Este año espero con ansias que llegue Tishá BeAv. Deseo sentir el duelo. Verán, durante el auge de la pandemia, tuve que mantenerme fuerte para mi familia y mis alumnas. Aunque me estremeciera de miedo cada mañana al revisar las noticias, de todos modos tenía que preparar el desayuno, el almuerzo y la cena de ese día. Había que preparar lecciones y dictar clases, acomodar mesas y limpiar el piso. Simplemente no era una opción quebrarse y llorar por las nuevas familias en duelo. Tenía que mantenerme fuerte.

Cuando hubo historias espantosas de pérdida y devastación, al mismo tiempo había clases escolares en las que mis hijos tenían que participar a tiempo. Tenía que estar disponible y controlarme.

Así que guardé todo el dolor en una caja que llamé: "Cuando haya tiempo". Comenzó la limpieza de Pésaj. Las semanas pasaron volando, aunque los días parecían interminables. De repente había que cocinar las comidas para Shavuot. Mis hijos seguían necesitando comer cada día. Los niños no dejan de necesitar que los atiendan simplemente porque sus padres están angustiados.

Así que la "caja" permaneció cerrada. De vez en cuando se aflojaba una solapa, como cuando vi una campaña juntando fondos para una novia cuyo padre falleció una semana antes de su boda. O cuando leía una sinopsis de un obituario sobre algunas de las grandes personas que perdimos.

¿Pero cómo puedo abir esa "caja" cuando hay más ropa para lavar y guardar? Mis hijos necesitan una madre emocionalmente estable.

Así que pegué esa solapa y me dije a mí misma que un día le permitiría a mi corazón sentir el dolor de lo que pasaba y lamentar lo que perdimos.

Cuando era jovencita, no me gustaban las Tres Semanas y en especial los Nueve Días y todas sus restricciones de duelo. En el medio del verano de Israel, justo en las vacaciones, existía este período de duelo. No se podía escuchar música. No más actividades con agua, que eran mis favoritas. ¿Por qué el período de duelo no podía tener lugar en medio de un oscuro mes invernal?

Ahora que soy mayor, y espero también un poco más sabia, veo que hay pocas cosas que sean blanco y negro. El duelo no tiene murallas ni momentos distintivos. Tampoco la alegría. Está el nuevo bebé que llega con el desafío del agotamiento y los cólicos. Están los novios radiantes y extasiados, aunque les esperan años de aprendizaje sobre comunicación, compromiso y crecimiento merecidamente ganado. Está el orgulloso jovencito que hace su bar mitzvá y lee la Torá, pero en la celebración falta el abuelo que falleció demasiado joven.

Así también hay bellos días de verano, pero todavía no está reconstruido el Tercer Templo en Jerusalem. Hay niños chapoteando en las piscinas, pero alrededor de ellos el mundo se está desintegrando. Hay demasiados enfermos con enfermedades terribles, sin embargo, el sol aún brilla con fuerza.

El período previo a Tishá BeAv detiene todo. ¿Acaso alguna vez todo es verdaderamente luz o completamente oscuridad? En medio de la pandemia, vimos miseria más allá de lo que podíamos creer posible, pero eso también vino acompañado de una bondad, creatividad y unión sin precedentes. Esta época terrible sacó a la luz el valor del trabajo excepcional de muchas personas.

En unos cuantos días más, en Tishá BeAv, llegará el momento en el que podré finalmente sacar y abrir mi "caja de dolor". Este año la conexión con el duelo será más fuerte y más profunda. Y rezo para que el próximo año también espere ansiosa que llegue Tishá BeAv, pero esta vez por una razón muy diferente. Así como está escrito en nuestras fuentes, rezo para que podamos ver en Tishá BeAv el fin de todas estas tragedias y que Dios nos redima muy pronto.