El Talmud (Taanit 7a) compara la Torá con el agua: así como el agua emana de un lugar elevado y fluye hacia un lugar más bajo, así también la Torá sólo se asienta en alguien que es humilde. La nación judía acaba de perder a un parangón de humildad y un gigante de la Torá, Rav Dovid Feinstein zt''l, quien falleció el viernes pasado a los 91 años.

Rav Feinstein fue una de las principales autoridades de la ley judía en el mundo y un importante miembro del Concilio de Eruditos de Torá de Agudat Israel de los Estados Unidos. Cuando surgían preguntas sobre temas relacionados con el final de la vida, pocos estaban dispuestos a aplicar la halajá, la ley judía, y dictaminar sobre casos tan sensibles. ¿Quién sabía lo suficiente como para determinar qué era apropiado? Rav Dovid sabía. A pesar de su naturaleza introvertida, él decidía con confianza en las consultas halájicas que llegaban desde todos los confines de la tierra.

Rav Feinstein tomó muy en serio su responsabilidad de decidir sobre la ley judía. Él era una persona con una increíble disciplina personal y estudiaba constantemente. En todas las bodas a las que lo invitaron, se sentaba y estudiaba. En su oficina, se sentaba y estudiaba. Llegó a convertirse en lo que era a través de décadas de esfuerzo para comprender las complejidades del Talmud. Y fue esta dedicación al estudio lo que hizo que acceder a él fuera algo tan significativo.

Un vecino bondadoso

Rav Dovid vivió en el Lower East Side durante los últimos 83 años. Allí es donde más se siente su pérdida.

Rav Dovid apoyaba a los establecimientos locales. Todas las semanas compraba sus alimentos en el supermercado kósher local y desayunaba en la pizzería kósher todas las mañanas. Mientras estaba allí, todos eran bienvenidos a sentarse en su mesa y acompañarlo. Muchos aprovechaban la oportunidad para formularle preguntas sobre la aplicación de la ley judía o para pedirle consejos sobre asuntos personales. Él estaba disponible y accesible para cualquiera que buscara su opinión, sin imponer nunca su opinión sobre quien no la pidiera.

En Simjat Torá, el Rosh Ieshivá acostumbraba a sentarse en medio del círculo de animados bailes sosteniendo un Séfer Torá. Un año, cuando teníamos unos cuatro años, con una de sus nietas decidimos jugar a "que no te pisen". Nos unimos al círculo de hombres que bailaban, entrando y saliendo del círculo. Basta decir que era peligroso tanto para nosotras como para los adultos que intentaban no tropezar.

El Rosh Ieshivá se dio cuenta de nuestro juego, nos sonrió cálidamente y nos invitó a sentarnos con él en el centro del círculo.

Rav Shlomo Fishelis, uno de sus nietos, al hablar de su abuelo dijo que era un "buen compañero de juego". Él contó que el Rosh Ieshivá estaba dispuesto a posar para que lo fotografiaran con todo el que se lo pedía, y dejaba que volvieran a sacar la foto tantas veces como fuera necesario hasta que la persona estuviera satisfecha.

Cuando la editorial Artscroll luchaba para sobrevivir, Rav Dovid les prestó a sus fundadores —que eran sus discípulos— los ahorros de toda su vida para que la mantuvieran a flote. Un periódico judío una vez les preguntó a personas prominentes a qué tres invitados les gustaría invitar para la cena de Shabat. Muchos mencionaran a grandes personalidades del Tanaj, del Talmud o de la actualidad. Rav Dovid respondió que invitaría a tres personas pobres que no tuvieran dónde comer.

No le interesaba el honor

La Ieshivá Metivta Tiferet Jerusalem (MJT), donde Rav Dovid fue Rosh Ieshivá, siguió siendo una parada más del tren F de la parte baja de Manhattan, a pesar de ser el hogar de imponentes eruditos talmúdicos. Allí llegaron judíos de todas las clases, incluso aquellos con pocos conocimientos sobre judaísmo. En MJT, a nadie le llamó la atención esto. De hecho, muchos de los grandes eruditos se ofrecieron a estudiar con ellos. El Rosh Ieshivá creó un ambiente en donde la gente llegaba a estudiar Torá y cualquier otro dato externo era irrelevante.

Una vez, Rav Shaj dijo sobre Rav Moshé Feinstein, el ilustre padre de Rav Dovid: "Su grandeza estaba en su sencillez". Sin duda Rav Dovid vivió a la altura de su noble herencia.

El mundo ha perdido a un gigante. Extrañaremos su liderazgo y su sabiduría, así como su calidez y su accesibilidad.