Ha sido un tiempo oscuro. Todo partió cuando desaparecieron los tres jóvenes. Entre los esfuerzos por buscarlos, Hamás, desde Gaza, comenzó a lanzar misiles al sur de Israel, un misil por allá, otro por acá.

Después del funeral de los tres jóvenes, asesinados por terroristas de Hamas, comenzó otro escenario negro en Am Israel.

Los misiles que eran uno que otro, se transformaron en bombardeos a cada hora a las ciudades del sur.

La cosa se puso más fea cada día y en un minuto no quedó otra opción más que atacar de vuelta. Siguió y siguió escalando y los misiles llegaron hasta las grandes ciudades, Tel Aviv y Jerusalem.

Si encendíamos la radio, escuchábamos cada 3-5 minutos que los programas se detenían y anunciaban “alerta roja” (sirena de alerta de misil) en distintos lugares. Así hemos vivido durante ya más de 3 semanas.

Han sido semanas muy duras y muy difíciles. Estamos llenos de preocupación, de angustia y de esperanzas que esto termine luego.

Nuevamente conocimos una faceta como pueblo, una que tenemos desde siempre, sólo que a veces no la ponemos en práctica, conocimos lo que es la unión de Am Israel.

Hace unos días, estuve en el aeropuerto de Tel Aviv, junto con mi esposo e hijos. Hace ya bastante tiempo que habíamos comprado pasajes para ir a visitar a la familia. Por medidas de seguridad, los vuelos se estaban atrasando, por lo que salimos una hora más tarde. En la puerta de embarque, toda la gente esperaba. Por una pantalla gigante, estaban transmitiendo noticias, y en un momento mostraron el discurso de una señora, viuda de uno de los soldados.

Yo no me pude aguantar las lágrimas, pensar que ese soldado dio la vida por nuestra seguridad y en el camino dejó una esposa e hijos… me sequé rápido las lágrimas para no parecer “rara”, sin embargo, no era necesario: comencé a mirar a la gente y lo que vi me hizo llorar aún más. Toda la gente se secaba las lágrimas, la señora que estaba al lado mío no paraba de sollozar, los meseros del café estaban con los ojos llorosos, toda la gente de duelo por esa esposa y esos hijos, esa madre y ese padre, que perdieron a un hijo que protegía a Am Israel

Me subí al avión triste, quería quedarme en Israel, a pesar de las sirenas, del miedo de andar en la calle y de toda la guerra en general, ¡quería quedarme! ¡Quería estar cerca de estas personas santas que están dando su vida por Am Israel!

Cuando llegamos, camino del aeropuerto, después de estar más de 24 horas sin saber qué pasaba en Israel, la ansiedad y angustia me estaban atacando. Le pregunté a mi papá qué había escuchado y me dijo que ya habían 27 soldados muertos. Otra vez se me cayó el mundo; otra mamá y otro papá sin su hijo, otra esposa viuda, otros niños huérfanos, otros hermanos esperando que su hermano vuelva a casa…

Vi enseguida mi mail, y después de todo lo que leí, pensé ¡Mi keamja Israel! '¡Quién es como Tu pueblo Israel!'.

Mails de amigas haciendo desayunos para los soldados, fotos de soldados con dibujos de niños que mandaron cartas de apoyo, mujeres de mi barrio haciendo canastas de comida para las familias del sur, recolectando juguetes para los niños, horneando tortas caseras para las esposas de los soldados, miles de cadenas de Salmos para rezar por ellos y por todo Am Israel, encuentros en casas para rezar, compartir la angustia, pedidos de Guedolei Hador (sabios de Torá) de no parar de rezar en cada minuto por nuestros hermanos que están peleando por nosotros, clases de Torá en honor a los soldados, plegarias especiales en el Kotel y sigue sumando….

Y ahora pienso nuevamente, ¡no hay como Am Israel! No hay pueblo en la tierra que se quiera tanto, que se una tanto; no hay pueblo en la tierra que tenga por cada familia o un hermano o primo o pariente peleando para proteger a un pueblo.

Cada vez que llega una mujer religiosa a dejarle desayuno a una esposa e hijos no religiosos porque su marido está peleando, ¿saben lo que pasa? Las dos lloran. Lloran porque a pesar de que son distintas, porque a pesar de que tienen diferencias de vida, son hermanas y se aman. Y esa es la grandeza de Am Israel, que no importa de qué color me visto o de qué color es mi kipá o qué estoy haciendo, somos hermanos, y aunque tenemos diferencias, nos amamos.

Una persona me contó que cuando llegaron muchas mujeres religiosas a darles pasteles a los soldados algunos lloraron; lloraron de la emoción de ver a estas mujeres preocupadas por ellos como si fueran sus hijos, como si fueran sus esposos, como si fueran sus hermanos.

Durante toda la historia de Am Israel, siempre han existido dos ejércitos: el ejército físico —por llamarlo de alguna manera— y el ejército espiritual. Necesitamos estos dos ejércitos porque sin el uno o el otro no funcionamos. No importa de cuál ejército seamos, lo importante es que sigamos haciendo nuestra misión. Si no estamos en el frente de batalla, tenemos que estar en el frente de las plegarias, pidiéndole a Hashem con todo el corazón que proteja a Am Israel y que pronto pueda haber paz. Recordemos que todos tenemos una misión y que si no estoy allá, acá también hay algo que hacer.

Pero lo más importante, recordemos que somos un pueblo excepcional, que cuando el otro está sufriendo y haciendo duelo por un familiar, yo también estoy de duelo. Recordemos que cuando estamos unidos es cuando más protegidos estamos.

El Segundo Templo se destruyó por sinat jinam, 'odio gratuito', “te odio simplemente porque te odio”. Cuentan los comentaristas que Hashem sufría tanto al ver al pueblo tan separado y tan enojado el uno con el otro, que pensó en destruir al pueblo, sin embargo, Hashem quiere tanto a Am Israel que dijo: “Prefiero sacar mi casa del mundo, prefiero irme por un tiempo antes que destruirlos” y así fue como el Segundo Templo se destruyó. Hashem nos está diciendo que prefiere destruir todo lo que es Suyo antes de destruirnos a nosotros.

Hoy tenemos que mostrarle a Hashem lo contrario, ahavat jinam, 'amor gratuito', “te amo simplemente porque te amo”.

Estamos en las tres semanas más difíciles de Am Israel, la época en que han pasado catástrofes terribles en todos los tiempos, y hoy en día, estamos viviendo una nueva guerra contra un grupo que nos quiere exterminar. Sin embargo, Hashem, desde lo alto del cielo está esperando que volvamos a ser hermanos, volvamos a jugar juntos, a conversar juntos, a vivir juntos. Ya hemos mostrado que podemos lograrlo, que somos un pueblo ejemplar, que nos queremos tanto que somos capaces de dar la vida por el otro. Si seguimos mostrando todo el cariño y amor que nos tenemos, tal vez dejaremos las lágrimas atrás, dejaremos de llorar más soldados que caen día a día y podremos vivir en paz nuevamente, y tal vez, este próximo 9 de Av, estaremos en paz, junto al Tercer Beit Hamikdash.

Am Israel Jai, '¡el pueblo de Israel vive!'.