Lo que ocurrió el año pasado en el Departamento de Neurología del Hospital Hadassa no se lo esperaban ni los neurólogos más prestigiosos.

Un paciente de esclerosis lateral amiotrófica (ELA) —una enfermedad crónica sin cura conocida, que causa un lento y doloroso proceso de distrofia muscular— postrado en una silla de ruedas y con dificultad para hablar y para respirar dio un vuelco de 180 grados. De estar discapacitado y depender de los demás para sus necesidades más básicas, Rav Rafael Shmuelevitz pasó repentinamente a poder pararse y volver a enseñar en la prestigiosa Ieshivat Mir, la cual dirige.

El tratamiento aparentemente responsable de esta dramática mejora en su condición fue desarrollado por la compañía israelí de biotecnología Brainstorm y está basado en células madre. Se trataba de la primera vez que una persona que era tratada con células madre recuperaba capacidades que había perdido previamente. A pesar del gran cuidado que tienen los doctores al hablar de la condición del rabino, es difícil ignorar la excitación que rodea incluso a los más serios de los miembros del personal cuando hablan del vuelco que él experimentó…

Rav Rafael Shmuelevitz recuerda: “No podía hablar. Me resultaba difícil respirar y mi falta de balance no me permitía levantarme de mi silla de ruedas. Incluso si me sujetaban, sólo lograba caminar con gran dificultad. Mis estudiantes no me entendían cuando hablaba”.

En el año 2010, después de una serie de pruebas en la Mayo Clinic de Minnesota, sus doctores le dieron la difícil noticia: Rav Shmuelevitz tenía ELA (conocida también como el Mal de Lou Gehrig), que es considerada la peor de las enfermedades neuromusculares. Las personas que padecen este mal pierden gradualmente todas sus capacidades motrices hasta que eventualmente pierden la capacidad de respirar y mueren por sofocación. La gran mayoría de los pacientes mueren entre tres y cinco años después del diagnóstico; una pequeña minoría, como el físico Stephen Hawking, logra vivir durante años, pero son prácticamente incapaces de funcionar.

“Los doctores norteamericanos y el doctor israelí que me trata, el Profesor Menajem Sade del Hospital Wolfson, concordaron en que la única forma posible de mejorar mi condición sería recibir un tratamiento de células madre en el Hospital Hadassa”, explicó el rabino. “Esa era mi última esperanza”.

Pocos días después del tratamiento, toda mi vida comenzó a cambiar.

En mayo del 2012, el Ministro de Salud le dio permiso a la compañía israelí de biotecnología Brainstorm (especializada en el desarrollo de tecnologías y medicamentos basados en células madre) y a la compañía Hadassit (asociada al Centro Médico Hadassa) para comenzar una prueba clínica de un nuevo tratamiento basado en terapia celular, cuyo objetivo es demorar o detener la degeneración de células nerviosas en pacientes que sufren de ELA… este es el primer tratamiento de este tipo en la historia.

Por la severidad de su condición y por sufrir dos enfermedades musculares diferentes, no se le permitió al rabino participar en las pruebas clínicas. Sin embargo, recibió el tratamiento como "tratamiento compasivo", orientado a pacientes que no tienen otra esperanza.

Luego de que recibió el tratamiento por primera vez, el efecto en él fue increíble. “Unos días después del tratamiento toda mi vida comenzó a cambiar”, dice sonriendo. “Mi habla comenzó a mejorar, se me hizo más fácil respirar y comencé a caminar solo; incluso puedo subir escaleras. Mis estudiantes pueden entender cada palabra que digo. Es realmente un milagro del Cielo; soy una persona nueva gracias al tratamiento que recibí”.

“Es difícil describir la excitación que sentimos por los asombrosos resultados de este tratamiento”, dice el presidente de Brainstorm, Jaim Leibovitch.

Los doctores tampoco pudieron permanecer apáticos ante el asombroso efecto del tratamiento en el rabino. “El cambio fue inmenso, la mejoría objetiva de su funcionamiento también fue sumamente impresionante”, explica excitado uno de los doctores del hospital. “De ser minusválido, sin poder hablar ni caminar… gran cantidad de sus capacidades han vuelto… no hay duda que estamos en presencia de algo grande. Debemos recordar que es un caso aislado pero, al mismo tiempo, no podemos olvidar que incluso los reportes aislados como este pueden señalar un gran adelanto médico”.

También se han visto resultados alentadores, si bien en menor escala, en algunos de los 12 pacientes que participaron en la prueba clínica.

Como suele ocurrir, el rabino y sus estudiantes ven las cosas de manera un poco diferente [que los doctores]. Sus estudiantes hablan de "maratones de rezos grupales" y de "un milagro". Al mismo tiempo que esas brillantes mentes científicas estaban trabajando para rehabilitar los sistemas del rabino en el hospital, en la Ieshivat Mir las mejores mentes estaban constantemente leyendo Salmos para su recuperación y estudiando páginas de Guemará para inclinar la balanza en los mundos superiores a favor del rabino de 74 años, que ha sido por casi 30 años el director de una de las Ieshivot más grandes del mundo (con más de 7.000 estudiantes).

Rara vez se ha visto una mejora tan dramática en una situación tan desesperanzada.

“Cuando comenzaron el tratamiento, la familia del rabino decidió dirigirse a todas las Ieshivot del mundo para pedir ayuda”, dice el asistente del rabino. Se emitió un pedido muy emotivo en nombre de importantes rabinos para rezar por la recuperación de Rav Rafael y su nombre completo fue publicado para las plegarias mi sheberaj de todo el mundo. Cuando el rabino yacía en la mesa de tratamiento en el hospital, miles de estudiantes se reunieron para leer Salmos en la Ieshivat Lakewood en Nueva Jersey, en la Ieshivat Ponevitch en Bnei Brak y en la Ieshivat Mir en Jerusalem.

“El rabino vio el anuncio que había sido publicado y comenzó a llorar”, dice su asistente. “Durante los dos o tres días que estuvo en el hospital, las plegarias no se detuvieron. Después de eso volvimos a casa y comenzó una mejora radical en su condición. Él se levantó y comenzó a caminar, incluso sin apoyo… Todo el que lo vio dijo que fue un milagro revelado, que era simplemente un nuevo ser humano”.

Obviamente que en esta etapa del proceso aún es difícil saber si estamos hablando de un milagro o sólo de un gran avance médico que les dará esperanza a los pacientes que sufren una de las más difíciles y crueles enfermedades que existen. Pero una cosa está fuera de discusión: rara vez se ha visto en el mundo natural una mejora tan dramática en una situación prácticamente desesperanzada.

Este artículo apareció originalmente en Yediot Ajaronot. Con agradecimiento a jewishmom.com.