Uno de los secretos más guardados sobre la Isla Esmeralda es la vibrante cultura judía que floreció en Irlanda durante cientos de años. Aquí hay seis hechos poco conocidos sobre la Irlanda judía.

1. Visitantes medievales

Los primeros visitantes judíos en Irlanda fueron mercaderes medievales. “Cinco judíos llegaron del otro lado del mar con regalos para Tairdelbaj (el rey de Munster), y luego regresaron a través del mar”, registran “Los anales de Innisfallen”, una crónica de la historia irlandesa que comenzaron a escribir en el siglo XII los monjes de la abadía de Innisfallen. Los historiadores especulan que los visitantes judíos probablemente llegaron del área francesa de Normandía, que en ese momento contaba con una floreciente comunidad judía.

El Calendario de Documentos Relativos a Irlanda del Siglo XII registra a un médico judío llamado Iosef que vivía cerca de Dublín en 1171 y para 1232 parece que ya había en Irlanda una comunidad judía bien establecida. El rey Enrique III emitió ese año un decreto nombrando a Peter de Rivall en el nuevo puesto de Tesorero y Canciller de Hacienda Irlandesa, los puertos y la costa del rey y también “la custodia del judaísmo del rey en Irlanda”.

Esta comunidad medieval duró poco. Cuando los judíos fueron expulsados de Inglaterra en 1240, probablemente también los obligaron a partir de Irlanda. Dos siglos más tarde, la comunidad judía de Irlanda se reestableció cuando los judíos españoles y portugueses que huían de las órdenes de expulsión en esos países llegaron a Irlanda. Estos primeros judíos sefaradíes se establecieron en la escenográfica costa sur de Irlanda y rápidamente se integraron a la sociedad irlandesa. Un judío sefaradí, William Annyas, fue elegido alcalde de Youghal en Country Cork, en 1555.

2. La ayuda judía y la hambruna irlandesa

La gran hambruna de la patata, el catastrófico fracaso de las cosechas en Irlanda durante seis años, entre 1845 y 1851, causó la muerte de más de un millón de personas. En medio del terrible sufrimiento, parte de la mayor ayuda llegó de judíos de todos los rincones del mundo.

El político británico judío Barón Lionel de Rothschild fue uno de los primeros en ofrecer ayuda, al establecer la Asociación de Ayuda Británica para juntar y distribuir fondos. Un periódico de Dublín en 1850 señaló que Rothschild y su familia habían “contribuido durante la hambruna de Irlanda de 1847… una suma mucho mayor que las contribuciones conjuntas de (las grandes familias británicas) Devonshires, Herefords, Lansdownes, Fitzwilliams y Herberts, quienes anualmente sacaban muchas veces esa suma de sus terrenos en Irlanda”.

También los rabinos en Nueva York acudieron en ayuda de Irlanda, recolectando fondos para alimentos de emergencia. El reconocimiento oficial de la parte que tuvieron los judíos de Nueva York en el desastre nacional irlandés, finalmente tuvo lugar en el año 2010, cuando quien era en ese entonces presidente de Irlanda, Mary McAleese visitó la Sinagoga Shearit Israel en el Lower East Side de Nueva York, y agradeció formalmente a la congregación por su generosidad 153 años antes.

3. Un shtetl irlandés

La comunidad judía de Irlanda comenzó a crecer a finales del siglo XIX. En 1871 había registrados en Irlanda 258 residentes judíos; en 1881 esa cifra casi se había duplicado. Cuando los pogromos rusos atacaron a los judíos a finales del 1800, comenzaron a llegar a Irlanda inmigrantes judíos de Europa Oriental, en particular de Lituania. Se estima que en 1901 había 3.771 judíos en Irlanda y en 1904 había aproximadamente 4.800. La mayoría de estos inmigrantes vivían en Dublín, dando lugar a los primeros barrios con diversidad étnica de Irlanda.

Quizás el judío irlandés más famoso pertenece a la ficción: Leopold Bloom, el protagonista de la novela “Ulises” de James Joyce, y el hijo de un inmigrante judío ficticio que llegó a Dublín. Bloom se basó en la vida real de un amigo y alumno judío de Joyce, Arón Ettore Schmitz. Cada año, el 16 de junio, el día en que tuvieron lugar las aventuras de Leopold Bloom, en Dublín se celebra “Bloomsday”. Allí todavía existe el barrio “pequeño Jerusalem” donde Bloom hubiera vivido de haber existido, un testimonio de la floreciente comunidad inmigrante que una vez habitó allí.

4. La independencia irlandesa y el “Sinn Féin Rav”

Los judíos tienen una larga historia de ayudar a los movimientos que promovieron la independencia irlandesa, El rey de Inglaterra Enrique II terminó que la propuesta de una expedición para explorar la isla Esmeralda en el siglo XII pudiera llevar al establecimiento de un reinado independiente y prohibió la expedición. El noble británico Richard Strongbow fue de todas maneras, financiado por “Josce”, “un judío de Gloucester”. (En castigo, Strongbow perdió sus propiedades y su patrocinador judío debió pagar una multa de 100 shillings, una suma enorme en ese momento).

En los tiempos modernos, Robert Briscoe, hijo de refugiados judíos de Lituania, quien sirvió como alcalde de Dublin dos veces en 1956-7 y 1961-2, comenzó su carrera política como miembro de la IRA, contrabandeando armas a quienes lucharon en la Guerra de Independencia de Irlanda. (Durante la Segunda Guerra Mundial fue conocido como un apasionado sionista que brindó apoyo a las fuerzas militares clandestinas de Israel). Otros judíos que ayudaron a la causa republicana fueron Michael Noyk, un abogado que defendió a los sospechosos de IRA, y Estella Solomon, cuyo estudio de arte en Dublín era un centro de actividad de IRA.

Quizás ninguna figura judía estuvo más asociada al nacionalismo irlandés que Rav Itzjak Herzog, Gran Rabino de Irlanda y posteriormente Primer Gran Rabino del Estado Judío. Rav Herzog nació en Polonia y en su juventud llegó a Irlanda para asumir un cargo rabínico. En Dublín, conoció al nacionalista irlandés y fundador de Sinn Féin (y posteriormente presidente y primer ministro de Irlanda), Éamon de Valera. De Valera acudió a Rav Herzog para pedir consejo y alentó a Rav Herzog para que estudiara gaélico. Rav Herzog logró hablar con fluidez la lengua histórica de Irlanda y se ganó el apodo de “El Rav Sinn Féin”. Los rebeldes nacionalistas de Irlanda lo nombraron Gran Rabino de Irlanda en 1919, incluso antes de lograr la independencia de Gran Bretaña.

5. Crecimiento del antisemitismo

A lo largo de los años, los judíos de Irlanda debieron enfrentar el antisemitismo. A comienzos del siglo XX, los boicots y amenazas antijudíos fueron conocidos como el Pogromo Limerick, y durante la Segunda Guerra Mundial, Irlanda mantuvo estricta neutralidad, negándose a aceptar a todos los refugiados judíos.

Una encuesta del 2011 reveló que el 22,2% de los habitantes de Irlanda negarían la ciudadanía irlandesa a los israelíes, y el 11,5% negarían la ciudadanía a todos los judíos.

Sin embargo, en los últimos años el antisemitismo se confundió con antisionismo, causando una atmósfera sumamente venenosa para los judíos de Irlanda. La embajada de Israel en Dublín afirmó a un periódico israelí que ningún grupo teatral, compañía de danzas, músico o cinematógrafo israelí ha sido invitado a Irlanda de forma oficial en más de una década.

Asimismo, abundan los boicots independientes: el pueblo de Kinvara en County Galway anunció en el 2014 que sus residentes habían decidido no vender ni utilizar ningún producto israelí, y lo mismo han hecho negocios independientes por toda Irlanda.

Una encuesta del 2011 reveló que el 22,2% de los habitantes de Irlanda negarían la ciudadanía irlandesa a los israelíes, y el 11,5% negarían la ciudadanía a todos los judíos. “Existe un peligro real de que la imagen pública de ‘Israel’ pueda llevar a un incremento del antisemitismo”, afirmó el padre Micheál MacGréil, un sacerdote católico, el autor del estudio.

6. Una población judía en crecimiento

Pese al incremento del sentimiento antisraelí y antijudío en Irlanda, últimamente la cantidad de judíos se ha incrementado. Tras haber declinado a 1.200 residentes judíos en el año 2000 (después de haber llegado a 4.500 treinta años antes), la comunidad lentamente comenzó a crecer y a atraer a nuevos y dinámicos miembros.

El boom de alta tecnología en Irlanda en el siglo XXI convirtió al país en un destino más atractivo para los judíos con elevados niveles educativos. Hoy, el 30% de la comunidad judía de Irlanda está conformada por recién llegados, principalmente de Francia, Inglaterra y los Estados Unidos. En el 2013 la comunidad judía de Dublín estaba constituida por 1986 personas. “Ellos vinieron por razones económicas. Son jóvenes, sumamente capacitados y entrenados, gente que trabaja en alta tecnología y para compañías tales como Facebook, Google y PayPal”, explica Maurice Cohen, Director del Consejo de Representantes Judíos de Irlanda.