas romanas aplastaron a sus líderes, pero los judíos kurdos continuaron considerando a sus descendientes como parte de su comunidad judía.

Una mujer sagrada

Uno de los grandes eruditos judíos de las tierras kurdas fue una mujer llamada Osnat Barazani, quien lideró una respetada ieshivá en el pueblo de Mosul, lo que hoy es Iraq, en el siglo XVII. El padre de Osnat, Rav Shmuel ben Netanel HaLevi de Kurdistán, construyó la escuela en Mosul para entrenar a una nueva generación de eruditos judíos, incluyendo a su hija. Quizás porque no tuvo hijos varones, Rav Shmuel dedicó mucho cuidado y atención a los estudios de su hija.

En una carta, Osnat describió la intensa educación de su infancia: “Nunca dejé la entrada de mi casa o salí, yo era como una princesa de Israel… crecí en el regazo de eruditos, conectada a mi padre de bendita memoria”.

Osnat se casó con un compañero estudiante, Rav Iaakov Mizrahi, y su contrato matrimonial tuvo una cláusula poco usual: No se debía esperar que Osnat realizará ningún trabajo en el hogar para que ella pudiera dedicarse completamente a estudiar Torá.

Después del fallecimiento de su esposo, Osnat continuó dirigiendo la ieshivá de la familia, la cual en ese momento estaba plagada de problemas financieros. Osnat escribió la famosa plegaria Gaagua LeZion, o “Anhelo por Zion”, la que les permitió a muchos judíos poner sus más profundas esperanzas y deseos en palabras de plegaria.

Refugiados judíos en tierras kurdas

En el siglo XII EC, algunos judíos huyeron de los violentos cruzados en Siria y en la Tierra de Israel, y encontraron refugio entre las comunidades judías de Kurdistán. A mediados del siglo XIII EC, los judíos de Iraq huyeron de los principales centros judíos como Bagdad, porque Mongol capturó esas áreas. Muchos se fueron al norte y al oeste hacia áreas kurdas, y se unieron allí a las vibrantes comunidades judías locales.

A medida llegaban en masa grupos de judíos desde Israel a las áreas kurdas, surgió David Alroy, una infame figura judía kurda. En el siglo XII en la ciudad de Amadiya, él levantó un ejército y se preparó para marchar a Jerusalem y liberar la ciudad de los cruzados. David Alroy fue asesinado antes de que sus guerreros judíos pudieran salir a cumplir esta misión.

Los relatos varían. El explorador judío Benjamín de Tudela escribió que fue asesinado por el sultán local después de alentar a los judíos a levantarse en contra de sus gobernantes. Otros afirman que Alroy fue asesinado por su suegro mientras dormía. Después de su muerte, algunos judíos veneraron falsamente a Alroy como el Meshíaj, a pesar de que su grandioso plan de ir en ayuda de los judíos de Jerusalem había fallado por completo.

El Profeta Najum

Los judíos kurdos veneran particularmente al profeta judío Najum, quien escribió sobre el fin del Imperio asirio y su ciudad capital, Ninvé. Cada año, durante la fiesta de Shavuot, los judíos viajaban a la tumba de Najum, actualmente en Iraq, y organizaban allí elaboradas celebraciones.

La tumba de Najum

Los judíos locales dicen que en el año 1796 tuvo lugar una gran renovación de la tumba, pagada por judíos adinerados de Iraq e India. La tumba pertenecía y era operada por la comunidad judía local y era un lujoso centro de reunión. Un visitante durante la Primera Guerra Mundial describió su esplendor: los pisos estaban cubiertos con hermosas alfombras persas y cientos de notas con rezos en hebreo cubrían las paredes. El edificio también contenía habitaciones de alojamiento en donde los visitantes podían quedarse y rezar.

Después de que los judíos kurdos huyeran de sus hogares hacia Israel en 1950, la tumba de Najum fue cuidada por una familia cristiana caldea local. Ellos no pudieron seguir manteniéndola y hoy en día la mayor parte del edificio está en en ruinas. La tumba se encuentra en una aldea cristiana local, a unos 48 kilómetros al norte de la ciudad iraquí de Mosul, en la cual recientemente hubo muchas batallas sangrientas entre ISIS y los kurdos locales. Las fuerzas Peshmerga kurdas protegieron la tumba de Najum a lo largo de las batallas, evitando que ISIS la destruyera por completo.

Judíos kurdos en Rawanduz, al norte de Iraq, 1905

El anhelo por Israel

Los judíos de tierras kurdas eran intensamente sionistas. A lo largo de generaciones añoraron regresar a la Tierra de Israel de donde llegaron originalmente sus ancestros. Los judíos en las áreas kurdas tenían contacto con viajeros y rabinos de la Tierra de Israel, estudiaban Torá y escuchaban noticias de ellos. En el siglo XVI, los judíos kurdos comenzaron a mudarse a la tierra de Israel, asentándose en la ciudad de Tzefad. Miles más se mudaron a Israel durante las décadas de 1920 y 1930.

Regresar a casa en Israel

A pesar de su vitalidad, la vida era difícil para los judíos en tierras kurdas. Las revueltas tribales representaban un peligro para diversos grupos, incluyendo a los judíos y el duro paisaje del área hacía difícil cultivar la tierra y prosperar. Después de 1948, cuando se estableció el Estado de Israel, la vida se volvió todavía más difícil para los judíos kurdos, en especial para la mayoría que vivía en lo que es actualmente Iraq. El gobierno iraquí emitió una serie de duros decretos en contra de los judíos de Iraq, confiscó sus posesiones y les quitó la nacionalidad a muchos judíos.

Rav Moshe Gabbai, líder de los judíos de Zacho, Iraq, quien inmigró a Israel en 1951. En la foto le pide al entonces presidente de Israel, Itzjak ben Zvi, que ayude a su comunidad.

La nueva nación de Israel fue al rescate de los judíos de Iraq, incluso de los aproximadamente 25.000 que vivían entonces en áreas kurdas. Entre 1949 y 1952, una serie de transportes aéreos llamados “Operación Ezra y Nejemía”, en honor a los antiguos líderes que ayudaron a restaurar la vida judía en Israel, llevaron a más de 120.000 judíos iraquíes a Israel. Muchos judíos de las tierras kurdas se asentaron en Jerusalem, a menudo los ayudaron a huir del país amigables vecinos kurdos. Virtualmente todos los otros judíos de las áreas kurdas siguieron a sus hermanos al estado judío. Se estima que sólo un puñado de judíos siguen viviendo hoy en día en tierras kurdas.

Refugiados judíos kurdos en Teherán, Irán, en 1950. Colección Magnes de arte y vida judía, UC Berkeley.

El padre del escritor Ariel Sabar nació en el norte kurdo de Iraq. Él escribió sobre sí mismo y su familia en “My Father’s Paradise: A Son’s Search for His Jewish Past in Kurdish Iraq” (El paraíso de mi padre: la búsqueda de un hijo de su pasado judío en la Iraq kurda). Sabar escribió en 1951: “En el momento en que sus pies tocaron el suelo del aeropuerto de Lod en Israel, cerca de Tel Aviv, mi tatarabuelo Efraím comenzó a llorar. Se arrodilló, se inclinó hacia adelante y besó la pista”.

Cuando los judíos kurdos bajaban del avión, se sentían fascinados de encontrarse finalmente en la Tierra de Israel. Sabar escribió:

“Los kurdos bajaban de los aviones que los transportaron, con sus cobertores de cabeza jidimani tejidos a mano, se veían tan deslumbrados y desorientados como si una máquina del tiempo los acabase de depositar en un futuro distante. Los padres descendían los escalones hacia la pista iluminada con sus miradas cansadas y los brazos llenos de niños. Los cuerpos cansados rechinaban, llevaban teteras colgadas de sus cinturones y amuletos para alejar demonios colgados de sus cuellos y muñecas. Muy pocos habían visto alguna vez antes un avión, mucho menos habían viajado en uno”.

Sucot y Saharane

Durante generaciones, los judíos en tierras kurdas celebraron durante Pésaj su propia festividad, llamada Saharane. Ella reflejaba la festividad de los kurdos no judíos llamada Newroz y presentaba competencias de canto y picnics al aire libre.

La celebración de un festival Saharane

Cuando los judíos de tierras kurdas se mudaron a Israel, a algunos les preocupó que el Saharane se confundiera con otra festividad que tiene lugar cerca de Pésaj, la Mimouna (La Mimouna tiene su origen en los judíos de Marruecos y se hizo popular en Israel. Se celebra el día después de que concluye Pesaj. Amigos y vecinos se reúnen para comidas amigables y celebraciones abiertas). Por eso en la década de 1970, los judíos kurdos comenzaron a celebrar Saharane durante el festival judío de otoño, Sucot.

Hoy en día, uno de los festivales Saharane más grandes tiene lugar cada año en Jerusalem, y atrae a más de 10.000 participantes con comida judía kurda, música y cuentacuentos. En los últimos años, inclusos los kurdos no judíos viajaron al vibrante festival Saharane de Jerusalem desde Iraq, Europa y otros lugares. En el 2013, una kurda siria que ahora vive en los Países Bajos visitó el festival Saharane de Jerusalem y le explicó a un periodista israelí que a pesar de no ser judía, escuchar la música kurda y ver personas luciendo el atuendo tradicional kurdo la hacía sentir en casa: “Sentimos que somos parte de Israel”, explicó ella sobre sus compañeros kurdos en el festival, quienes recibieron una cálida bienvenida cuando visitaron el estado judío.

La vida en Israel

Muchos judíos kurdos que llegaron a Israel en los años 50 se dedicaron a la construcción y mampostería. Algunos pueblos israelíes como Mevaseret Zion y algunos barrios de Jerusalem albergaban vibrantes comunidades kurdas. Hoy en día, más de 150.000 israelíes tienen orígenes kurdos. Las hermosas canciones, comidas, tradiciones y rezos de los judíos de las tierras kurdas siguen floreciendo hoy en Israel.


Fotografía al inicio: judíos refugiados de la Irán kurda, 1950 © The Magnes Collection of Jewish Art and Life.