En las últimas semanas, Bielorrusia apareció mucho en las noticias debido a las enormes manifestaciones pidiendo que el presidente Alexander Lukashenko, el gobernante que lleva más tiempo en el poder en Europa, dimita en vez de cumplir un sexto mandato. Bielorrusia o Belarús, un país del oriente europeo, tiene una larga y fascinante historia judía. El ídish incluso es un idioma oficial.

Aquí hay siete hechos poco conocidos sobre Bielorrusia y la vida judía en el país.

La conversión al cristianismo y la bienvenida a los judíos

En la Edad Media, las tierras que hoy componen Bielorrusia estaban gobernadas por reyes y príncipes de las vecinas Lituania y Polonia. Uno de los primeros gobernantes que dio la bienvenida a los judíos en esa región fue Jogaila, un duque de Lituania y posteriormente rey de Polonia. Jogaila nació siendo pagano, como muchas personas de la región en esa época, y luchó contra los soldados cristianos radicales de las tierras alemanas que consideraban que luchar contra quienes no eran cristianos era un deber sagrado.

Supuestamente una imagen de Jogaila, pintada entre 1475-1480, Cracovia, Polonia

Con el objetivo de aliarse con los nobles cristianos locales, Jogaila se convirtió al cristianismo en 1386 en el pueblo de Kreva, que hoy es la región de Grodno de Bielorrusia. Arregló casarse con una princesa polaca de once años llamada Jadwiga (Eduviges)y de esta forma obtener el apoyo militar polaco. Jadwiga se alarmó tanto ante el prospecto de casarse con un ex pagano, que envió un mensajero para espiar a Jogaila y asegurarse que no fuera un demonio. Después de la boda, Jogaila fue conocido como el Rey Vladislao II Jagellón. Él y la reina Jadwiga reinaron conjuntamente, y decidieron adoptar una idea polaca radical: recibir en sus territorios a los judíos, tal como los nobles polacos habían hecho años antes.

Junto con un príncipe llamado Vytautas, estos gobernantes de ideas adelantadas dieron formalmente la bienvenida a los judíos al Commonwealth polaco-lituano que hoy conforma Bielorrusia. Los judíos se establecieron en los pueblos de Brest y Grodno en el siglo XIV, y muy pronto sus comunidades florecieron.

Rey por un día

En el siglo XVI, la comunidad judía del pueblo de Brest era dirigida por un líder ampliamente admirado, llamado Shaúl Wahl. Abundan las historias sobre la piedad de Shaúl, quien era un erudito religioso y también un líder político. Él fue una figura legendaria y hay muchas historias sobre su grandeza, entre ellas la historia de cómo fue rey de Polonia por un día.

Cuentan que el noble polaco-lituano, el príncipe Nicolás Radziwill (1515-1565) de joven era un gran sinvergüenza. Cuando maduró un poco, decidió viajar a Roma a consultar con el Papa cuál era la mejor forma de arrepentirse de sus actos. El Papa le dijo al príncipe Radziwill que despidiera a todos sus sirvientes y pasara un tiempo vagando solo como un mendigo.

El príncipe Radziwill recorrió Italia como un mendigo y llegó hasta la ciudad de Padua, que contaba con una vibrante comunidad judía. Allí nadie lo ayudó y el príncipe Radziwill, que seguía viviendo como un mendigo, sufrió terriblemente. Incluso cuando le decía a la gente que era un príncipe disfrazado, todos lo ridiculizaban y se negaban a creer su historia.

Desesperado, el príncipe Radziwill apeló al líder de la comunidad judía de Padua, Rav Shmuel Iehudá Katzenellenbogen. En vez de rechazarlo, el rabino lo trató con amabilidad, lo acogió y convirtió al príncipe en su huésped de honor. Rav Katzenellenbogen le dio al príncipe fondos para regresar a las tierras de Bielorrusia y sólo le hizo un pedido: Shaúl, el hijo del rabino, había viajado a Bielorrusia años antes para estudiar en una famosa ieshivá. El Rav le dio al príncipe Radziwill un retrato de Shaúl y le pidió si podía encontrar al joven y darle saludos de su padre.

El príncipe Radziwill cumplió su palabra. Al regresar a Bielorrusia visitó diversas escuelas judías en varios pueblos buscando a Shaúl. Finalmente lo encontró en el pueblo de Brest y se asombró de la inteligencia del joven. El príncipe Radziwill invitó a Shaúl a vivir con él en su castillo, y allí Shaúl continuó estudiando los textos judíos. Rápidamente la fama de Shaúl se dispersó por la región. Shaúl se convirtió en un importante líder espiritual e incluso participó en la Vaad, el concilio judío que gobernaba las comunidades judías de la región.

Cuando en 1586 murió el rey Stephen Bathori, quien gobernaba el área que actualmente es Bielorrusia, dos facciones políticas se enfrentaron respecto a quién sería nombrado su sucesor. Al no lograr llegar a un acuerdo respecto a quién sería el nuevo rey, se dirigieron al príncipe Radziwill. Él los rechazó y les dijo que si querían que los guiara un hombre verdaderamente sabio, debían consultar con Shaúl, el judío. Este fue un movimiento audaz: en la sociedad cristiana los judíos eran vilipendiados y normalmente nunca podían tener poder sobre los no judíos. En la zona eran habituales los líbelos de sangre. Sin embargo, los nobles siguieron la sugerencia del príncipe y coronaron a Shaúl como príncipe dándole el apellido Wahl (que significa "elección").

El rey Shaúl Whal reinó por lo menos durante un día, y algunos historiadores consideran que reinó varios días. Durante su breve reinado, él firmó personalmente varias leyes para mejorar el trato de los judíos en las tierras de Polonia y Lituania que hoy componen Bielorrusia.

La primera ieshivá "moderna"

Las ieshivot (escuelas judías) existieron durante milenios. Hay ieshivot famosas que florecieron en Israel, Babilonia, en el Medio Oriente y en Europa. En Bielorrusia, los pueblos de Brest (conocido en ídish como Brisk), Grodno y Minsk, entre otros, contaban con ieshivot de renombre.

La ieshivá de Volozhin

Estas tendían a ser escuelas pequeñas, con un número limitado de alumnos que estudiaban con un número pequeño de maestros. En 1803, en el pueblo de Volozhin de Bielorrusia, un gran pensador judío, Rav Jaim, estableció una ieshivá completamente diferente: un gran centro de estudio judío que atraería a los estudiantes más brillantes de cientos de kilómetros a la redonda. Rav Jaim, quien es conocido como Rav Jaim de Volozhin, tuvo éxito, y su ieshivá se convirtió en un sinónimo del más elevado nivel de erudición judía en el mundo.

Rav Jaim fue uno de los principales discípulos de Rav Eliahu de Vilna, en Lituania, quien era conocido simplemente como el "Gaón de Vilna" (el Genio de Vilna). Juntos revolucionaron la forma en que se estudia el Talmud y enfatizaron el desarrollo y el carácter moral. En 1802, Rav Jaim escribió una carta pública convocando a los judíos de la región a apoyar a su nueva ieshivá. Él nombró un equipo encargado de recaudar fondos que viajó por todo el mundo judío recaudando dinero para apoyar a su escuela e invitó a los estudiantes a ser evaluados para obtener un lugar en la nueva ieshivá. Dentro de la ieshivá de Volozhin estudiaban por turnos; siempre había alumnos en el Beit HaMidrash, la sala de estudio, durante las 24 horas del día. El estudio judío nunca cesaba.

En 1892, las autoridades locales cerraron la ieshivá de Volozhin por temor a que tuvieran opiniones revolucionarias. La ieshivá volvió a abrir sus puertas más tarde, pero nunca recuperó su prominencia. Sin embargo, el legado de la ieshivá de Volozhin sigue vivo en innumerables escuelas judías que continúan operando y enseñando de acuerdo con los elevados estándares intelectuales y los principios de desarrollo moral que defendió Rav Jaim de Volozhin.

Rabinos jasídicos

Muchos de los líderes más importantes del movimiento jasídico (un movimiento espiritual judío que comenzó en el siglo XVIII), vivieron en la zona de lo que hoy es Bielorrusia. "Jasid" es un término que el Talmud utiliza para referirse a una persona piadosa que va más allá de la letra de la ley, siendo un ejemplo de lo que es ser una buena persona y un buen judío. Los jasidim (el plural de jasid) aspiran a vivir una vida completamente observante impregnada de alegría.

La Gran Sinagoga en Grodno, Bielorrusia

Uno de los primeros líderes jasídicos o Rebes, fue Rav Aharón ben Iaakov (1736-1772), conocido por sus jasidim como Aharón HaGadol (Aharón el grandioso). Él fue discípulo de Dov Ber, el Maguid de Mezritch, uno de los fundadores del movimiento jasídico. Aharón llevó el pensamiento jasídico a Bielorrusia y a la vecina Lituania, y fundó una sinagoga en Karlín, un pueblo en las afueras de Pinsk, en Bielorrusia.

Evadir a los nazis

En la víspera del Holocausto, la porción occidental de Bielorrusia formaba parte de Polonia (había sido cedida a Polonia en 1921 con el Tratado de Riga). Cuando los nazis invadieron Polonia en 1939, permitieron que la Unión Soviética anexara el área, lo que les dio a las decenas de miles de judíos que vivían en la región occidental de Bielorrusia un breve respiro ante la máquina asesina nazi. Todo cambió en junio de 1941, cuando Alemania quebró su pacto de no agresión con la Unión Soviética e invadió territorio soviético. En el occidente de Bielorrusia eso implico el asesinato de casi todos los judíos que vivían en la zona.

Bielorrusia es un país con frondosos bosques, y eso permitió que algunos judíos se escondieran en los bosques y lucharan contra las fuerzas nazis formando parte de la resistencia de Bielorrusia, compuesta de diversos grupos partisanos. Uno de ellos era un grupo de judíos que escaparon de los soldados nazis y huyeron a los bosques donde Moshé Gildenman y su hijo Simja organizaron una potente fuerza de resistencia.

En 1942, Moshé y Simja junto con sus parientes y otros miles de judíos, fueron confinados a un gueto en el pueblo ucraniano de Korets, cerca de la frontera de Bielorrusia. Tras observar el asesinato de dos mil residentes del gueto, Moshé, Simja y otros catorce judíos lograron escaparse, armados sólo con dos revólveres y un cuchillo. Ellos se fueron a los bosques de Bielorrusia, donde recibieron a otros judíos que lograron escapar de las matanzas nazis y sabotearon puestos nazis.

Un grupo mayor de partisanos judíos fue dirigido por la familia Bielski. Tras ser encerrados en el gueto judío de la ciudad de Nowogrodek, cuatro hermanos de la familia —Tuvia (1906-1987), Asael (1908-1945), Zus (1910-1995) y Aharón (1927)— lograron escapar del gueto y establecieron un campamento en los bosques de Zabiedovo y Perelaz. Su campamento ofrecía un refugio seguro, y muy pronto se unieron a ellos unos treinta judíos, principalmente amigos y parientes que se estaban escondiendo en los densos bosques de Bielorrusia. Tuvia, quien había servido en el ejercito polaco y era un ardiente sionista, tomó el control del improvisado campamento.

Cuando llegaban cada vez más noticias sobre las masacres que los nazis estaban cometiendo con los judíos, los hermanos Bielski supieron que tenían que hacer algo más para ayudar a sus hermanos judíos. Ellos alentaron a los judíos a escaparse de los guetos en los que los nazis los obligaban a vivir, enviaron espías a los guetos para ayudar a los judíos a escapar y colocaron guías en el bosque para identificar a cualquier judío que tratara de escapar y lo guiara al campamento de los Bielski. En 1942, cuando supieron que los nazis estaban por liquidar el gueto judío de Iwie, enviaron al gueto partisanos y lograron sacar a cientos de judíos. A finales de 1942 había más de 300 judíos viviendo en el campamento secreto de los Bielski en el bosque.

Los hermanos Bielski

Los nazis oyeron sobre el misterioso campamento judío que se ocultaba en el bosque y en agosto de 1943 decidieron atrapar a los Bielski y a los judíos que se ocultaban con ellos. Para la tarea enviaron a más de 20.000 soldados nazis. Ofrecieron una recompensa de 100.000 marcos reales a cualquiera que pudiera capturar a Tuvia Bielski. En ese momento, el campamento contaba con más de 700 judíos. Temiendo que los campesinos locales los entregaran a los nazis, los Bielski trasladaron el campamento al imponente bosque de Naliboki, una zona pantanosa y peligrosa donde pocas personas se atrevían a entrar.

Allí los Bielski establecieron un shtetl, un pueblo judío, completo con una escuela judía, una sinagoga, una enfermería, panadería, molino, lavandería, sastres, zapateros, carpinteros, marroquineros y herreros. Ellos lograron limpiar parte del bosque y cultivar trigo y cebada. Los hombres en edad de luchar continuaron enfrentándose a los nazis, haciendo estallar las vías ferroviarias y los puentes, y ayudando a los judíos a escapar de las prisiones nazis.

Partisanos judíos en Bielorrusia al final de la Segunda Guerra Mundial

Cuando fueron liberados por el ejército soviético en 1944, el campamento de los Bielski contaba con 1.230 judíos, muchos de ellos mujeres, ancianos y niños. Cada uno hubiera enfrentado una muerte segura de no ser por el campamento secreto que ayudaron a establecer y que milagrosamente no fue detectado y sobrevivió durante dos largos años.

Líbelos de sangre

Los judíos de Bielorrusia muchas veces fueron acusados de líbelos de sangre, la infundada acusación de matar a niños cristianos. La mayoría de los 10 millones de ciudadanos de Bielorrusia son cristianos ortodoxos y su santo más joven es también el más venerado: San Gabriel de Bialistok. Él era un niño al que encontraron muerto, supuestamente asesinado por judíos, según dijo la iglesia ortodoxa en ese momento, cerca de su casa, en el año 1690. Desde entonces, su memoria se utilizó como pretexto para llevar a cabo pogromos contra los judíos de Bielorrusia y de otros lugares.

Este líbelo de sangre volvió a recibir atención en los años 90, cuando el canal oficial de televisión de Bielorrusia pasó un documental sobre el santo por cuyo asesinato acusaron sin ninguna base a los judíos hace muchos años, y agregaron que los judíos eran "miembros de una secta fanática secreta".

La renovación judía y el miedo al antisemitismo

A diferencia de muchas naciones de Europa oriental, en Bielorrusia una significante comunidad judía sobrevivió tanto al Holocausto como al comunismo. De un pico de casi un millón de judíos (más del 14% de la población) en 1897, hoy viven en Bielorrusia entre 10.400 y 25.000 judíos, dentro de una población de un poco menos de nueve millones y medio de personas.

Un monumento para las víctimas del Holocausto en Mogilev, Bielorrusia. El monumento fue vandalizado.

El país cuenta con escuelas judías, restaurantes kasher y una robusta vida judía. El Congreso Judío Mundial afirmó que en los últimos años "a pesar de poder practicar la religión judía y la vida cultural libremente, las manifestaciones de antisemitismo preocupan a los judíos de Bielorrusia".

El vandalismo antisemita y los grafitis so habituales. El presidente Alexander Lukashenko en ocasiones contribuyó a la atmosfera antijudía en su país. En una entrevista con la televisión Rusia, el presidente Lukashenko fue citado diciendo que no todo lo que hizo Hitler fue malo. Él también acusó a los judíos de convertir a la ciudad de Babruysk en un "porqueriza".

Visitantes en el cementerio judío destruido en marzo, cerca del monumento en recuerdo de los judíos que fueron asesinados en el gueto de Minsk durante la ocupación nazi.

Con el país sacudido por las protestas políticas y acosado por la crisis del coronavirus, algunos judíos de Bielorrusia votan con los pies. Desde el comienzo de la pandemia, los judíos de Bielorrusia constituyen el grupo más grande que hace aliá y llega a vivir a Israel. En las últimas semanas llegaron al estado judío varias docenas de judíos de Bielorrusia.