El lunes, a eso de la una de la tarde, iba caminando en dirección a la ciudad vieja de Jerusalem cuando de repente un taxista me gritó algo. “¿Qué pasa?”, le pregunté. “Falleció Rav Ovadia”, me respondió con desconsuelo. “¿Qué vamos a hacer ahora?”.

Pocos minutos atrás había fallecido uno de los más grandes rabinos de nuestra generación, Rav Ovadia Yosef zt’’l.

Más de 800.000 personas —un 10% de la población de Israel— asistieron al funeral que se realizó la noche del lunes en Jerusalem. Miles de personas dejaron sus autos a un costado de la colapsada carretera que llega a Jerusalem y desfilaron a pie hasta el lugar del entierro para rendir un último homenaje a su líder y guía. Sefaradim y ashkenazim. Ortodoxos y seculares. Políticos y artistas. Gente de todos los grupos y esferas lloró la partida de uno de los mayores sabios de nuestros tiempos.

En el funeral, uno de sus hijos relató la siguiente historia:

Cuando Aba (papá) tenía 79 años, sufrió su primer ataque al corazón. Fuimos rápidamente al hospital, y cuando llegamos los doctores nos dijeron que necesitaba urgentemente ser sometido a una cirugía de bypass coronario. Aba pidió ir primero a casa por tres horas y luego realizarse la cirugía. Nosotros le suplicamos: “Aba, no la pospongas. ¿Qué razón puede haber para que se justifique posponer una operación urgente de bypass coronario?

Aba respondió que él estaba en medio de escribir una responsa que le permitiría a una aguná volver a casarse. Entonces dijo: “Luego de que yo entre al hospital para que me realicen la cirugía, no sé cuándo ni cómo saldré. Si no le emito a esta aguná el permiso para casarse, ¿quién lo hará en mi lugar? ¿Quién se asegurará de que ella sea puesta en libertad? ¿Quién se preocupará de su situación?”.

Ante el asombro de los doctores, el Rav volvió a su casa por tres horas para completar la responsa con todas las razones que determinaban por qué desde el punto de vista halájico esta mujer no se consideraba una aguná. Sólo entonces volvió al hospital para someterse a la cirugía.

Un matrimonio judío sólo puede terminarse con la muerte de uno de los miembros de la pareja o con el divorcio. Si no se sabe si el esposo está muerto, o en el caso en que éste no está disponible para dar el guet, eso podría dejar a la mujer en el limbo, imposibilitada de casarse nuevamente. Esta situación es llamada aguná.

Rav Ovadia Yosef, postergó 3 horas su propia cirugía de corazón, sin la cuál su vida peligraba cada segundo, para terminar el documento que le permitiría a esa mujer volver a casarse.

Su entrega por Am Israel no tenía límites. La pregunta que miles de judíos se hacen en este momento es “¿Qué vamos a hacer ahora?”.