Para la mayoría de las personas, el 31 de octubre es un día de fiestas y disfraces. Pero hace poco más de un siglo, el 31 de octubre de 1905, fue un día trágico en el que tuvieron lugar cientos de pogromos en los que asesinaron a miles de judíos en toda Rusia. La muchedumbre salió a las calles gritando amenazas, destruyendo propiedades y asesinando impunemente a hombres, mujeres y niños judíos.

La causa inmediata de esta ola sísmica de violencia fue el Manifiesto de Octubre, una declaración del zar Nicolás II garantizando libertades y derechos políticos básicos. La declaración promulgada el 30 de octubre de 1905 (a veces considerado el 17 de octubre de acuerdo al "antiguo calendario" ruso), llegó en medio de un creciente tumulto político y la amenaza de una revolución. En vez de calmar las tensiones, el manifiesto provocó enormes demostraciones y disturbios en muchas ciudades rusas. Trágicamente, quienes más sufrieron fueron los judíos rusos.

En la ciudad de Odessa, la multitud salió a la calle a celebrar el manifiesto. Un estudiante registró que "una multitud jubilosa apareció en las calles; la gente se saludaba como si fuera una festividad". Entre la multitud había muchos judíos que creían que las nuevas leyes ayudarían a otorgarles los derechos legales que tanto buscaban. Pero muy pronto estalló la violencia.

El ánimo comenzó a ensombrecerse en Odessa, y muchos rusos comenzaron a volverse contra los judíos de la ciudad con un sadismo inimaginable. Al principio, comenzaron a golpear a los judíos en las calles y a saquear sus casas y sus comercios. Entró en acción el grupo antisemita de extrema derecha "Centurias Negras", alentando a los rusos que apoyaban al zar a culpar a los judíos por todos los males de su país. Cuando un funcionario de la ciudad fue asesinado a tiros, la multitud se enfureció y los ataques se aceleraron, convirtiéndose en un violento pogromo que duró varios días. La policía hizo la vista gorda o participó con entusiasmo en los ataques.

Testigos oculares describen que los judíos fueron arrojados desde las ventanas. Los niños judíos fueron asesinados frente a sus padres. En especial atacaron a las mujeres judías embarazadas, agrediéndolas y matando a algunas abriéndoles el estómago. Los padres fueron torturados obligándolos a ver morir a sus hijos. Cuando terminó el pogromo, habían muerto más de 400 judíos y sólo en Odessa hubo unos 300 judíos heridos.

El 31 de octubre hubo cientos de pogromos en toda Rusia, especialmente en el sur. Unos 4.000 judíos perdieron la vida en 690 pogromos, y la ola de odio y asesinato provocó que hubiera otros 10.000 judíos heridos.

En Rechysta, Bielorusia, los judíos locales, muchos de los cuales pertenecían a grupos comunistas y comunistas-sionistas, se organizaron para defenderse de la turba asesina. La amenaza de violencia era alta: los miembros locales de las Centurias Negras emitieron declaraciones asegurando que los judíos eran "enemigos del zar" y exigiendo el "exterminio" de los judíos. Los oficiales de policía distribuyeron rifles a la población, y un párroco anunció que "los judíos deben ser asesinados porque quieren derrocar al zar". La violencia estalló en el pueblo cuando algunos locales golpearon a unas vendedoras judías y rompieron los productos que ellas vendían.

Alrededor de veinte hombres judíos se organizaron y lucharon, pero muy pronto los superaron. Uno d ellos luchadores judíos, Noi Geizentsveig, explicó posteriormente: "Durante la escaramuza no vimos al enemigo, por lo que no arrojamos las bombas (que el grupo de autodefensa judío había adquirido), sino que respondimos disparando al aire". Los combatientes judíos se vieron abrumados. Los matones locales les dispararon y los apuñalaron mientras gritaban: "¡Aquí está tu libertad!" y "¡Aquí está tu constitución!", en referencia al Manifiesto de octubre por el que culpaban a los judíos.

New York Times, 5 de noviembre

En unas pocas horas, ocho combatientes judíos fueron asesinados y doce resultaron heridos. Los arrastraron hacia la estación de policía del pueblo y los encerraron sin comida, sin agua, sin atención médica, los combatientes que habían muerto junto con los que seguían vivos. Más tarde, los que seguían vivos fueron enviados a detención domiciliaria y les negaron atención médica, aunque algunos estaban gravemente heridos.

El pogromo final de los cientos que comenzaron el 31 de octubre de 1905, fue el de Bialystok (hoy en día Polonia). Ochenta y dos judíos fueron asesinados en esos pocos y convulsos días de violencia, y unos 700 resultaron heridos. El Zar Nicolás II envió oficiales por todo el territorio ruso para informarle sobre los pogromos, que se disiparon casi de forma tan abrupta como habían comenzado.

Víctimas del pogromo en Kiev

Para muchos judíos rusos, los pogromos del 31 de octubre f ueron una prueba de que no tenían ningún futuro en Rusia y eso los alentó a partir del país. Uno de los judíos que huyó de Rusia fue el famoso escritor ídish Shalom Aleijem. Él y su familia observaron durante tres días los pogromos que arrasaron a la comunidad judía de Kiev desde su escondite en uno de los hoteles del pueblo. Cuando se calmó la violencia, rápidamente planearon su escape de Rusia y eventualmente llegaron a los Estados Unidos.

El 25 de noviembre de 1905, tres semanas después del aterrador pogromo y justo antes de partir de Rusia, Shalom Aleijem le escribió a un amigo que tenía en Nueva York, el Dr. Maurice Fishberg, suplicándole que utilizara su influencia sobre los judíos norteamericanos para alentar a los Estados Unidos a que no ayudaran al Zar Nicolás II (que quería un préstamo para reforzarse en la guerra ruso-japonesa). Tras ser testigo del asesinato a sangre fría de sus hermanos judíos, Shalom Aleijem, como muchos otros judíos rusos, perdió las esperanzas de que allí hubiera un futuro para los judíos. En una larga y apasionada carta sobre la política y la guerra de Rusia, el autor escribió que en Rusia podían ser "asesinados seis millones de judíos".

Más de un siglo después de este espantoso espasmo de violencia que consumió a gran parte de Rusia, debemos recordar la muerte y honrar la memoria de los miles de judíos rusos masacrados en los pogromos del 31 de octubre de 1905.