Probablemente no hay mejor manera de describir el último año que con las palabras que usó hace algunos años la Reina Elizabeth al mirar retrospectivamente lo que había experimentado en ese momento el Reino Unido: "Este fue un annus horribilis".

La frase en latín que significa un 'año horrible', apenas llega a capturar lo que ha atravesado el mundo durante este período de pandemia global. Es difícil celebrar Rosh HaShaná con esperanza cuando nuestras vidas comenzaron a acostumbrarse tanto a la tragedia. Las plegarias surgen con gran dificultad cuando se ven acompañadas por una plaga que parece interminable; nuestra fe se ve profundamente desafiada por la prevalencia del dolor y del sufrimiento, seguido por la muerte prematura e inesperada.

Rosh HaShaná demandará muchísima confianza espiritual en los caminos de Dios. Hay mucho que no podemos entender, y nos encontramos abrumados, tal como Iov en la Biblia, que no lograba entender las inequidades de la vida y su aparente irracionalidad.

Pero a pesar de esto, los judíos de todo el mundo encontraremos una forma de unirnos (con distanciamiento social, mascarillas y talitot) para reafirmar nuestra fe. La fe en Dios, Quien creó al mundo en este día. La fe en Dios, Quien, de acuerdo con la lectura de la Torá para este día, escuchó las plegarias de Sara y la bendijo con un hijo. Y, lo más notable, la fe en Dios que nos bendijo a todos con el milagro de la supervivencia judía.

El final del año, de acuerdo con los sabios judíos, tiene mucho significado. Es un presagio de lo que vendrá en el nuevo año.

Los judíos no sólo deben ver la mano de Dios escribiendo el guión de la historia, sino que, en términos todavía más dramáticos, deben reconocer el aspecto profético de la lectura de la Torá del día de Rosh HaShaná.

Hace mucho que los sabios judíos nos enseñaron que las porciones de la Torá que elegimos para leer —tanto en Shabat como en las festividades— tienen significados ocultos. Allí hay mensajes Divinos sobre los eventos más importantes de la época. A veces su intención es obvia; otras veces sólo obtenemos claridad cuando inesperadamente los titulares de los diarios hacen eco de los versículos bíblicos.

Este Rosh HaShaná, de pronto entendemos por qué una extraña historia sobre Abraham se estableció como la lectura de la Torá en un día en el que hubiéramos esperado simplemente leer sobre la historia de la creación. La Torá nos dice en Génesis 21:22-27: "Y sucedió que en ese tiempo Abimélej y Pijol, jefe de su ejército, hablaron con Abraham" y reconocieron su gran éxito. Ya era hora, en verdad hacia mucho que debía haber ocurrido, que los antiguos enemigos hicieran la paz. "Y juntos hicieron un pacto".

Este fue el histórico Acuerdo de Abraham. Esto ocurrió hace más de tres milenios y volvió a ocurrir esta semana.

El 15 de setiembre del 2020, en la última semana del annus horribilis, los últimos días del año judío 5780, Israel, Bahréin, los Emiratos Árabes Unidos y los Estados Unidos firmaron una serie de acuerdos que fueron nombrados "Los Acuerdos de Abraham". Un evento histórico que incluso el New York Times admite que "deja abierta la posibilidad para que más estados árabes firmen la paz con Israel".

Desde sus inicios, hace 72 años, Israel esperó y rezó pidiendo tener relaciones normales con sus vecinos, que se diera prioridad a la paz por sobre la guerra, que hubiera respeto mutuo y una visión compartida que beneficiara a las generaciones futuras. Para muchos, eso parecía ser un sueño demasiado irreal como para que alguna vez lograra concretarse. Sin embargo, siempre fue el sueño de los profetas. Es aleccionador que los ideales de las Naciones Unidas —en la visión de los fundadores de la organización— se resuman en la visión del profeta Isaías de que "las naciones cambiarán sus espadas por arados y sus lanzas por hoces", tal como está inscrito en el muro de granito llamado el "Muro de Isaías", en la plaza frente al edificio de la ONU.

Yo no creo en absoluto que sea mera coincidencia que la lectura de la Torá para Rosh HaShaná hable precisamente del "acuerdo de Abraham". Siempre sentimos que algún día ocurriría, porque tal como dijo Mark Twain: "la historia no se repite a sí misma, pero a menudo rima".

Por lo tanto, en Rosh HaShaná del año 5781, comenzaremos el año no con referencias desesperanzadoras a plagas, sino a una histórica señal auspiciosa. Así como dice la tradición judía, que terminen las maldiciones del pasado año y que las bendiciones que Dios prometió para nuestro futuro se cumplan prontamente. La clase de cumplimiento que ya quedó ilustrado por el milagro que acaba de tener lugar en la Casa Blanca.