Nunca olvidaré la lección que me enseñó Elie Wiesel.

Fue hace más de una década. Yo estaba involucrado en un proyecto que sólo podía tener éxito si era respaldado por alguien con el prestigio internacional de Elie Wiesel, la persona que grabó más que nadie el recuerdo del Holocausto en la conciencia del mundo. De alguna manera, esto es una historia en sí misma, tuve la fortuna de visitar en su casa al sobreviviente de Auschwitz y ganador del premio Nobel.

Al presentarme, le dije que a pesar de no haber nacido en este país, yo no era literalmente un sobreviviente, porque afortunadamente nunca tuve que soportar los horrores de un campo de concentración. Wiesel me corrigió de inmediato. Con gran seriedad me pidió que nunca volviera a repetir ese error. "Cuando Hitler, maldito sea su nombre, se dispuso a cometer un genocidio contra todo un pueblo dondequiera que se encontrara, hombres, mujeres y niños, entonces cada judío que vive hoy es un sobreviviente".

Esta es una profunda verdad que la mayoría de las personas no reconocen hasta hoy en día. Y tiene profundas implicaciones con respecto a la realidad política actual.

Quienes desean masacrar a los judíos encuentran formas de limitar aparentemente el objeto de su odio, de enfocar su intención asesina en una porción específica y selecta de los sobrevivientes del antisemitismo a lo largo de los tiempos. Hoy, la "cubierta de camuflaje" es "israelí". No, dicen los defensores de Hamás que arroja misiles terroristas para destruir y matar indiscriminadamente a civiles, eso no es antisemitismo. Es sólo porque son israelíes. Es sólo para aquellos que se atreven a emplear una "respuesta desproporcionada" a los misiles de Hamás, disparando a sus atacantes, a veces incluso dañando a niños y a los hospitales estratégicamente ubicados en sus posiciones de disparo. Sólo protestamos en contra de los "israelíes", proclaman las multitudes en todo el mundo.

Una verdad fundamental sobre la guerra contra Israel puede resumirse en una sola frase: cuando un estudiante atacó al sionismo, Martin Luther King le respondió: "Cuando las paersonas critican a los sionistas, se refieren a los judíos. Lo que tú dices es antisemitismo".

Y la mentira más fundamental sobre los innumerables artículos de opinión, las viciosas publicaciones en las redes sociales y las críticas a la política israelí es que el odio se dirige "sólo a la pequeña patria judía situada en medio de una enorme área de países árabes", cuando es absolutamente obvio que el objeto detestado y despreciado sigue siendo el mismo que durante miles de años: los judíos.

Años antes de que empezara el Holocausto, Hitler registró sus planes para un genocidio en su libro Mein Kampf. Los eruditos se burlaron y dijeron que era sólo una exageración política. Nadie podía ser realmente serio respecto a semejante plan. Pero por supuesto que él lo era. Tampoco Hamás dudó en manifestar abiertamente en sus estatutos los llamamientos para "el asesinato de judíos dondequiera que se encuentren". Judíos significa judíos, y dondequiera que se encuentren incluye a los Estados Unidos y a todos los demás continentes.

Nadie puede decir eso en serio. Excepto, por supuesto, las más de 17.000 menciones de las palabras "Hitler tenía razón" que la Liga antidifamación encontró recientemente en Twitter. O excepto los simpatizantes de los palestinos que golpearon viciosamente a judíos en Times Square. O excepto la multitud furiosa portando banderas de Hamás que le preguntó a quienes estaban comiendo en Los Ángeles una pregunta cuya respuesta a menudo condenaba a la gente a espantosos ataques, o incluso a la muerte: "¿Son judíos?".

Historias como estas se repiten en las ciudades más importantes del mundo. A ninguna de las víctimas les preguntaron si eran 'israelíes'. Todo lo que importaba era si ellos eran 'judíos'.

¿No es extraño que en un momento en el que cuando alguien es acusado de ser racista puede perder en un instante su trabajo y ser sacado de los medios sociales, el hecho de identificarse con Hamás, que convoca abiertamente a un segundo Holocausto, se considere como una postura moral que merece ser aprobada?

Lo que realmente me deja perplejo es que haya un número considerable de judíos que todavía no comprende las amenazas de Hamás, al igual que demasiados judíos alemanes inicialmente pensaron que ellos estaban excluidos del exterminio porque habían hecho mucho por su país, porque no eran judíos creyentes ni practicantes, porque proclamaban orgullosos que eran más alemanes que judíos. Sin embargo, para el mundo exterior y para Alemania, seguían siendo judíos.

Como me dijo Elie Wiesel, todos los que tenemos la buena suerte de estar vivos después del Holocausto debemos ser considerados 'sobrevivientes'. Asimismo, no importa en qué lugar del mundo vivamos o qué conexión tengamos con Israel, hoy todos somos judíos; todos somos un blanco de tiro. Y por esa razón, demasiadas personas me odian y te odian a ti también.

Cuando los judíos son atacados en Nueva York, Buenos Aires o París, no es por culpa de Israel, es por ser judíos.