He estado siguiendo por televisión el drama que se desarrolla en Israel y en Gaza a partir de la liberación del soldado israelí secuestrado Gilad Shalit después de más de cinco años de cautiverio en manos de Hamas como intercambio por la liberación de más de 1000 terroristas árabes de las prisiones israelíes.

Las primeras fotografías de él en una breve entrevista en la TV egipcia fueron inquietantes, por no decir sorpresivas: dolorosamente delgado, pálido y con ojos profundamente hundidos, él se veía muy diferente del sonriente joven de 19 años que se convirtió en la imagen icónica de la campaña para asegurar su liberación.

El alivio de que pareciera estar ileso físicamente– él dice que fue tratado bien – debe ser empañado por la preocupación por el daño psicológico que puede haber sufrido.

Uno solamente puede esperar (inútilmente) que él ahora será protegido de los impertinentes medios de comunicación para otorgarle la privacidad que sin duda él necesita para comenzar el largo proceso de ajuste y recuperación.

Shalit le dijo al entrevistador de la TV egipcia que él esperaba que su liberación favoreciera los esfuerzos de paz y ayudara a terminar el conflicto entre Israel y los palestinos.

Que gran carga lleva ahora sobre sí mismo este pobre niño por este trato con el diablo que ha sido efectuado para asegurar su liberación. Pero no traerá paz, al contrario, uno podría incluso decir que marca el colapso del "proceso de paz" y hace que la guerra sea aún más inminente.

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Porque al hacer este trato con Hamas, el Primer Ministro de Israel Netanyahu ha enterrado efectivamente a Mahmoud Abbas de Fatah, ya debilitado por el fracaso de su maniobra de declarar el "estado palestino" en la ONU.

Para Israel, esa maniobra marcó el final de la ilusión de que Abbas era un compañero genuino en el proceso de paz. Ahora Hamas se ha fortalecido con este trato.

Jubilosos árabes están celebrando a sus asesinos liberados como héroes de guerra.

Eso es, por decirlo suavemente, desafortunado; pero ahora la ilusión de un liderazgo palestino moderado se ha acabado. Israel ha traído a su rehén a casa; y ahora, con Hamas listo para trasladarse a Egipto, el cual está en si mismo al borde de descender al radicalismo islámico, Israel se enfrenta directamente con la verdadera cara de la política de rechazo árabe genocida.

Nada ilustra mejor esto que la obscena alegría que ha estallado tanto en Gaza como en Cisjordania, donde jubilosos árabes están celebrando a sus asesinos liberados como héroes de guerra.

Así fue como el llamado "moderado" Mahmoud Abbas se dirigió a los asesinos de judíos inocentes en una masiva ceremonia de bienvenida para los prisioneros liberados:

"El sacrificio que ustedes hicieron y el arduo trabajo no fue en vano… Le agradecemos a Dios por su regreso y su seguridad… Ustedes son guerrilleros, guerreros santos por el bien de Dios y la patria".

Hamas también está presentando como héroes ante las multitudes de Gaza a los terroristas a cargo de resguardar a Shalit durante su tiempo en cautiverio:

"Los captores de Shalit subirán al escenario junto con los prisioneros liberados durante las celebraciones que se llevarán a cabo cuando los prisioneros regresen a la Franja de Gaza.

Los prisioneros liberados serán recibidos primero por el Primer Ministro de Hamas Ismail Haniyeh, ministros de gobierno, miembros del Consejo Legislativo y otras figuras. Luego, los detenidos se encontrarán con sus familiares.

Uno de los prisioneros liberados es Muhammad Zufi, quien asistió a los secuestradores de Shalit grabando la operación de secuestro".

De acuerdo a las encuestas en Israel, el trato tiene un abrumador apoyo del público.

Pero aparte de los medios de comunicación dominantes quienes han estado deleitándose en su rol de crear presión pública para que se realice un trato como este, un angustiante debate se ha llevado a cabo por días en relación al terrible precio que Israel ha pagado por la liberación de este soldado y las incalculables consecuencias del trato.

No son tan sólo los tremendamente desproporcionados números involucrados, los cuales ningún otro país en el mundo consideraría ni por un momento. Es el hecho de que el trato declara que el terrorismo en efecto funciona.

Es el hecho de que intercambiar una vida inocente por más de 1000 vidas culpables les otorga una asquerosa victoria a los terroristas, haciendo mucho más probable que secuestren más soldados para intercambiar por aún más asesinos encarcelados.

Este trato hace casi inevitable que aún más familias israelíes terminen estando de luto por la pérdida de seres queridos.

Es el hecho de que este trato hace casi inevitable que aún más familias israelíes terminen estando de luto por la pérdida de seres queridos quienes serán asesinados como resultado de este intercambio a manos del terrorismo palestino.

Es el hecho de que resalta la tremenda debilidad de la Fuerza de Defensa Israelí al fallar en el rescate de Shalit durante los cinco años que estuvo retenido.

¿Qué le ha pasado, se están preguntando muchos Israelíes, al país que produjo a los audaces héroes de Entebbe quienes consiguieron desafiar todas las probabilidades al rescatar a rehenes Israelíes de un avión secuestrado?

Y en un nivel aun más profundo, es el hecho de que una obscena equivalencia moral se ha establecido por este trato entre el inocente y el culpable.

Esta equivalencia está siendo demostrada en la cobertura que describe al trato como "un trueque de prisioneros" o "intercambio de prisioneros" – más de 1000 prisioneros palestinos detenidos en cárceles israelíes por un prisionero israelí detenido por Hamas.

Pero Shalit era un rehén, secuestrado en un acto de agresión ilegal por una organización cuyo objetivo es la destrucción de Israel y la cual no le concedió ninguna visita de la Cruz Roja durante su encarcelamiento de cinco años.

Como contraste, los palestinos liberados no solamente han sido juzgados y castigados de acuerdo a un procedimiento legal, sino que se incluyen entre ellos no solamente aquellos que han cometido algunas de las peores atrocidades terroristas en la historia de Israel – tales como la explosión de la pizzería Sbarro en Jerusalem, donde 16 personas fueron asesinadas incluyendo cinco miembros de la familia Schijveschuurder – sino peor, algunos de los cerebros detrás de tales atrocidades.

Algunas familias que han perdido seres queridos en estos ataques terroristas han acogido el trato: ellos dicen que no quieren que la familia Shalit sufra como ellos han sufrido. Pero para otras familias afligidas por estos asesinatos, la angustia es insoportable.

Ver a los asesinos de sus seres queridos salir libres a una entusiasta recepción en Gaza y Cisjordania y escuchar su deleitante satisfacción al haber tomado las vidas de israelíes inocentes, estas familias sienten como si hubiesen sido brutalmente abandonadas por una sociedad en la cual la justicia no puede entrometerse con la emoción.

Para estos familiares de las víctimas, es casi como si hoy estuviesen siendo forzados a soportar otra aflicción más.

Pero entonces, la equivalencia que se establece en la cobertura de este trato refleja a su vez el moralmente en quiebra análisis "ojo por ojo" de la guerra árabe contra Israel utilizado por tantos en Gran Bretaña y en el occidente.

Porque siempre que Israel señala que alguna acción militar en contra de los palestinos es solamente en respuesta a ataques palestinos, muchos en Gran Bretaña alegan que esos ataques palestinos fueron solamente en respuesta a ataques israelíes previos. Así Israel siempre es pintado como el agresor fundamental.

Esto es completamente falso. Desde el momento en que Israel fue restablecido en 1948, solamente ha emprendido operaciones militares en contra de los árabes en respuesta a concretos o inminentes ataques árabes. Sin embargo muchos en Gran Bretaña se rehúsan a reconocer la diferencia entre agresión criminal y la defensa en contra de ella.

Ellos se rehúsan a reconocer que Hamas propone asesinar a la mayor cantidad de israelíes jóvenes como sea posible, mientras que Israel hace grandes esfuerzos (no siempre exitosos) para evitar víctimas civiles.

Ellos se rehúsan a reconocer que el blanco de cada una de las operaciones militares a manos de Israel en Gaza es para defenderse y protegerse en contra de los ataques de un enemigo fanático que odia a los judíos, y que está comprometido no solamente con destruir a Israel sino con borrar a cada uno de los judíos de la tierra.

La negativa de reconocer esta crucial diferencia moral ha significado que muchos en Gran Bretaña y el occidente vean a Israel como el agresor en el conflicto, y la calidad de víctima de los israelíes es en gran parte minimizada.

Así que, tanto como la angustia de las familias de las víctimas del terror por el trato de Gilad Shalit ha sido minimizada por la cobertura de los medios de comunicación – particularmente en Israel mismo, lo cual refleja la maligna naturaleza de su propia clase izquierdista de medios de comunicación – así también la angustia de Israel mismo como un estado bajo permanente sitio existencial es ignorada rutinariamente, e Israel es retratado grotescamente como el agresor de la región.

Lo que muchos en Gran Bretaña y el occidente aún no comprenden es que de lo que Israel está en contra es de lo que Gran Bretaña y el occidente están ahora en contra – no una campaña violenta de personas luchando por un estado propio sino un culto islámico a la muerte, en el cual el asesinato de inocentes es una causa de exultación y asesinos en masa son venerados como héroes y mártires religiosos, no solamente por Hamas sino por el liderazgo del Fatah en Cisjordania también.

El drama de cinco años de Shalit y su perturbadora resolución han venido por tanto a simbolizar el tóxico cóctel de ignorancia, malentendido, ingenuidad, malicia, cobardía, cinismo, incompetencia y lío moral a manos del así llamado mundo civilizado – incluyendo Israel mismo – que ha en efecto servido para perpetuar el impasse en el Medio Oriente.

Ninguna persona decente puede evitar estar conmovida por el regreso de Gilad Shalit a Israel. Pocos ojos hubiesen estado secos en su reunión con su familia. Sin embargo debe decirse que finalmente, este trato representa un triunfo del corazón sobre la cabeza y del sentimentalismo sobre el realismo.

La familia Shalit hizo lo que muchos de nosotros habríamos hecho en circunstancias similares – lucharon una tenaz y brillante campaña para mantener la presión publica sobre el gobierno para asegurar la liberación de su hijo.

Fue, sin embargo, un chantaje emocional – y el gobierno israelí debiera haberlo resistido. Shalit llegó a ser considerado como el hijo de todo israelí.

Sin embargo, trágicamente, en los años que vendrán Israel podría llegar a darse cuenta que pagó por la vida de Gilad Shalit con la sangre de más israelíes asesinados y el tormento de toda una vida de sus familias.

Sin embargo nadie debiera subestimar la extrema dificultad de la decisión que Natanyhau estuvo forzado a tomar en este caso.

Como sea que Netanyhau resolviera el dilema de Shalit, hubiese sido una decisión terrible.

Como ocurre tan a menudo en Israel, él estaba entre la espada y la pared. Como sea que él resolviera el dilema de Shalit, hubiese sido una decisión terrible.

Para judíos, la diabólica naturaleza de este tipo de elección – sopesando el sacrificio de uno de los tuyos en contra del sacrificio de otros de los tuyos – tiene una resonancia histórica terrible.

Porque durante el Holocausto, un tormento particularmente sádico aplicado por los Nazis sobre sus victimas judías fue forzarlos a elegir cuales de sus hijos o sus seres queridos sacrificar para salvar a otros del gas o de la bala.

El Holocausto ocurrió porque el mundo miró para otro lado hasta que fue demasiado tarde. Abandonó a los judíos a enfrentar su destino y ser forzados a tomar decisiones infernales solos. Y ahora el mundo está abandonando a Israel frente a su destino y se ha visto forzado a tomar estas infernales decisiones solo.

Seguro, Estados Unidos ayuda a Israel a armarse para que pueda defenderse en contra de probabilidades insuperables. Pero al mismo tiempo, el occidente obliga a Israel a mantenerse atrapado en una guerra permanente que el mismo occidente asegura que Israel no puede ganar.

Porque el destino de Israel es vivir codo a codo con personas comprometidas con destruirlo. Armado hasta los dientes, Israel nunca desatará su total poder militar en contra de esas personas porque la ética judía lo impide.

El resultado es que Israel lidia más escrupulosa y humanitariamente con sus enemigos mortales – y como resultado recibe mayor castigo – que ninguna otra nación en la tierra.

Los árabes saben esto y se aprovechan por completo de ello, realizando ataques para presentarle a Israel la opción entre abandonar a sus propias víctimas – como ha ocurrido en gran parte en los bombardeados en el sur de Israel – y tomar acción militar, la cual resultará inevitablemente en algunas víctimas civiles y de este modo Israel no solamente ganará el oprobio del imponente mundo de doble-estándar, sino que, aún más letal, destruirá su propia creencia en sí mismo.

Para su eterna vergüenza, Gran Bretaña y el occidente se han permitido a sí mismos ser manipulados por esta cínica estrategia en aras del genocidio.

Estos falsos amigos saltan a difamar, demonizar y deslegitimar a Israel al denunciar sus acciones militares como ilegales, agresivas o desproporcionadas – así en efecto intentando paralizar sus intentos de defenderse en contra del ataque, mientras que simultáneamente lo fuerzan a rendirse ante sus enemigos a través del proceso de paz.

El resultado es que Israel está ahora atrapado entre Hamas, Fatah, Hezbollah, Irán, Siria, Egipto y el Mar Mediterráneo – y sin embargo es culpado de impedir la paz por construir apartamentos en los suburbios de Jerusalem.

La infernal decisión que Israel tuvo que tomar sobre Gilad Shalit fue el último y más dramático ejemplo de cómo el occidente ha abandonado a Israel para oscilar en el viento.

Este artículo apareció originalmente en el blog de Melanie Phillips en dailymail.co.uk (en ingles).