El fallecimiento del Rav Dr. Abraham Twerski me afectó personalmente, porque él fue quien abrió el camino para que me animara a participar en programas de los 12 pasos. A los 20 años me recuperé de un trastorno alimentario a través de un programa de 12 pasos, pero cuando asistí a la primera reunión salí corriendo. Ya me sentía bastante incómoda porque la reunión era en el salón de una iglesia (en ese entonces la mayoría de los encuentros de los 12 pasos eran en lugares que pertenecían a iglesias). Pero cuando comenzaron a hablar de Dios… Aunque muchas veces había escuchado a mi madre decir: "si Dios quiere", para nosotros el judaísmo era más cultural que espiritual. En verdad los que hablaban de Dios eran mis amigos cristianos. Los judíos no lo hacían. Por eso salí corriendo de esa reunión, pensando que era una especie de trampa misionera.

Pero gracias al libro de Rav Twerski "Viviendo cada día" y su apoyo a la organización "JACS" (judíos alcohólicos y dependientes de químicos), judíos de todos los colores pudieron sentirse cómodos buscando ayuda para recuperarse en los programas de los 12 pasos. Eventualmente fueron los 12 pasos los que me llevaron a mi profundo amor por el judaísmo y a mi compromiso de vivir una vida observante de la Torá.

Rav Twerski era un rabino y psiquiatra brillante y compasivo que escribió numerosos libros sobre autoestima y desarrollo personal. Él también fue uno de los primeros rabinos que habló en contra del abuso y la violencia doméstica y escribió el libro "The Shame Borne in Silence: Spouse Abuse in the Jewish Community". Él sabía lo que hacía falta hacer y lo hacía.

Donde fuera que Rav Twerski hablara, fuera o no un lugar judío, él siempre vestía con orgullo sus prendas jasídicas y su larga barba blanca.

Él no sólo nos enseñó muchas cosas durante sus valiosos 90 años de vida sino que incluso nos enseñó en su muerte. Rav Twerski pidió que no lo elogien en su funeral. En cambio, quiso que lo acompañaran a su lugar de descanso final cantando el nigún (la melodía judía) que él escribió muchos años antes para la boda de su hermano. Las palabras de la canción ahora famosa, conocida como "Hoshía et ameja", están tomadas del Salmo 28:9:

Hoshía et ameja uvarej et najalateja ureem venaseem ad haolam.

Salva a Tu pueblo y bendice a Tu heredad, atiéndelos y guíalos para siempre.

No sé por qué Rav Twerski pidió que cantaran esta canción en su funeral, pero me gustaría sugerir tres posibles lecciones que podemos aprender de esto.

En su propio funeral, Rav Twerski demostró la cualidad de la humildad. En vez de que su funeral se centrara en él, con personas elogiando sus logros, eligió que el foco estuviera en Dios y en el pueblo judío, porque Rav Twerski sabía que era parte de algo mucho más grande que él mismo.

Estas palabras son una plegaria a Dios por el pueblo judío. La canción nos recuerda que somos un pueblo, algo importante que debemos recordar. Nuestro mayor logro, recibir la Torá en el Monte Sinaí, sólo ocurrió porque el pueblo judío estaba unido.

La Torá nos enseña que no hay que contar a las personas. Las personas no son números. Como esta frase tiene diez palabras, al contar un grupo para saber si hay un minián, un quorum de 10, en vez de números se recitan las palabras de este versículo.

No es una coincidencia que Rav Twerski eligiera estas palabras. Para un hombre que escribió tantos libros sobre la autoestima y la importancia de cada individuo, el mensaje al contar las personas con las palabras de un Salmo es:

"¡Tú importas! No puedes ser reducido a un número".

Cada ser humano es creado a la imagen de Dios. Esta verdad implica que no hay lugar a debatir sobre tu autoestima. Tú tienes un valor intrínseco. Es cierto, todos hemos hecho o dicho cosas de las que no estamos orgullosos. Este es el trabajo de un ser humano: convertirnos en un ser más "divino" al vivir de acuerdo con los deseos de nuestras almas. Pero nuestra autoestima nunca puede ser cuestionada, por nadie, en especial no por nosotros mismos.

Rav Twerski, sin duda lo extrañaremos. Rezo para que podamos tomar lo que nos enseñó y vivir como mejores personas y como un pueblo unido.