En el 2001, durante mi segundo año de universidad en Inglaterra, los estudiantes judíos recibieron un paquete de regalo y allí había un libro que cambió mi vida. El libro se llamaba Radical Then, Radical Now (publicado en los Estados Unidos como Letter in the Scroll). Esta fue una de las primeras obras en las que Rav Jonathan Sacks expresó de forma elocuente y singular el significado del judaísmo y cuál es su importancia en la actualidad.

Rav Sacks dio un fuerte impulso a mi propio viaje hacia el judaísmo, el cual me llevó a una ieshivá en Jerusalem, a una carrera en educación judía y, hace poco, de regreso a una universidad en Inglaterra, como rabino de Aish. Ya perdí la cuenta de cuántas copias de ese libro regalé a los estudiantes que, como yo, buscaban un significado y una conexión más profunda con su herencia.

El último Shabat, con el fallecimiento de Rav Sacks, el mundo judío ha perdido a uno de sus mayores maestros y embajadores. Para decenas de miles de judíos, no sólo en Inglaterra, sino en todo el mundo, Rav Sacks era un campeón del pensamiento. Su sabiduría de Torá y su elevación filosófica, combinadas con una increíble capacidad narrativa, un humor gentil y un increíble realismo, lograron difundir la luz del judaísmo y dar a muchos judíos un sentido de dirección.

Un embajador del judaísmo

Con una distinguida carrera académica y un doctorado en filosofía, Rav Sacks nunca tuvo miedo de defender al judaísmo ni a sus enseñanzas. En sus múltiples presentaciones en radio y televisión, en videos y libros, el mundo no tuvo ninguna duda de que el judaísmo no sólo podía resistir al escrutinio filosófico, sino que también podía dictar las reglas.

Uno de estos ejemplos inolvidables fue el épico debate con el conocido filósofo ateo Richard Dawkins, que ya fue visto por centenas de miles de personas, en donde Rav Sacks con su típica sabiduría y su oratoria sublime dejó varias veces a Dawkins sin palabras, exponiendo qué poco entendía sobre la profundidad del judaísmo. Ese debate fue un bálsamo para las almas en busca de sentido. Ahora, como maestro de inglés en una ieshivá tijoní en Jerusalem, me encanta pasar sus clips a mis alumnos. No sólo es una muestra sumamente impresionante de oratoria, sino que verlo en acción nos deja a todos sintiéndonos mucho más fuertes.

Al haber crecido en lo que a veces puede parecer un mundo sin Dios, donde la burla y el ridículo a menudo se equiparan con la vida y los valores religiosos, no puedo exagerar al referirme a la fuerza y el impacto personal de la capacidad de Rav Sacks para compartir el mensaje del judaísmo con todo el mundo. Él estaba orgulloso y nosotros nos volvíamos orgullosos, él hacía bromas y sonreía y todos nos relajábamos todavía más.

Cartas al Rav Sacks

Rav Sacks no fue sólo un gran erudito, sino que fue una persona amable, cariñosa y generosa, un verdadero modelo de carácter para los judíos de todas las edades en todo el mundo. A lo largo de los años, mis interacciones con él fueron pocas, pero cada una dejó una profunda impresión.

Cuando era un estudiante, decidí escribirle y compartir una idea que yo pensaba que podía ayudar a enseñar judaísmo en las áreas de provincia del Reino Unido, donde no había escuelas judías. Me sorprendió recibir una respuesta algunas semanas más tarde, invitándome a una reunión personal en su oficina en Londres. Me quedé mudo. A lo sumo esperaba que me mandara una carta alguien que trabajara en su oficina, pero él realmente quería encontrarse conmigo, personalmente.

Nuestro encuentro duró más de media hora. Rav Sacks estaba interesado, me alentó y me hizo sentir que mis ideas eran importantes y que podía llegar a marcar una diferencia en el mundo. Lamentablemente la idea no llegó demasiado lejos, pero ese encuentro me enseñó mucho respecto a cómo se debe valorar a las personas. El tiempo de Rav Sacks era sumamente valioso. Pero él quería conectarse con cada judío, hacer sentir a cada uno que era importante, que el mundo judío lo necesitaba.

Orgullo por Israel

Uno de los mayores legados de Rav Sacks es su impulso al orgullo judío. Yo era un estudiante universitario durante la época de la segunda intifada, una época marcada por espantosos ataques terroristas contra los israelíes, entre ellos el ataque al Hotel Park en la noche del Séder y el ataque a la pizzería Sbarro en el 2001, por nombrar algunos. Gran parte de los medios de comunicación británicos, así como el mundo académico, bullían de acusaciones de masacres infundadas contra el ejército de Israel, en vez de prestar atención a la cantidad de víctimas de cada ataque terrorista. Defender a Israel se había vuelto una tarea tóxica, a menudo imposible.

En mayo del 2002, durante mi tercer año de universidad, se organizó una manifestación masiva de apoyo a Israel en la Plaza Trafalgar, en Londres. El punto cumbre de esa experiencia fue cuando Rav Sacks subió al escenario. Su voz resonó con el profundo afecto que él tenía por la Tierra y el pueblo de Israel, y puso las cosas en claro. Aludiendo a los logros del país, Rav Sacks dijo que Israel era algo de lo que debíamos estar profundamente orgullosos y que, como judíos, todos debíamos caminar con la cabeza en alto. La emoción fue gigante cuando concluyó liderando a más de 50.000 personas en la recitación de Salmos por la paz y la protección de Israel. No había ningún orador que se le pudiera comparar, nadie que inspirara tanto respeto y que hablara con tanta dignidad, emoción y orgullo.

Cuando Rav Sacks se disculpó

Rav Sacks dejó una huella indeleble cuando yo trabajaba para un movimiento juvenil judío en el Reino Unido. Rav Sacks aceptó una invitación para asistir a un evento especial a fin de año, en el que se entregarían premios a los líderes juveniles que habían completado proyectos personales de estudio de judaísmo. La noticia de su participación generó mucha expectativa.

Pero el día del evento me llamaron de la oficina del Gran Rabino y se disculparon diciendo que Rav Sacks no se sentía bien. La secretaria me dijo que el Gran Rabino quería extender sus disculpas personalmente y me pidió que no cortara la llamada. Me quedé paralizado cuando Rav Sacks comenzó a hablarme por el teléfono. Me preguntó sobre el movimiento juvenil y los preparativos para el evento, y a cada momento su voz se oía más fuerte y con más energía.

Rav Sacks decidió que no podía no participar en el evento. Una hora más tarde, su oficina confirmó que asistiría tal como se había planificado.

Después de dirigir unas fuertes y motivadoras palabras, él y su esposa Elaine entregaron un libro a los jóvenes líderes, deteniéndose para mantener una breve conversación con cada uno de ellos. Rav Sacks no se sentía bien, pero no podía permitirse perderse ese evento y brindó toda su dedicación para fortalecer al pueblo judío. Esa noche, Rav Sacks logró que 70 líderes juveniles y sus padres se sintieran gigantes.

Rav Sacks, siempre recordaremos que tal como nosotros lo considerábamos un gigante, también nosotros éramos gigantes a sus ojos.

Extendemos nuestras condolencias a la esposa de Rav Sacks, Rebetzin Elaine, a sus hijos, familia y amigos. Que su recuerdo sea para siempre una bendición.