Tengo tres hijos adolescentes que se sienten orgullosos de ser judíos y norteamericanos. Ellos también son el producto de la cultura juvenil dominante, donde la norma son las perspectivas políticas y culturales progresistas.

Mis hijos me han reprendido por no estar de acuerdo con perspectivas que incluyen mi falta de sensibilidad hacia mi propio "privilegio" como un varón blanco, o mi mala aplicación de los pronombres de género preferidos. Términos como cancelación, desplazamiento, microagresiones y espacios seguros eran ajenos a mi vocabulario. Ahora se discuten regularmente durante la cena en términos favorables.

Todos mis hijos visitaron Israel y están orgullosos de su existencia. Pero también me cuestionaron por qué me molesta tanto el movimiento BDS (boicot, desinversión, sanción) que ataca a la economía de Israel debido a lo que perciben como un maltrato al pueblo palestino. Compartieron videos que no parecen hacer eco del vínculo entre antisionismo y antisemitismo. ¿Por qué Israel no puede aflojar y dar lo que hace falta por el bien de la paz?

Durante la cena, las conversaciones sobre los sacrificios de la Guerra de la Independencia de Israel, el milagro de la guerra de 1967 y la casi catástrofe de la guerra de Iom Kipur fueron recibidas con miradas perdidas. Los recuerdos de mi esposa de pasar un semestre en Israel durante sus años universitarios en un período que hubo frecuentes atentados suicidas con bombas en los autobuses eran para ellos tan significativos como es para mí imaginar la guerra de trincheras y el gas mostaza durante la Primera Guerra Mundial. Ambas cosas son remanentes de conflictos pasados y es mejor dejarlos en los libros de historia.

Mis hijos son demasiado jóvenes como para recordar demasiado respecto al último gran enfrentamiento en Gaza en el 2014. Por eso, cuando los misiles comenzaron a llover sobre Israel eso fue un gran sacudón. ¿Qué había pasado con los pacíficos palestinos que sólo querían su propia tierra y estaban atascados en campos de refugiados? ¿Cómo era posible que algunas de esas mismas personas fueran capaces de disparar miles de misiles que podían alcanzar al 70% del país? El movimiento Palestina Libre se trataba de carteles en los jardines, marchas y tal vez ocasionalmente arrojar piedras. Pero ciudades enteras bajo asedio y niños que debían ser enviados a lugares seguros lejos de la frontera en vez de estar en las escuelas parecía demasiado. Parecía no tener sentido que los israelíes tuvieran que huir a los refugios antiaéreos en medio de la noche, rezando para que el sistema de defensa armado más avanzado del planeta los protegiera de un pueblo que buscaba la paz y quería la coexistencia.

A medida que el conflicto crecía, las preguntas aumentaban. ¿Por qué atacaban a Israel? ¿Qué tenía que ver eso con la paz? ¿Yo pensé que ya controlaban la mezquita Al Aqsa y la Cúpula de la Roca? Me pareció que dijiste que lo conquistamos en 1967 y se lo devolvimos para que lo controlaran los musulmanes. ¿Por qué los judíos no pueden rezar allí también? ¿Quiere decir que los misiles los disparan desde Gaza al azar? ¿Una cantidad de sus propios cohetes caen en Gaza, pero de todos modos culpan a Israel? Si Israel mata intencionalmente a mujeres y niños, ¿por qué les avisan a todos en un edificio que salgan antes de destruirlo? ¿Eso no permite que también los terroristas se escapen?

La etapa final fue cuando se trataba menos de Israel y más de los judíos. Los videos de TikTok con contenido judío se llenaron de comentarios antisemitas, un video de Londres para "#$% a los judíos y violar a sus hijas". Imágenes de matones en Los Ángeles agrediendo a judíos en restaurantes y clips de judíos golpeados en Manhattan. Vandalismo en una sinagoga en Skokie 45 años después de la infame marcha nazi en sus calles.

Y todo se volvió todavía más personal. Todos mis hijos sintieron que tenían que defender la "agresión israelí" en la escuela porque ellos son los únicos judíos de sus clases. Las redes sociales de sus amigos se llenaron de "Palestina libre" y acusaciones de crímenes de guerra contra sus correligionarios. Sus amigos repetían como loros lo que escuchaban de personas influyentes como Trevor Noah y John Oliver, sin ningún conocimiento o contexto histórico del conflicto.

Anoche, cuando mi hija de 13 años se fue a dormir, lloré tras escuchar que había tenido una pelea con una de sus amigas en las redes sociales por negarse a pedir disculpas por apoyar el derecho de Israel a defenderse. Esta mañana me desperté y recibí un email del director de Hillel en la universidad a la que mi hijo mayor planea asistir, comentando los recientes atentados antisemitas en el campo universitario, incluyendo gritos de "judíos sucios" y esvásticas.

Mis hijos abrieron los ojos al hecho de que lo que comienza como gritos antisionistas contra el imperialismo europeo y la subyugación se transforma en un apoyo implícito al flagrante terrorismo y termina en un antisemitismo indiscriminado. Su presencia como judíos que abogan por su tierra ancestral es una microagresión a sus compañeros de clase que no quieren que se cuestione la narrativa prevaleciente de la opresión palestina. Su espacio seguro que tolera la diversidad y respeta los derechos de las minorías es ahora un bastión de insultos y burlas en el recreo.

Me entristece esta nueva ronda de combates y me alivia que se mantenga el alto al fuego. Me consuela que mis hijos hayan aprendido una valiosa lección. Cuando llega el momento, no importa lo que vistamos, cómo nos veamos, lo que pensemos o dónde vivamos, los demás siempre nos definirán como judíos. Así es como debemos definirnos a nosotros mismos. Nunca pediremos disculpas por eso ni por el derecho que tenemos a existir y a defendernos en nuestra patria ancestral.

Que todos tengamos el mérito de tener una paz duradera en la Tierra de Israel y en nuestras comunidades en todo el globo.