1) El mayor sabio judío

Rashi, tal como se conoce al gran sabio medieval Rav Shlomo Itzjaki, es el sabio judío más consultado de todos los tiempos. Sus comentarios sobre la Torá y el Talmud se consideran cruciales para entender estos textos judíos. Las explicaciones de Rashi ayudan a entender la Torá en todo momento, y saber francés puede ayudarnos a entender a Rashi.

Esto se debe a que el más grande de los eruditos judíos tuvo un origen humilde. Rashi vivió en la ciudad francesa de Troya desde el 1040 al 1105. De una población total de 10.000, en Troya había aproximadamente 100 familias judías. Los judíos llegaban de todas partes para consultar con Rashi. Muchos de estos visitantes judíos se albergaban con familias cristianas vecinas.

En ciertos aspectos, Rashi era muy francés. Él se ganaba la vida como vitivinicultor (fabricaba vino) e incorporó algunas palabras francesas en sus comentarios. Un ejemplo típico es la discusión de Rashi sobre la descripción de la Torá sobre la bella arca de oro que debieron construir nuestros ancestros, la cual estuvo en el Templo en Jerusalem. Sus ornamentos de oro estaban unidos o, como explica Rashi, soulderix, soldados, en francés antiguo (Rashi, Éxodo 24:18).

Los yernos y nietos de Rashi siguieron viviendo al norte de Francia y se convirtieron en grandes rabinos. También ellos escribieron sus comentarios sobre la Torá y fueron líderes de los judíos de Europa. Su erudición continúa definiendo la vida judía hasta la actualidad.

2) El Talmud en juicio

En el año 1239 París fue testigo de un juicio muy extraño: el Talmud fue acusado de insultar al cristianismo.

El defensor del Talmud fue el Gran Rabino de París, Rav Yejiel ben Iosef, aunque pusieron restricciones a lo que Rav Yejiel podía decir. Liderando las acusaciones contra el Talmud estaba Nicolás Donin, un judío que se había convertido al cristianismo y que al parecer albergaba un odio intenso hacia los otros judíos o posiblemente deseaba impresionar a sus nuevos correligionarios. Lo alentaron a burlarse del Talmud, a citarlo fuera de contexto y a distorsionar su significado. El tribunal era presidido nada menos que por la Reina de Francia, Blanca de Castilla y por varios arzobispos.

Tras oír la “evidencia”, el Talmud fue considerado culpable y condenado como un “peligro a la cristiandad”. Los volúmenes del Talmud fueron confiscados. En 1242 llevaron a una plaza pública de París 24 carros cargados de tratados del Talmud escritos a mano (representando miles de horas de trabajo) y los quemaron.

3) Las cruzadas medievales

En el año 1095, el Papa Urbano II convocó a una cruzada sagrada para conquistar Jerusalem y liberarla del dominio musulmán. (Los historiadores señalan que la cosecha del año 1095 en el norte de Europa fue muy mala. Convocar la cruzada fue una manera de distraer a la población y alentarla a robar riquezas en otras tierras).

Cien mil hombres se registraron para participar en la cruzada. (El término cruzada alude a la palabra francesa que designa las cruces que cosieron en sus prendas). Rápidamente, la atención se desvió de conquistar Jerusalem a atacar a las comodidades judías que encontraban a lo largo del camino. En tres olas, a lo largo de cientos de años, más de diez mil judíos fueron asesinados en Europa e Israel. El sello distintivo del período de las cruzadas fue la demonización frenética y la violencia contra los judíos.

Durante ese intenso período de odio hacia los judíos, los judíos franceses también fueron expulsados periódicamente. En 1182 y luego regularmente durante el siglo XIII, los judíos fueron obligados a partir de las ciudades francesas y sólo les permitieron regresar algunos años más tarde. En 1306 el rey Felipe de Francia decretó una expulsión más organizada. Al necesitar dinero después de la guerra con Flandes, el rey Felipe decidió obligar a los judíos a huir y adueñarse de sus bienes.

El decreto fue emitido el 21 de julio de 1306, que era el día de Tishá BeAv, el día de duelo judío por la destrucción de los dos Templos en Jerusalem, así como de muchas otras calamidades a lo largo de la historia judía. Al día siguiente, el 22 de julio de 1306, cien mil judíos fueron arrestados. Les ordenaron a los judíos partir del país en un mes o enfrentar la muerte. Se les permitió llevarse sólo 12 sous (centavos) por persona. Sus propiedades fueron confiscadas, subastadas y todas las ganancias pasaron a la corona francesa.

(El decreto del rey Felipe fue revertido por su hijo, el rey Luis, pero los judíos de Francia volvieron ser expulsados en 1322 y en 1394, antes de comenzar a regresar lentamente durante los años siguientes).

4) El origen judío del chocolate francés

Tras la expulsión de los judíos de España en 1492 y la introducción de la Inquisición en Portugal en 1536, algunos judíos huyeron al pueblo francés de Bayonne, cerca del límite entre España y Francia. Allí aprovecharon sus contactos con los mercaderes judíos en el Nuevo Mundo para importar materiales y conocimiento sobre el procesamiento del cacao, un producto del Nuevo Mundo que estaba conquistando Europa.

Los judíos de Bayonne adaptaron las recetas de cacao al sabor europeo, y crearon versiones dulces de chocolate utilizando aditivos como leche, manteca y nueces. Los judíos transformaron el área de Bayonne en un centro chocolatero, pero su éxito actuó en contra de ellos. Cuando los cristianos aprendieron cómo hacer chocolate, les pidieron a las autoridades locales que prohibieran a los judíos participar en la industria del chocolate.

Sólo se les permitió a los judíos volver a fabricar chocolate en 1767, cuando una corte anuló el decreto. En el año 2013 el pueblo de Bayonne reconoció formalmente la contribución de los judíos a los afamados chocolates de la región. Jean Michel Barate, director de la academia chocolatera de Bayonne, explicó: “Dado que somos los herederos del conocimiento judío, tenemos la obligación de agradecerles”, y de corregir el error histórico de ignorar que fueron los refugiados judíos quienes crearon el chocolate dulce que conocemos en la actualidad.

5) Igualdad

Aunque los judíos fueron expulsados de Francia durante muchos años luego del siglo XIV, en el siglo XVIII vivían en Francia alrededor de 40.000 judíos, particularmente en Bordeaux y Avignon, donde formalmente los judíos nunca fueron expulsados.

Estos 40.000 judíos se convirtieron en los primeros judíos de la historia europea que adquirieron igualdad de derechos con la revolución francesa. La decisión no fue fácil: los nuevos gobernadores de Francia deliberaron durante dos años si debían extender su nuevo ideal de “libertad, igualdad y fraternidad” a los judíos. Cuando lo hicieron, en 1791, aparentemente fue con cierto pesar. Como explicó un líder revolucionario: “Los judíos conscientes del error de sus caminos, sienten la necesidad de una patria; nosotros les ofrecimos la nuestra”.

6) El “Sanedrín” de Napoleón

El emperador Napoleón se presentó a sí mismo como un “defensor” de los judíos, señalando que había tratado (sin éxito) de conquistar la Tierra de Israel para Francia. Pero en verdad, aunque los judíos nominalmente fueron reconocidos como ciudadanos, Napoleón guardaba mucho del intenso prejuicio antijudío que era típico en Francia en esa época.

Para asegurar que los judíos realmente fueran “franceses”, Napoleón decidió invitar a judíos de toda Francia a participar en lo que él llamó con gran pompa una “Asamblea nacional de notables” Deliberadamente, Napoleón convocó la asamblea un sábado. Los “notables” convocados se presentaron a pesar de que la asamblea fue convocada en Shabat y votaron sí o no a una serie de preguntas que Napoleón había dispuesto para evaluar si los judíos en verdad podían ser ciudadanos franceses. A los “notables” les preguntaron si los judíos pueden dedicarse a labores manuales, si se podían casar con mujeres cristianas, si ayudarían a defender a Francia, etc.

Como no estuvo satisfecho con esa asamblea, Napoleón ordenó que los gobernadores de Francia eligieran representantes judíos para un nuevo grupo, al cual Napoleón llamó grandiosamente el Sanedrín, como la antigua corte judía que gobernó al pueblo judío durante cientos de años. Como ese antiguo Sanedrín, este nuevo “Sanedrín” contaba con 71 miembros, era gobernado por un líder (elegido por Napoleón) a quien le dio el tradicional título hebreo de nasí o “príncipe” y que tendría la tarea de emitir decretos para el pueblo judío.

El “Sanedrín” de Napoleón se reunió en París con gran pompa, y los títeres que componían este grupo siguieron adelante con muchas de las exigencias de Napoleón. Ellos declararon que los judíos que servían en el ejército francés quedaban liberados de las mitzvot (los mandamientos judíos) y haciendo eco de un antiguo prejuicio hacia los judíos (quienes habían sido obligados por los gobernadores europeos a dedicarse a prestar dinero), declararon que para los judíos era ilegal ser prestamistas. Pero incluso estos títeres del “Sanedrín” de Napoleón se negaron a aceptar algunos de los pedidos del emperador y por ejemplo se negaron a aceptar los matrimonios mixtos.

A pesar de las promesas de este “Sanedrín”, Napoleón dictó varios decretos infames restringiendo los derechos de los judíos de vivir en ciertas partes de Francia, suspendió durante diez años la devolución de las deudas a los judíos y limitó los derechos de los judíos en algunas áreas comerciales.

7) Nombres oficiales

Otro legado del gobierno de Napoleón fue una lista oficial de nombres que se podía dar a los bebés que nacían en Francia. La mayoría eran nombres de santos cristianos, aunque la lista también incluía algunos nombres judíos.

La lista fue abolida en 1993, aunque incluso durante los últimos años las autoridades francesas prohibieron algunos nombres. Por ejemplo, en el año 2016 un juez francés se negó a autorizar que llamaran a un bebé Mohamed Merá en honor al terrorista que asesinó a un Rabino y a tres niños frente a una escuela judía en la ciudad de Toulouse en el 2012.

8) El caso Dreyfus

Supuestamente en Francia los judíos eran ciudadanos franceses con igualdad de derechos, Pero el dramático juicio al capitán Alfred Dreyfus en 1894 expuso el intenso odio antijudío que existía en Francia. Tras ser arrestado bajo cargos inventados de espiar en favor de Alemania (posteriormente Dreyfus fue exonerado. El verdadero culpable escapó a Inglaterra y algunos de los soldados compañeros de Dreyfus falsificaron la evidencia en su contra), Dreyfus fue humillado en público y enviado a prisión, mientras una multitud de hombres y mujeres franceses gritaban: “¡muerte a los judíos!”

A lo largo del juicio a Dreyfus, las autoridades católicas francesas continuaron incitando el odio antijudío. La intensa amargura llevó a que muchos en Francia concluyeran que allí quedaba poco futuro para los judíos. Emilio Zolá, el gran autor francés no judío, escribió en 1896: “Durante algunos años seguí cada vez con más sorpresa y disgusto la campaña que algunas personas tratan de llevar adelante en Francia contra los judíos. Esto me parece monstruoso…”. Dos años más tarde, Zolá escribió su famosa carta abierta que comenzaba con J’accuse, o “Yo acuso”, dirigida al presidente de Francia, France Felix Faure, quejándose por las irregularidades del juicio a Dreyfus. Zolá fue juzgado y culpado de líbelo y se escapó a Inglaterra durante un año para evitar que lo llevaran a prisión.

Otro observador que llegó a una conclusión similar durante el juicio a Dreyfus y que entendió que el futuro de los judíos en Francia era incierto, fue Teodoro Herzl. Herzl era un joven periodista del diario vienés Neue Freie Presse, que llegó a París para cubrir el juicio a Dreyfus. Posteriormente escribió que al oír que gritaban “¡Muerte a los judíos!” se estremeció profundamente y comprendió que sólo un estado judío podía brindar seguridad a los judíos del mundo. En 1897 Herzl organizó un Congreso Sionista en Zúrich, donde propuso el restablecimiento de un país judío.

9) Francia y el Holocausto

Ante la amenaza de la Segunda Guerra Mundial, Francia se convirtió en el destino de los desesperados refugiados judíos que huían de Alemania y de Europa Oriental. De una población judía de aproximadamente 80.000 personas en 1900, en 1939 la población judía de Francia había llegado a 300.000.

Trágicamente, esa seguridad fue ilusoria. Cuando Alemania invadió Francia, dividió al país en la zona norte “ocupada”, y la zona “libre” del sur que estaba aliada con la Alemania nazi. Ambas áreas de Francia participaron gustosamente en la deportación de los judíos. En la parte nominalmente independiente del sur de Francia, los soldados y las autoridades francesas ayudaron a implementar la “solución final” de Hitler al “problema judío”. Más de 70.000 judíos franceses fueron enviados a campos de concentración y sólo sobrevivieron 2.500.

Después de la guerra, la devastada comunidad judía de Francia se vio revivida gracias al influjo de los judíos de las previas colonias francesas al norte de África. En los años 50 y 60 llegaron a Francia casi un cuarto millón de judíos sefaradíes de Argelia, Marruecos y Túnez.

10) El resurgimiento del antisemitismo

Trágicamente, en los últimos años el grito de “¡Muerte a los judíos!” se volvió a oír en las calles de Francia.

Los judíos de Francia sufrieron una cadena de ataques espantosos. En el año 2006, Ilan Halimi, un joven judío que vivía en París fue atraído a una trampa por matones musulmanes locales. Durante un mes lo torturaron en un proyecto público de vivienda en París antes de asesinarlo. Posteriormente se supo que su sufrimiento era un secreto conocido en el barrio, pero nadie intervino. Su madre decidió enterrar a Ilan en Israel, porque temió que si lo enterraban en Francia también su tumba fuera profanada por los antisemitas.

En el año 2012, en la ciudad de Toulouse un terrorista disparó a sangre fría a tres niños y un rabino frente a una escuela judía. En el 2014, una multitud corrió por las calles de Sarcelles, un suburbio de París, gritando: “¡muerte a los judíos!”, quemaron comercios que pertenecían a judíos y rodearon una sinagoga, aullando por la muerte de los judíos que se encontraban adentro. Durante horas, muchas familias judías permanecieron dentro, temiendo por sus vidas, hasta que finalmente la policía logró dispersar a la multitud por la noche. En el 2015 terroristas asesinaron a cuatro rehenes en un comercio kasher de París. En el 2017 dos hermanos judíos fueron obligados a desviarse del camino hacia un barrio densamente poblado por musulmanes cerca de París, donde fueron atacados por los transeúntes. En el ataque le aserraron el pulgar a uno de los hermanos.

De hecho, la cantidad de ataques antijudíos sigue creciendo. En el 2014 se reportaron 423 crímenes de odio contra judíos en Francia. En el 2015 la cifra subió a 851.

Ante el incremento del odio, cada vez son más los judíos que huyen de Francia. Una encuesta del 2016 reveló que el 43% de los judíos franceses consideran la posibilidad de irse a vivir al estado judío. En el 2014 llegaron a Israel 6.658 judíos de Francia. (En comparación, en el 2010 cuando había menos ataques antisemitas, sólo llegaron a vivir a Israel 1.923 judíos franceses). En el 2015 hicieron aliá 7.469 judíos de Francia.

11) Francia en Israel

A medida que más judíos llegan a vivir en Israel, ciertas partes del país adquieren un acento distinguidamente francés. En el 2015 el Times of Israel señaló que la ciudad costera de Netania se llama a sí misma la “Rivera israelí” y que en los últimos años efectivamente llegó a asemejarse a la famosa Rivera francesa: “Al caminar por la peatonal principal es difícil saber si uno se encuentra en Netania o en su ciudad melliza de Niza”, en Francia. Restaurantes franceses, estilo francés y judíos franceses le dieron a ciertas zonas de Israel un sentimiento muy francés.

Una reciente inmigrante de Francia explica que el crecimiento del antisemitismo en Francia motivó a su familia a irse a Israel: “Acá sentimos que podemos protegernos. Allí nos sentíamos abandonados y nos parecía que si algo llegaba a pasar, que Dios no lo permita, no lograríamos salvarnos”.