No sé cómo pasó, pero tengo cerca de 50 años y sigo estando soltera.

Y me he rendido. Sé que nunca me casaré ni tendré hijos. No escribo este artículo para mí, sino para todos los que siguen creyendo y teniendo la esperanza de tener una vida normal.

Crecí en una casa religiosa típica y normal. Mis padres fueron sobrevivientes del holocausto, por lo que cuando digo que fue una casa normal, no es del todo exacto. Fue normal para esa generación. Al igual que todos los sobrevivientes, mis padres tuvieron muchos problemas, pero no tantos como los padres de algunos de mis amigos.

Mi padre tuvo mucha suerte. Habiendo llegado de Europa directamente después de la guerra, fue recibido por un tío que se había mudado a California dos años antes del comienzo de la guerra. Este tío tomó a mi padre bajo sus alas, lo educó, le dio un muy buen trabajo y le encontró una maravillosa compañera de vida: mi madre. Mi madre era muy joven cuando vino a Estados Unidos, por lo que pudo adaptarse bastante bien.

Tuvieron seis hijos; éramos unidos y tuvimos una niñez preciosa. Yo soy la penúltima. Vi a todos mis hermanos casarse con personas maravillosas, y tenía grandes esperanzas de que yo también me casaría algún día. Los años pasaban y nada ocurría. Me gustaría decir que sé por qué, pero con toda honestidad, no lo sé. Era brillante, atractiva, de una hermosa familia y tenía lo que todos llaman una buena personalidad. No era una de esas chicas que todos llaman "demaisado pretensiosas". Igual, algo salió mal, muy mal.

Al principio no sentía mucha presión. Era joven, estaba trabajando, tenía muchos amigos y disfrutaba ser soltera. Pero a medida que mis amigos y familiares se fueron casando, uno tras otro, aparentemente con poco esfuerzo, me empecé a poner nerviosa. Fui a rabinos para pedir bendiciones, viajé a Israel para rezar en los sitios sagrados de nuestros ancestros, y salí con todo el mundo.

Pero ahora me he rendido. Mi soledad ya no se puede expresar con palabras, y lo peor de todo, nunca conoceré la dicha de la maternidad.

Tú estás es una situación en la que puedes hacer una diferencia. Haz algo al respecto, y hazlo ahora.

No escribí este artículo para mí, sino para ayudar a quienes todavía buscan pareja. Sin embargo, mis palabras no están dirigidas a ellos, sino a quienes han encontrado a su bashert, su alma gemela. ¡HAGAN ALGO! Los que se han casado y tienen familias tienen una obligación para con los que no la tienen. Cuando alguien está enfermo recaudamos dinero para el tratamiento; cuando alguien necesita sangre después de una operación nos unimos y donamos; cuando una familia pierde a uno de los padres donamos nuestro tiempo y tratamos de ayudar.

Bien, la mayor enfermedad de esta generación son los miles de solteros que están en sus casas en soledad, clamando por la ayuda de Dios.

Estás en una situación en la que puedes hacer una diferencia. ¡HAZ ALGO AL RESPECTO AHORA! No permitamos que lo que me ocurrió a mí le ocurra a otro soltero más. Lloro por lo sola que estoy, y te ruego que ayudes.

Haz que ayudar a encontrar pareja a todo soltero que conozcas sea parte de tu vida. Esto salvará más vidas de lo que te imaginas.

No te quedes en silencio, dejando que nuestras lágrimas de soledad caigan sin levantar una mano para ayudar.