En medio del coronavirus, me convertí en padre.

Los nueve meses de embarazo de mi esposa finalmente culminaron en un milagro: un saludable bebé. Sostenerlo en mis brazos es simplemente indescriptible. Es difícil creer que finalmente soy padre.

El cartel del hospital en el área de maternidad decía: “25 años dando a luz milagros”. Y tienen razón. Cualquiera que haya visto a un bebé entrar al mundo sabe que eso sólo puede ser obra de Dios.

Sin embargo, los nervios usuales que sentí como un padre primerizo se vieron multiplicados porque mi hijo llegó en medio de la pandemia de COVID-19. ¿Podemos hacer un Shalom zajar? ¿Quién vendrá? ¿Puede haber un minián en el brit, si cuidamos la distancia necesaria entre los presentes? ¿Mis padres pueden volar para venir al brit? ¿Es correcto celebrar una simjá cuando la civilización se derrumba?

En todo el mundo la gente enfrenta sentimientos de vulnerabilidad, ansiedad y confusión. No tenemos control de la situación y no tenemos idea si nuestros esfuerzos cambian algo.

Nos preguntamos: ¿Qué es lo que Dios quiere de todo esto? No es de sorprender que nos sintamos abrumados.

Pero mientras lucho para mantener la calma por tener un hijo que nació durante una pandemia mundial, recuerdo una fuerte enseñanza de la Torá que me ayuda a cambiar mi paradigma emocional y me mantiene focalizado en un futuro positivo.

La lección la aprendemos de una sorprendente observación: muchos actos de la creación fueron precedidos por la confusión.

La narrativa de la creación en Génesis comienza con: “Confusión, vacío y oscuridad sobre la faz del abismo”. No era exactamente un comienzo auspicioso para la historia del universo.

Abraham, el primer judío, nació en una familia de idólatras que le enseñaron a adorar ídolos.

El “nacimiento” del pueblo judío tuvo lugar bajo condiciones igualmente sombrías. En Egipto, el pueblo judío estuvo esclavizado en cuerpo y alma. Nos encontrábamos en el nivel más bajo de impureza cuando Dios finalmente nos redimió.

El Talmud mismo fue escrito en una época de gran agitación: después de que los romanos destruyeran el Segundo Templo y la consecuente convulsión de las normas sociales y legales judías.

En nuestra época, el increíble renacimiento del mundo de Torá y de la comunidad judía en Israel fue precedido por los horrores del Holocausto.

¿Por qué es así?

El Maharal, un sabio de la Torá del siglo XVI, escribió que nada puede tener 'existencia' a menos que lo preceda una 'ausencia', una 'carencia' o una 'descomposición'. El constructor tiene que derribar el edificio antiguo o cavar en la tierra antes de construir uno nuevo. El acto de destrucción forma parte del acto de creación.

Este concepto lo vemos reflejado en la vida misma. Las contracciones y el parto son difíciles y terriblemente dolorosos. La futura madre grita, suda, tiembla y a menudo se siente ansiosa e incapaz de seguir adelante. ¡Y todo eso con epidural!

Pero al final de ese "trastorno", o quizás debido a ese "trastorno", comienza la vida.

Recuerdo que en un momento especialmente difícil de mi vida hablé con uno de mis maestros, quien me enseñó algo muy profundo.

“No te revuelcas en el dolor sin ningún sentido. Este es el dolor de estar naciendo”, me dijo suavemente.

Y tenía razón. Después de años de diversos “dolores de parto”, ahora estoy felizmente casado, vivo mi sueño de ser maestro y finalmente también soy padre, todo gracias a la ayuda de Dios.

Cuando observo a mi hijo dormir serenamente y veo sus manitos perfectas, puedo recordarme a mí mismo que la única forma en que este milagro tuvo lugar fue después de nueve meses de embarazo y un parto agonizante. Pero por supuesto, ¡todo valió la pena! ¡Qué regalo tan valioso!

En verdad, todos somos creaciones o productos de las crisis. Todos cobramos existencia a través de la confusión del parto.

Al enfrentar el COVID-19, luchamos para mantenernos sanos, para superar la enfermedad, que Dios nos proteja. Ante la imposibilidad de trabajar normalmente (si es que podemos trabajar), luchamos para sobreponernos a los problemas económicos y para establecer un orden y una rutina para mantenernos ocupados y relativamente tranquilos, tanto a nosotros como a nuestros hijos. Pero no nos revolcamos en el dolor en vano.

Ahora está pasando algo. No sabemos exactamente qué. Pero nuestros esfuerzos, nuestro estudio de Torá y nuestros rezos a Dios no son en vano. Debemos recordar que Dios utilizará esta crisis para dar lugar a algo mejor. Al recordar esto, transformamos el sufrimiento inútil en "dolores de parto", la clase de dolor que produce milagros.

La Torá compara el Éxodo de Egipto con un parto difícil. Salir de Egipto no fue sencillo. Pero el resultado de ese camino, por más sinuoso que fuera, fue una nación grandiosa: el pueblo judío.

El apoyo y la ayuda que recibimos con mi esposa por el nacimiento de nuestro hijo fueron sorprendentes. La gente se alegra de celebrarlo de cualquier forma que puedan, desde la familia de 12 personas que cantaron fuera de nuestra casa para el Shalom zajar, a los parientes y amigos que participaron en el brit a través de Zoom desde otros países. Fue muy bello.

Que muy pronto podamos celebrar el "nacimiento" de la redención final.