Cuando Glenn Ackerman le compró a su hija Estee la primera mesa de ping pong cuando tenía 8 años, ni siquiera podía verla cuando se paraba al otro lado de la mesa. “Todo lo que veía era su paleta y ella le pegaba a la pelotita con precisión infalible”, contó Glenn en una entrevista exclusiva con AishLatino.com. Era obvio que Estee era excepcional en el deporte. Cada día al volver de la escuela, Estee se pasaba la tarde practicando, mejorando sus habilidades hasta llegar a jugar a nivel mundial cuando todavía era una niña.

Muy pronto Estee Ackerman llegó a ser la primera en el ranking del estado de Nueva York, y una de las primeras en la categoría infantil de los Estados Unidos. Su observancia religiosa no le impidió florecer en el deporte. Su jornada escolar duraba desde las 8 de la mañana hasta las 6 de la tarde, abarcando estudios judaicos y estudios generales. Después Estee pasaba horas practicando y mejorando su juego. Ella jugaba vistiendo una falda y no podía participar en las comidas que había con los otros jugadores en restaurantes no kósher. Pese a esas pequeñas diferencias, Estee siempre se sintió aceptada por el resto de los jugadores.

En el año 2013, los directivos estatales de ping pong la invitaron a jugar un partido amistoso contra Rafael Nadal, uno de los mejores tenistas del mundo. En ese momento Estee tenía once años y venció al campeón de tenis. Desde entonces, sus habilidades y su fama siguieron creciendo.

En el 2016, cuando tenía 14 años, Estee se presentó para ser parte del equipo olímpico de los Estados Unidos. Como es una judía observante tuvo una desventaja en las pruebas: los atletas tenían tres días para competir: jueves, viernes y sábado. “Las pruebas eran torneos de eliminación simple”, explicó Glenn. Como Estee no podía jugar en Shabat, sólo tenía el jueves y el viernes para probar su valor. Estee salió en el décimo cuarto lugar. “Me sentí privilegiada de ser parte del grupo que se presentó a las pruebas. Tenía una desventaja, pero a los 14 años estaba orgullosa de estar a ese nivel”, dijo Estee. Glenn cree que Estee es la primera judía observante que se presenta en las pruebas para formar parte de un equipo olímpico de los Estados Unidos.

En el 2016, Estee dijo en un perfil de la JTA: “Yo sabía que tendría que enfrentar esa situación en algún momento. Tenía que elegir mi religión o el amor por el deporte. No es el espíritu de Shabat vestir mi uniforme y bajar a competir en un torneo nacional. Eso no es lo que Dios quiere que haga”.

Después del 2016, Estee no cedió a sus sueños olímpicos. La idea de que podía volver a presentarse en las pruebas para el equipo olímpico en el 2020 le dio fuerzas y continuó practicando su deporte varias horas al día.

Al graduarse de la escuela secundaria en el 2019, Estee viajó a Israel para estudiar durante un año en la Mijlalá de Jerusalem. Ella entró en contacto con clubes de ping pong en Jerusalem y continuó con su cronograma de prácticas, entrenando cuatro días a la semana para mantenerse en forma para las pruebas olímpicas de los Estados Unidos. Ella jugó para el equipo de ping pong de Hapoel de Jerusalem y los ayudó a llegar al primer lugar en el país. “Sus entrenadoras piensan que Estee es una de las diez mejores jugadoras en Israel”, afirma su padre.

En las últimas semanas, los sueños olímpicos de Estee volvieron a esfumarse. Las pruebas olímpicas de ping pong del 2020 tendrán lugar en Santa Mónica entre el 27 de febrero y el 1 de marzo, incluyendo el Shabat. Esta vez, para poder ser considerados parte del equipo, los atletas tienen que jugar los tres días: jueves, viernes y sábado. Cuando Estee solicitó un cambio de programa y que le permitieran jugar todos sus partidos el jueves y el viernes, la respuesta fue negativa.

“Definitivamente es frustrante”, dijo Estee. Ella entiende que las personas que organizan las pruebas olímpicas deben tener sus razones para negarse a su pedido.

Aunque sus esperanzas olímpicas están en ruinas, Estee está contenta de haberse convertido en una inspiración para otros atletas y para otros judíos del mundo. “Recibí llamadas telefónicas, e-mails, cartas de gente de todos los estilos de vida. Judíos de todos los grupos me dijeron que se sintieron inspirados y reforzados en su observancia del judaísmo y su estudio de Torá”.

“Yo aprendí que siempre recibes una recompensa cuando haces un kidush Hashem (dar un buen ejemplo como judío). Puede ser que llegue en otros cinco años, en otros diez o en el Mundo Venidero. Espero inspirar a otros a apegarse a sus sueños y aspirar a llegar a las estrellas. Y a que ser judíos sea su principal prioridad”.