Si la limpieza de Pesaj te tiene deprimido, deberías conocer a Rav Yehuda Simes.

Hace tres años, Rav Simes, un querido maestro de una escuela de Ottawa, estaba viajando en su auto con su mujer y siete de sus ocho hijos cuando, de repente, apareció un venado en medio del camino. La esposa de Rav Simes maniobró para esquivar al animal, causando que la van de la familia comenzara a girar fuera de control. Milagrosamente, ninguno de los hijos del rabino ni su esposa Shaindel, que estaba embarazada, resultaron heridos de gravedad. Pero lamentablemente Rav Simes quedó paralizado. “Debo haber recibido un golpe en la médula espinal”, recuerda Rav Simes.

Durante los últimos tres años Rav Simes ha permanecido en Ottawa, enfocándose en su rehabilitación física y en ayudar a su familia a ajustarse a la nueva normalidad. Ahora está listo para dar un paso hacia una nueva dirección: inspirar a otros o, en otras palabras, rehabilitar la fe de los demás.

La época de Pesaj le da a la gente la posibilidad de liberarse de su propia esclavitud.

"Recibí una llamada de Rav Sholom Hirsch Adler", cuenta Rav Simes refiriéndose al administrador de cashrut del COR Cashrut Council de Canadá, el certificador más grande de ese país. "El rabino Adler me pidió que fuera a Toronto para disertar en la conferencia anual previa a Pesaj de la COR. Me sentí honrado pero le dije que simplemente no era posible físicamente".

COR comenzó a hacer arreglos para que Rav Simes apareciera en una videoconferencia. Si la época de Pesaj le da a las personas la fuerza necesaria para terminar con su esclavitud personal, entonces Rav Simes aprovechó esa fortaleza. "A la mañana siguiente Rav Simes me llamó", relata Rav Adler, "y dijo: 'Rav Adler, voy a ir'".

El viaje de Rav Simes fue arduo. Tuvo que viajar en su van especialmente equipada junto a dos asistentes. Tuvo que alojarse en un cuarto especial de hotel con una cama de hospital y una grúa. "Pero valió la pena", recuerda Rav Simes.

Más de trescientos cautivados asistentes escucharon el relato de Rav Simes sobre los detalles del terrible accidente y de las semanas y meses que siguieron a continuación. "En un instante, mi vida y la vida de mi familia cambiaron por completo".

Su esposa Shaindel dio a luz unos pocos meses después. “Me llevaron al cuarto en silla de ruedas y me dieron al bebé… fue un mar de lágrimas”.

Rav Simes ha tenido tanto desafíos como victorias en su proceso de adaptación a su nueva vida. Tuvo que aprender de nuevo a respirar y a tragar. “Ahora aprecio la bendición que es poder tragar”, cuenta. De hecho, la primera vez que pudo tragar por sí mismo después del accidente, su familia le llevó su jugo favorito y bailaron juntos celebrando.

Después de unos años, Rav Simes tuvo tiempo para reflexionar sobre su accidente, aunque él no lo ve de esa manera. “No lo veo como un accidente”, le dijo Rav Simes a la audiencia. En cambio, él ve lo que le ocurrió como una oportunidad para inspirar a las personas con su historia y, notablemente, para fortalecer su fe.

“Siempre tuve fe”, recuerda Rav Simes. “Llegué a un entendimiento relativamente profundo después de estudiar muchos años…. Puede que lo haya entendido antes, pero ahora realmente lo sé, he crecido inmensamente. No es un trauma en lo absoluto; he crecido en mi entendimiento de cómo la ayuda de Dios fue exactamente lo que necesitaba para enfrentarme a mis desafíos, y eso es cierto para cada persona del planeta”.

Uno de los miembros de la audiencia le hizo a Rav Simes una pregunta aparentemente extraña: “¿Hay esperanza respecto a alguna mejoría futura?”. Rav Simes pareció sorprendido por la pregunta; su rostro mostró cierta tensión. El resto de la audiencia sintió la presión. “¿Qué significa hay esperanza?”, preguntó retóricamente. “¡Por supuesto que hay esperanza! No es esperanza, es la certeza de que podré vivir mi vida al máximo de su potencial, sea lo que sea que eso signifique”.

La Hagadá dice que toda persona debe verse a sí misma como si hubiera salido de la esclavitud de Egipto. Para Rav Simes es igual. Si bien puede que él esté esclavizado en su cuerpo, su alma está libre. “Hoy estoy viviendo una absoluta libertad”.

Rav Simes concluyó contando la historia de la partición del Mar de los Juncos. Con el ejército egipcio aproximándose, los judíos estaban atrapados y atemorizados; su breve encuentro con la libertad parecía estar llegando a su fin. Hasta que un hombre, Najshón el hijo de Aminadav, tuvo el coraje para comenzar a caminar hacia el agua. Él continuó hasta que el agua llegó a su mentón y recién entonces se partió el mar. “Sólo Najshón se enfrentó al desafío y dijo: ¡puedo hacerlo!”.

La fe en Dios de Rav Simes le dio la fortaleza para decir puedo hacerlo. “Nunca tuve dudas sobre mi fe. Estuve seguro, estoy seguro y estaré seguro de que todo lo que ocurre tiene un propósito. Todo tiene una razón”.

Cada día a partir de su accidente, la fe le ha dado a Rav Simes la capacidad para enfrentar el desafío y decir: puedo hacerlo. Y este Pesaj, él quiere que tú también lo digas.