Esta vez no hay excusas. Nadie puede decir que no hubo amenaza. En el discurso entregado hace dos semanas durante las plegarias en las mezquitas, y que fue transmitido a toda la nación, el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí dijo que Irán apoyaría cualquier ataque a Israel.

“El régimen sionista es un tumor verdaderamente canceroso en esta región que debería ser extirpado. Y será definitivamente extirpado”, declaró.

Esto fue seguido por la publicación en Alef, un sitio web sustentado por el gobierno iraní, de un artículo de Alizera Forghani, uno de los principales estrategas de Jameneí explicando en detalle la justificación legal y religiosa para matar a todos los judíos y para aniquilar a Israel.

El artículo, que desde entonces ha sido publicado por la mayoría de los sitios web estatales, incluyendo la Agencia de Noticias de la Guardia Revolucionaria Fars, y por lo tanto ha sido endorsado por el gobierno iraní, cita el Corán y otras fuentes para justificar teológicamente el asesinato de todos los judíos y la destrucción de Israel. El documento presenta planes militares detallados de cómo puede lograrse el genocidio: Utilizando estadísticas oficiales, el artículo sugiere que con sus misiles Shahab 3, Irán podría atacar las tres áreas metropolitanas principales con la mayor concentración de judíos – Tel Aviv, Jerusalem y Haifa, aniquilando a la mayoría de sus habitantes.

Y esta no es la primera vez. Durante años, y especialmente en los últimos meses, los principales líderes iraníes – en especial el presidente – han declarado abiertamente que quieren destruir a Israel y asesinar a toda su población judía. Estas no son amenazas al aire. A través de Hezbolá y Hamás, Irán ha estado sustentando una guerra en contra de Israel, e incluso ha atacado objetivos de la comunidad judía en otras partes del mundo. Así y todo, prevalece la indiferencia internacional.

William Kristol notó cómo el New York Times, informando sobre el último discurso de Jameneí, ni siquiera incluyó la referencia de Jameneí de que Israel es como un “tumor canceroso que necesita ser extirpado”. Esto es emblemático de cómo muchos líderes mundiales toleran las amenazas de genocidio en contra de los judíos con ecuanimidad.

El silencio y el consentimiento implícito, es moralmente reprensible, incluso absurdo.

El silencio y el consentimiento implícito, es moralmente reprensible, incluso absurdo. ¿En dónde están las declaraciones de condena de los gobiernos del mundo? ¿De la ONU? ¿De los líderes religiosos? ¿En dónde están el horror y la ira? Uno de los grandes codificadores de ley y ética talmúdica, el Rambam, escribe (Leyes de Arrepentimiento 2:1) que la prueba del arrepentimiento verdadero es cuando un pecador se enfrenta a las mismas circunstancias que experimentó cuando cometió el pecado por primera vez y luego, demostrando un arrepentimiento sincero, no comete el pecado nuevamente. En los años que precedieron al Holocausto y durante el mismo, el mundo pecó al ignorar la desesperada situación de los judíos europeos en peligro.

Tantas naciones evitaron que los judíos encontraran asilo de la Alemania Nazi. A tantos barcos de aterrorizados refugiados judíos se les dio la espalda y fueron enviados de vuelta, a sus muertes en Europa. Y cuando salieron a la luz los horrorosos informes de las cámaras de gas y de los hornos crematorios, los aliados se rehusaron a bombardear las vías de tren que iban a Auschwitz y a otros campos de concentración.

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Conmemorar el Holocausto se ha convertido en parte de una ética internacional que incluso la ONU apoya; hay una declaración de arrepentimiento y un deseo de expiar los pecados del pasado, las omisiones y comisiones que llevaron a la muerte de seis millones de judíos, incluyendo a más de un millón y medio de niños.

Ahora es la prueba para ver si este arrepentimiento es genuino.

Las naciones del mundo se están enfrentando a las mismas circunstancias en las que cometieron su pecado original en contra del pueblo judío. Y ahora es el momento de juicio ante Dios. Nadie puede decir que no hubo advertencia. Nadie puede decir que las amenazas de genocidio en contra de los judíos y los discursos disparatados no deben ser tomados en serio. La historia prueba lo contrario. Esta vez no hay excusas.

Todos esperamos y rezamos que las sanciones funcionen, pero no queda mucho tiempo. Y cuando llegue el momento, Dios no lo quiera, ¿estará el pueblo judío solo nuevamente? Los líderes del mundo deben preguntarse lo siguiente: ¿Acaso ustedes pondrían la vida de sus hijos a merced de la misericordia y la racionalidad del gobierno iraní? Y la pregunta puede no ser hipotética. Hitler vino primero tras los judíos, y después atacó al mundo entero. Los judíos son el primer objetivo de Irán, pero seguramente no el último.

Es inaudito e incomprensible que una nación deba enfrentar la amenaza de genocidio dos veces en la misma generación.

Sin embargo, esta vez hay una gran diferencia: la bendición de Dios de la soberanía judía en Israel, con su poder político y militar. En la Europa Nazi nuestro destino fue puesto a prueba por nuestra impotencia y vulnerabilidad. Ahora, nuestro destino es puesto a prueba por nuestro poder. La arrogancia es nuestra tentación. ¿Vemos los destacables logros del Estado de Israel – tecnológicos, militares, económicos, agrícolas y científicos – como bendiciones de Dios? Se nos advierte sobre esto en la Torá, que dice (Deuteronomio 8:11-18) “No sea que comas y te satisfagas y construyas buenas casas… y acumules mucho oro y plata… y te hagas arrogante y te olvides del Eterno tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto… y que digas en tu corazón “mi poder y el poder de mis manos han hecho para mí toda esta riqueza””.

“Y deberás acordarte del Eterno tu Dios, porque Él es quien te da el poder para lograr cosas, para establecer de esta manera Su pacto que ha jurado a tus padres en este día”.

Humildad es reconocer con gratitud y lealtad que todo lo que tenemos proviene de Dios. En un momento como este, necesitamos renovar nuestra fe y nuestro compromiso con Dios y Su Torá, y darnos cuenta con humildad que el poder y el éxito son bendiciones Divinas que no pueden ser separadas de su Fuente.

Es escalofriante que esta pesadilla haya vuelto al mundo. Es inaudito e incomprensible que una nación deba enfrentar la amenaza de genocidio dos veces en la misma generación. Estos eventos – y toda la historia judía – no pueden ser entendidos de acuerdo a las leyes normales de la historia. Es quizás la mismísima naturaleza surrealista de los eventos la que exige que veamos la mano de Dios en nuestra historia y que, junto con las preparaciones políticas y militares que corresponden, entendamos que nuestro poder proviene de Dios y de Su visión moral para nosotros, así como se nos ha revelado en Su Torá.

Y así como éste es un tiempo de arrepentimiento para las naciones del mundo por sus pecados de indiferencia, así también es un tiempo para que nosotros, como judíos, hagamos introspección.