A finales de la Edad Media, los eruditos de la familia judía Abarbanel se convirtieron en consejeros de reyes y príncipes. Cuando la Edad Media dio paso al Renacimiento, Rav Don Itzkaj Abarbanel emergió como un verdadero hombre del renacimiento. Erudito, líder religioso, filántropo, diplomático, banquero y consejero real. Pocas figuras en la historia europea pueden compararse con la erudición y la grandeza de Rav Itzjak, ni con su preocupación por sus hermanos judíos.

El padre de Rav Itzjak, Rav Iehudá Abarbanel, fue consejero del rey Enrique de España, quien gobernada en la ciudad de Castilla. El rey Enrique confiaba plenamente en el buen consejo de Iehudá y rechazó las propuestas de los líderes católicos de perseguir a los judíos en su reinado. Pero la relativa paz para los judíos españoles de la región se vio alterada cunado emergió un líder popular y carismático que predicaba el odio contra los judíos.

Ferrand Martínez, un sacerdote local y confesor real, odiaba a los judíos de España y no perdió tiempo en alimentar las llamas del odio entre los cristianos. Él predicaba en contra de los judíos y luego conducía a una turba de pueblo en pueblo, atacando los barrios judíos, entrando a las sinagogas y amenazando con matar a los judíos a menos que se convirtieran de inmediato. Sevilla, Córdoba, Toledo y muchos otros pueblos pequeños fueron atacados por los grupos de Martínez, y la región comenzó a vaciarse de sus judíos.

Rav Iehudá Abarbanel huyó junto con muchos de sus compatriotas y se estableció en la vecina Portugal, donde sus talentos innatos una vez más llamaron la atención de los gobernadores locales. Iehudá se convirtió en uno de los consejeros favoritos del rey Alfonso V de Portugal. Finalmente seguro y con dinero, le pudo brindar una sólida educación a su brillante hijo, Itzjak. Itzjak dominaba varios idiomas y se destacaba en sus estudios de judaísmo y filosofía. Él comenzó a escribir libros sobre algunos de los temas más fundamentales del pensamiento judío, abordando aspectos tales como la naturaleza de la profecía. También compuso comentarios sobre la Torá. Itzjak se convirtió en rabino, igual que su padre. Eventualmente se vio obligado a dejar de estudiar todo el día cuando el Rey Alfonso le ordenó unirse a su padre y trabajar para la familia real, y nombró a Itzjak tesorero de la corte real de Portugal.

En la Corte Real de Portugal

Rav Itzjak aconsejó bien al rey y ayudó a Portugal a crecer en importancia y prestigio. Él nunca olvidó a sus hermanos judíos y siempre buscó formas de aliviar las diversas cargas que colocaban sobre la comunidad judía en lo que a menudo era una dura tierra católica. En 1471, cuando el rey Alfonso capturó un pueblo en Marruecos, colocó a los 250 judíos del pueblo a la venta como esclavos. Rav Itzjak entró en acción. Él sabía que sería imposible cambiar la decisión del rey respecto a la venta, así que ofreció su propio dinero y recolectó fondos adicionales entre los judíos de Portugal para comprar para sí mismo los esclavos y luego liberarlos. Durante los siguientes dos años, Rav Itzjak mantuvo personalmente a esos 250 judíos marroquíes, hasta que aprendieron a hablar portugués y se establecieron en trabajos y ocupaciones.

Cuando murió el rey Alfonso en 1481, Portugal se volvió mucho menos tolerante hacia los judíos. El hijo mayor del rey, el Rey Juan II, acusó a muchos de los antiguos consejeros de su padre de complotar en su contra. Él mandó a llamar a su palacio un grupo de consejeros y ministros, entre ellos a Rav Itzjak. Rav Itzjak iba camino a su encuentro con el nuevo rey, cuando un informante amigo lo detuvo con espantosas noticias: cuando cada consejero real se aproximaba al palacio, lo atrapaban y le cortaban la cabeza. Sin perder tiempo, Rav Itzjak dio media vuelta y trató de huir con su esposa y sus hijos a España.

El comentario de la Torá

La familia se asentó en Toledo. Allí se encontraron sin dinero y sin conexiones. Rav Itzjak comenzó a trabajar para una compañía bancaria judía y dedicó su tiempo libre a escribir comentarios sobre la Torá. Esas obras bellas y profundas se siguen estudiando hasta la actualidad.

Rav Hersh Goldwurm zt”l explicó la perdurable atracción de los escritos de Rav Itzjak Abarbanel:

“La producción literaria del Abarbanel fue voluminosa y multifacética… El Abarbanel se destaca entre los comentaristas judíos de la Biblia porque no duda en citar comentarios de los exégetas cristianos, tales como Jerónimo, Nicolás de Lyra y otros, a veces incluso aceptando sus opiniones. Una cualidad sorprendente de la obra de Abarbanel es su exhaustividad. Uno puede esperar encontrar allí un compendio abarcador de perspectivas sobre cualquier tema”. (Citado en The Early Acharonim, compilado y editado por Rav Hersh Goldwurm. Mesorah publications Ltd.: 2008).

La vida pacífica del Abarbanel en Toledo llegó a su fin en el año 1484, cuando el Rey Fernando y la Reina Isabel de España le ordenaron convertirse en su tesorero real, retomando la carrera que había cumplido con distinción en Portugal.

Rav Itzjak no hubiera podido negarse a aceptar una orden real, pero puede haber tenido una razón secundaria para aceptar. El temido sacerdote español Tomás de Torquemada era ahora el jefe de la Inquisición española y tenía la intención de develar a los judíos secretos que habían jurado lealtad a la iglesia católica por miedo, pero que mantenían en secreto su vida judía. Estos judíos secretos eran sujetos a espantosas torturas y muertes. Los historiadores especulan que Rav Itzjak pensó que al estar cerca de los reyes de España podría usar su influencia para aliviar los más duros decretos y leyes contra los judíos.

Fernando e Isabel

Aunque Rav Itzjak se convirtió en un consejero vital para Fernando e Isabel, ellos apoyaban ardientemente a la Inquisición y aparentemente tenían una antipatía personal hacia los judíos. Rav Itzjak sirvió como el agente financiero personal de la reina Isabel y recolectó el dinero que ella y Fernando necesitaban para capturar la ciudad de Granada y completar la unificación de España como un país cristiano bajo su dominio. En vez de estar agradecidos por su rol en la victoria, Fernando e Isabel se volvieron en contra de Rav Itzjak y del resto de los judíos de España. Los reyes emitieron un decreto: en 1492 sólo se le permitiría residir en España a los cristianos. Cualquier judío que se negara a convertirse estaba obligado a partir.

Rav Itzjak le suplicó a la pareja real que anulara su decreto, pero nada sirvió. Les ofreció recolectar vastas sumas de dinero para la corte real si permitían que los judíos se quedaran. Fernando e Isabel no se inmutaron. Le dijeron a Rav Itzjak que si él se convertía al cristianismo podía quedarse y mantener su puesto en la corte real. Rav Itzjak les respondió que eso era imposible.

En la solemne festividad judía de Tishá BeAv del año judío 5252 (30 de julio de 1492), Rav Itzjak y su familia se unieron a decenas de miles de judíos españoles que subieron a los barcos que los llevarían lejos de España. Muchos de estos refugiados desesperados fueron vendidos como esclavos o arrojados al mar por inescrupulosos capitanes de barco. Rav Itzjak y su familia lograron llegar a Nápoles.

Cuando el rey Fernando supo que los judíos españoles llegaban a esa ciudad italiana, exigió que el rey de Nápoles (que también se llamaba Fernando) les negara la entrada a los judíos. El rey Fernando de Nápoles no se dejó intimidar y permitió que los judíos se establecieran en su territorio. Rav Itzjak había pensado dedicarse por completo a escribir sus comentarios sobre la Torá, pero el rey de Nápoles exigió que volviera a asumir el rol de tesorero en su nuevo hogar.

Sin descanso

Rav Itzjak se convirtió en tesorero y consejero real del Rey Fernando de Nápoles, al igual que de su hijo, el Rey Alfonso II, que sucedió a su padre en 1494. Pero los problemas de Rav Itzjak no habían terminado. En 1495 Nápoles cayó en manos de Francia y el Rey Alfonso II huyó a la isla mediterránea de Sicilia. Rav Itzjak y su familia partieron con el rey depuesto, y siguieron sirviéndole en el exilio.

Ya era un hombre mayor, pero sus andanzas no habían terminado. Cuando murió el rey Alfonso II, Rav Itzjak se mudó a la isla de Corfu, donde vivió en pobreza, estudió, escribió y trabajó en sus voluminosos escritos. Luego regresó a Nápoles, y posteriormente se fue a Venecia, donde los ancianos de la ciudad lo invitaron a ser un oficial del gobierno. Rav Itzjak seguía siendo un brillante estadista y eventualmente se convirtió en uno de los gobernantes de la república veneciana. Falleció en 1509, un veneciano celebrado y famoso. Los principales líderes del gobierno de Venecia asistieron a su funeral en el pueblo italiano de Padua, que en ese momento contaba con una gran población judía y tenía un cementerio judío.

En su comentario sobre la famosa historia bíblica del encuentro de Iaakov con su hermano Esav (que había jurado matarlo), el Abarbanel señala que Iaakov temió de Esav y “su miedo era como el de un verdadero héroe que al ir a la batalla teme a la muerte y siente el peligro, pero por motivos nobles desprecia la vida y elige una muerte valiente…” (Citado en New Studies in Bereshit por Nejama Leibowitz). Esta sutil descripción de los sentimientos de nuestro patriarca Iaakov puede reflejar también las dramáticas realidades de la vida de Rav Itzjak. Durante su larga vida Rav Itzjak Abarbanel salió a la batalla, se sumergió en la vida pública y trabajó con desesperación para que sus comunidades fueran un lugar mejor y más seguro para los perseguidos judíos de Europa.