El 29 de marzo de 1516, el gobierno de la ciudad estado de Venecia emitió un nuevo decreto: desde ese momento todos los judíos estarían confinados a una pequeña y contaminada isla de la ciudad. La isla maloliente había sido en el pasado el sitio de las fundiciones de Venecia, o los “guetos”. La isla era conocida como el Gueto, y nos dio el significado de esta palabra.

Casi mil judíos se mudaron a la isla. En la entrada erigieron portones de hierro y obligaron a los judíos a pagar a los guardias para asegurar que ningún judío se escapara. A los judíos sólo les permitían salir durante determinadas horas del día. A la noche levantaban los puentes levadizos que conectaban al gueto. Los hogares judíos no tenían permitido tener ventanas hacia el exterior. La única fuente de luz para los edificios del gueto podían ser aperturas hacia el interior de la isla.

A pesar de estas leyes increíblemente duras, la vida judía floreció. En el curso de un siglo llegaron a vivir en el Gueto alrededor de 5.000 judíos. Incapaces de expandirse más allá de las tres hectáreas que componían el gueto (y posteriormente a una pequeñísima isla cercana), los judíos comenzaron a construir altos edificios de madera. Muchos siglos antes de la invención de los rascacielos, los judíos de Venecia construyeron estructuras de hasta seis pisos para alojar a los miles de residentes en el superpoblado barrio judío. Como tenían prohibido construir sinagogas, muchos de esos elevados edificios contenían sinagogas ocultas en sus últimos pisos. Indetectables desde el exterior, muchas de esas sinagogas se encuentran entre las más bellas casas de rezos de toda Venecia, contando con ornamentados mosaicos y trabajos en madera, bellas pinturas y exquisitas decoraciones de oro y plata.

La sinagoga alemana en el Gueto de Venecia

Los judíos sólo podían salir del gueto si vestían un gorro cónico amarillo u otro atuendo extravagante con el propósito de ridiculizarlos. Tenían prohibido ejercer la mayoría de las profesiones y prácticamente sólo les permitían dedicarse a trabajos financieros mal vistos tales como préstamos y casas de empeño.

A pesar de todo esto, el Gueto se volvió uno de los lugares más populares de Venecia. Los negocios y la vida nocturna del gueto eran populares entre los residentes cristianos de Venecia. Los venecianos que entraban al gueto se deslumbraban ante la intensa actividad, el gran número de personas y la belleza y el estilo de los habitantes del gueto, de sus edificios y de sus comercios. Había guías especiales llamados senseri, que dirigían a los visitantes a los comercios que ellos deseaban patrocinar. La mayoría de estos senseri eran cristianos que ayudaban a sus correligionarios a conocer la belleza y los productos del barrio judío de su ciudad.

El historiador Garry Willis explica que en la Venecia del Renacimiento “las personas que buscaban lo exótico iban al Gueto tal como las personas de moda de la década del 30 iban a los clubes nocturnos de Harlem”. Los primeros aristócratas ingleses que visitaron Italia como parte del “gran tour” que realizaba cada joven inglés adinerado por Europa, consideraban que explorar el Gueto era un elemento vital de cualquier visita a Italia. Thomas Coryate visitó Venecia en 1611 y se dirigió directamente al Gueto judío, donde se maravilló al ver una población de más de 6.000 personas en la pequeña isla.

El Gueto de Venecia no sólo era rico en cultura y estilo. Muy pronto también se convirtió en un gran centro de estudio y piedad judía. Los judíos de Venecia eran escrupulosos en su observancia de las festividades judías. Cada primavera, cuando llegaba Purim, los judíos de Venecia tenían algunas tradiciones singulares.

El Gueto en la actualidad. (Philip Greenspun)

El día antes de Purim es el ayuno de Ester, que conmemora el ayuno que Ester y el pueblo judío hicieron durante tres días antes de que ella fuera a hablar con el rey para rogarle misericordia hacia los judíos de su reino. En Venecia, las mujeres judías ayunan durante tres días tal como la Reina Ester. Quienes no pueden pasar tres días completos sin comer ni beber, sólo comen y beben en pequeñas cantidades para poder pasar el ayuno.

Una xilografía que revela la vibrante cultura de la comunidad judía de Venecia en un momento en que los judíos no podían practicar abiertamente su religión.

Cuando llegaba Purim, toda la comunidad judía de Venecia efectuaba un lujoso desfile y recepción. Un bufón montaba sobre un caballo o un burro en recuerdo del episodio en el Libro de Ester en el cual Mordejai cabalgó en una gran procesión sobre el caballo del rey, guiado por Hamán. Uno de los momentos más destacados del día era una gran obra de teatro de Purim que atraía no sólo a cantidades de espectadores judíos, sino que era un gran evento cultural para los ciudadanos no judíos de Venecia e incluso para no judíos de lugares distantes. Sorprendentemente, los judíos de Venecia que fueron vilipendiados y menospreciados por sus vecinos cristianos, eran una importante fuente de entretenimiento y cultura.

No quedaron copias de las obras de Purim de Venecia, pero sobrevivió una obra de la ciudad vecina de Mantua, que también contaba con un barrio judío, y ella nos permite sentir el sabor de lo que eran esos Purim Shpiels (obras de Purim). La obra de Mantua se llamaba Tsahot bedihuta DeKidushin y fue escrita en hebreo. La trama se basa en una historia talmúdica (Guitín 8b) en la que participan un amo y un esclavo. La escribió el dramaturgo judío Leone de Sommi (1525-1592) e incluye comedia, bufonadas, casos de identidad equivocada, disfraces y canciones.

Giulio Morosini era un no judío que deseaba convertir a los judíos de Venecia al cristianismo y visitaba con frecuencia el Gueto. Aunque al parecer nunca tuvo éxito en convencer a los judíos para que abandonaran su religión, sus descripciones del gueto proveen una imagen clara de lo que debe haber sido Purim en el siglo XVII.

En una época en la que las mujeres tenían pocos derechos en la sociedad cristiana, Morosini se sorprendió ante los roles igualitarios que las mujeres tenían en la celebración de Purim:

Veamos ahora otra celebración de Purim, que tenía lugar fuera de la sinagoga con alegría y festejos. Los jóvenes jugaban tauromaquia, con bueyes y otros animales, y por la noche mujeres solteras y casadas se colocaban máscaras e iban a visitar a sus amigas y parientes, con quienes comían y bailaban.

Las máscaras de Purim de los judíos eran similares a las famosas máscaras venecianas que los residentes de la ciudad usaban en los bailes y en el carnaval cristiano, aunque aparentemente las precedieron. Los historiadores no están seguros exactamente de dónde surgió la costumbre veneciana de usar máscaras, pero una fuente posible es la vibrante comunidad judía que usaba máscaras para Purim por lo menos desde el siglo XV.

(Andrea Castelli/Flickr)

En el año 1797, la guerra y las enfermedades habían reducido a la población judía del gueto a unos 3.000 habitantes. Ese año Napoleón capturó Venecia y otorgó igualdad de derechos políticos a todo el mundo. Sus soldados derribaron los muros del gueto. En los años siguientes muchos judíos salieron del Gueto y prosperaron en otras áreas de la ciudad y en el exterior. La tradición de más de 200 años de realizar grandes celebraciones de Purim para judíos y no judíos llegó a su fin.

Los judíos continúan realizando bellas presentaciones de Purim en Italia y en otros lugares del mundo. Pero ya no existe el espectáculo singular de la jaula dorada que era el Gueto de Venecia, una prisión virtual para los judíos a la que acudían en masa los no judíos.