Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente el pensamiento de AishLatino.com.

Publicado originalmente en inglés en The Times of Israel. Por David Horovitz, 20 de enero de 2015.

Cuando me senté el lunes a escribir sobre la nefasta muerte del valiente fiscal de Buenos Aires que expuso la orquestación y planificación del atentado de la AMIA en 1994 por parte de Irán y Hezbolá, ni siquiera mencioné la hipótesis inicial de las autoridades argentinas de que Alberto Nisman se había suicidado, por lo insultante y ridícula que parecía.

Un día después, sin embargo, la absurda idea de que Nisman se quitó la vida se ha convertido en la aserción dominante de las autoridades argentinas. Vamos a arrancar esa mentira de raíz. Alberto Nisman no se suicidó.

(Es plausible que lo hayan obligado a ponerse una pistola en la sien —una posibilidad que la fiscal investigadora argentina dejó abierta—, pero eso no es suicidio; eso es asesinato).

Acabo de volver de una conversación con el autor argentino Gustavo Perednik, quien escribió un libro el año pasado sobre el caso AMIA, Matar sin que se note, y que además era un buen amigo de Nisman. “Son tonterías; son mentiras”, me dijo enérgicamente sobre la despreciable hipótesis de suicidio.

Perednik, que estaba en contacto constante con Nisman y que se reunió con él en Buenos Aires hace tan sólo un mes, señala que tanto la personalidad de Nisman como el momento de su muerte hacen que la noción de suicidio sea risible.

“Nisman era un optimista que amaba y disfrutaba la vida y que se dedicó por completo a su trabajo”, señala Perednik. “Él era un hombre que se sacudía de encima las amenazas de muerte, era equilibrado, centrado y decente; un buen hombre”.

En cuanto al timing de su muerte, Perednik se frustra enormemente ante la ingenuidad de alguien dispuesto a creer que un fiscal que ha pasado una década entera liderando a un equipo de 30 personas que investigan el peor ataque terrorista jamás cometido en la Argentina; que identificó a los líderes iraníes que ordenaron el ataque y los colocó en las listas de vigilancia de la Interpol; que indagó e identificó a los terroristas de Hezbolá que llevaron a cabo el atentado; que dejó al descubierto las redes terroristas aún activas de Irán en Sudamérica; y que estaba a punto de detallar los supuestos esfuerzos de la presidenta argentina Cristina Fernández y del canciller Héctor Timerman de encubrir el rol de Irán en el atentado, opte por tomar su propia vida sólo unas horas antes de dar su testimonio ante una audiencia del Congreso.

Pero Nisman fue encontrado muerto por una herida de bala “autoinfligida” en su departamento cerrado, sin ninguna señal de que las puertas hayan sido forzadas, dicen las autoridades argentinas. Perednik es breve y fulminante respecto a las intenciones y a las capacidades: “¿Alguien duda que un gobierno capaz de encubrir a Irán es capaz también de producir un fiscal muerto en un apartamento cerrado?”, se pregunta. “En nuestra última conversación, Nisman me dijo que su testimonio forzaría a [los máximos dirigentes argentinos] a huir o a enfrentar una condena en la cárcel. Él me dijo: ‘¡Voy a ponerlos tras los barrotes!’”. El domingo era la última oportunidad que tenían para detenerlo.

El caso de la AMIA sí se resolvió

Otra mentira que se propagó por el mundo —y que también debemos arrancar de raíz— es que el caso AMIA nunca se resolvió. No sólo Nisman ha sido asesinado, sino que sus 10 años de trabajo están siendo tergiversados, incluso borrados. El caso de la AMIA fue enfáticamente resuelto, nada más y nada menos que por Alberto Nisman.

Él investigó y descubrió que la orquestación del atentado comenzó en una reunión en agosto de 1993 de líderes iraníes, e identificó a los conspiradores clave ayudando enormemente a la Interpol. Sabemos perfectamente quién ordenó el ataque: un comité del gobierno iraní encabezado por el líder supremo Ali Khamenei y el entonces presidente Hashemi Rafsanjani. Sabemos quién hizo los arreglos necesarios: el difunto —y no llorado— jefe terrorista de Hezbolá Imad Mughniyeh. Y sabemos todo sobre Ibrahim Berro, el atacante suicida que condujo la van llena de explosivos y se estrelló en el edificio de la AMIA el 18 de julio de 1994, matando a 85 personas inocentes. Todo gracias a Alberto Nisman.

Resolver el caso, debo señalar, no es lo mismo que llevar a los culpables ante la justicia. A pesar de los esfuerzos de Nisman, los conspiradores iraníes no han sido ni acusados, ni juzgados ni encarcelados, en gran parte —él presuntamente estaba a punto de demostrar— debido a la complicidad de Cristina Fernández. Si esto fuese así, sería una ironía suprema y terrible, dado que su mismísimo difunto marido, Néstor Kirchner, horrorizado por años de investigación defectuosa, sesgada y politizada del atentado de la AMIA, fue quien designó a Nisman hace una década precisamente para que descubriera la verdad y la expusiera ante toda la nación.

El momento de la verdad de Argentina

Perednik ve en el asesinato de Alberto Nisman un “golpe devastador” para la justicia argentina; la muerte de “un símbolo de la dedicación de corazón a la verdad; un mundo destruido; una victoria para los malhechores”.

No obstante, cree que la batalla aún no está perdida. Él dice que Jaime Stiusso, un ex oficial superior de la Secretaría de Inteligencia Argentina (SI) que fue despedido por Fernández, es el funcionario más capaz tanto de llegar al fondo del asesinato de Nisman como de producir la evidencia —incluyendo supuestas grabaciones incriminatorias— que Nisman estaba a punto de presentar.

Además, los miles de manifestantes argentinos que salieron a las calles el lunes para protestar por la muerte de Nisman, son una visión esperanzadora a los ojos de Perednik. “Algunos de ellos —señala él— llevaban pancartas declarando ‘Yo soy Nisman’.

“Esta no es la Argentina de hace décadas atrás donde la gente simplemente desaparecía”, dice Perednik. “Básicamente, los manifestantes acusan a la presidenta de asesinato, y en la Argentina de hoy, las autoridades no pueden simplemente enviar a la policía en contra de ellos. Si la oposición no deja que este asunto pase al olvido, puede que la muerte de Nisman no haya sido en vano después de todo”.

“Siempre le dije, ‘Te van a matar’”, dice Perednik sobre sus conversaciones con Nisman a lo largo de los años. “Realmente él no lo creía. Tal vez era ingenuo. Pero creía en la justicia argentina”.

Que nadie se deje engañar. Alberto Nisman estaba equivocado; la justicia argentina le falló. La prueba ahora es si a los malhechores —en Argentina e Irán— se les permitirá triunfar plenamente. Tendrán los terroristas y los asesinos libertad para planificar y ejecutar nuevas atrocidades, o la honestidad, la integridad, la resiliencia y la justicia se reafirmarán a sí mismas.

La lucha debe comenzar con una investigación honesta de la muerte de Alberto Nisman, y con la publicación de la evidencia —la evidencia incendiaria que él estaba a punto de presentar— para que esta sea evaluada abiertamente.

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Las opiniones vertidas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente el pensamiento de AishLatino.com.

Publicado originalmente en inglés en The Times of Israel. Por David Horovitz, 20 de enero de 2015.