Después del horrible ataque en la sinagoga en Har Nof la semana pasada, no pude dormir por las siguientes dos noches. No podía dejar de pensar en las viudas y los huérfanos. No podía dejar de pensar en las horripilantes escenas de esa mañana. El caos, el dolor, la auténtica conmoción de la inmensidad de la pérdida.

Las caras de los padres inocentes que fueron asesinados seguían apareciendo frente a mis ojos. Sus sonrisas en las fotografías, la calidez y sabiduría que brillaba a través de sus ojos que ahora se había ido de este mundo para siempre. Durante el día era más fácil distraerme. El trabajo silenciaba mis pensamientos y distraía mi corazón. Caí agradecida en el usual paso agitado de nuestra vida, corriendo, llevando a los niños a la escuela, trabajando, cena, tarea, hora de dormir y luego otra vez.

Pero después del trabajo el jueves me encontré en la cocina reuniendo todos los ingredientes para cocinar para Shabat y sentí cómo un inmenso bulto de tristeza regresaba a mi garganta. ¿Adónde irían las viudas este Shabat? ¿Quién haría kidush en sus mesas? ¿Como podrían los huérfanos sentarse junto a las sillas vacías de sus padres?

Abrí los paquetes de pollo, intentando no pensar en eso. Y luego mi teléfono sonó con un mensaje de Whatsapp que decía: “Por favor, detente por un minuto y reza urgente por Eitan ben Sorah. es URGENTE. Él se debate entre la vida y la muerte. Los asesinos hirieron su cabeza con un hacha y la herida amenaza su vida en este momento”.

Dejé los paquetes de pollo y comencé a rezar. Y luego las lágrimas que habían estado contenidas toda la semana salieron. Apoyé mi cabeza en el mesón de la cocina y lloré. Por favor cúralo. Por favor, por favor no más muerte. Por favor consuelo. Por favor Dios, ten compasión por tus hijos. ¿Cómo entraremos a Shabat de esta forma? ¿Cómo podemos siquiera prepararnos para Shabat de esta forma? Por favor ayuda. Por favor cura. Por favor consuela. Por favor muéstrame cómo encontrar esperanza en medio de esta ahogante sensación de desesperación.

Y luego vi otro mensaje parpadeando en mi teléfono. “Un mensaje de las cuatro viudas”. Era un email con una petición de las recientes cuatro mujeres que habían enviudado:

“Con lágrimas y el corazón roto por la sangre que ha sido derramada, la sangre de los santos, nuestros maridos, cabezas de nuestras familias Hy''d. Nos dirigimos a nuestros hermanos y hermanas, todos los de la casa de Israel, en cualquier lugar que se encuentren, a que permanezcan unidos para ameritar la compasión Divina. Debemos aceptar sobre nosotros la obligación de aumentar nuestro amor y afecto entre nosotros, ya sea entre el hombre y su prójimo como entre las distintas comunidades dentro del pueblo judío. Nuestro pedido es que cada persona acepte sobre sí misma a la hora de recibir Shabat, que este Shabat, parashat Toldot, sea un día en el cual expresemos nuestro amor por el prójimo, un día en el cual nos abstengamos de hablar negativamente y de criticar al otro. Al hacer esto, será un gran mérito para la elevación del alma de nuestros maridos, que fueron asesinados al Kidush Hashem. Dios observa desde arriba y ve nuestro dolor, Él secará nuestras lágrimas y declarará "¡Suficiente! No más dolor y amargura". Que ameritemos atestiguar la llegada del Mashiaj, rápido en nuestros días, amén ve amén”.

Firman con el corazón roto

Jaya Levine, Breine Goldberg, Yakova Kupinsky, Bashi Twersky y sus familias.

Miré las palabras con asombro. Aquí estaba yo, llorando en mi cocina en Connecticut, sin estar segura de cómo prepararme para Shabat en medio de todo este dolor, y las mismas viudas me estaban respondiendo. “Aumenta el amor y la conexión. Utiliza Shabat para romper las barreras entre nosotros. Dios ve nuestro dolor. Él secará nuestras lágrimas”.

Las viudas, con sus corazones rotos, se dirigieron a los judíos de todo el mundo. “Expresa amor. Da. Construye. Utiliza Shabat para arreglar las diferencias”.

Tan solo días después de los funerales, en medio de la shivá (semana de duelo), las viudas se están enfocando en esto. No en su propio dolor y los asientos vacíos en las cabeceras de sus mesas de Shabat. No. Ellas, con sus corazones rotos, se dirigieron a los judíos de todo el mundo. “Expresa amor. Da. Construye. Utiliza Shabat para arreglar las diferencias”.

Y mientras estaba parada allí, rodeada por estas hermosas palabras, me di cuenta de que Dios nos ha entregado un tesoro: la gratitud judía. En hebreo gratitud es hakarat hatov, 'reconocer lo bueno'. No significa solamente estar agradecido. Significa que incluso en los momentos más difíciles somos capaces de ver un rayo de esperanza. Somos capaces de reconocer lo bueno, la luz que aún está a nuestro alrededor.

Eso es lo que estás increíblemente rectas mujeres hicieron. Ellas están paradas en medio de la pesadilla más horrible y en vez de volverse hacia adentro en desesperación, ellas miran hacia arriba. Acuden a Dios para que las consuele, confiando en que Él secará sus lágrimas. Ellas ven la esperanza. Reconocen el bien, el potencial y la unidad que puede resultar de esta tragedia. Y de alguna forma, ellas ven una luz al final de sus propios túneles de dolor.

Y en vez de guardarlo para sí mismas en las profundidades de su dolor, ellas nos dan esta luz a todos nosotros. Un regalo puro y precioso, enseñándonos cómo ver la esperanza, la bondad en potencia que está dentro de nosotros. Reconoce la bondad. Expresa amor por el otro. Ve el regalo de Shabat. Acéptalo con amor.

Es un momento para reconstruir. Un momento para ver la belleza de este mundo y la belleza que hay dentro de cada judío. Ellas dijeron “suficiente a todo el dolor y la aflicción”. Ellas ven el consuelo. Ellas ven que todos podemos sanar. Por favor Dios, seca sus lágrimas. Consuélalas. Ayúdanos a verte a Ti y a vernos los unos a los otros con la claridad y bondad de estas viudas.

Gracias por Shabat. Gracias por el regalo de tenernos los unos a los otros. Gracias por este regalo de esperanza, de gratitud judía, de reconocer lo bueno, incluso cuando nuestros corazones aún están rotos.