Las imágenes de destrucción y horror en Gaza que han llenado los medios de comunicación alrededor del mundo durante las últimas semanas son perturbadoras. Sería difícil encontrar un israelí que no simpatice con el sufrimiento de las víctimas de Gaza.

Sin embargo, también sería difícil encontrar un israelí que se sienta responsable por ese sufrimiento. Para nosotros, la tragedia en Gaza es inseparable de la tragedia a gran escala en el Medio Oriente. En el transcurso de los últimos tres años, en los países alrededor de nuestro pequeño estado, más de un cuarto de millón de personas han sido asesinadas de las maneras más horrorosas. Esta ola de terror no reconoce fronteras oficiales. La única frontera donde la barbarie se detiene es en Israel.

Hamás y Hezbolá hacen su máximo esfuerzo para cambiar esto. ¿Quién nos protege? ¿La ONU o los grupos de derechos humanos? No. Sólo el poder militar de las Fuerzas de Defensa de Israel. En respuesta a las implacables campañas de terror de nuestros enemigos, el ejército israelí siempre está desarrollando nuevas técnicas para protegernos. Una nueva herramienta —la Cúpula de Hierro— ha defendido a los civiles de más de 3.000 misiles.

Pero mientras los israelíes desarrollan sistemas de misiles para proteger a sus niños, Hamás utiliza a sus niños como escudos para proteger a sus civiles. Esta perversa estrategia es el resultado de una sociedad que celebra la muerte. Para Hamás, utilizar escudos humanos cumple el doble propósito de aumentar el número de mártires y de ganar la simpatía de todo el mundo para que presionen a Israel y le impidan defenderse.

La triste ironía es que, mientras que el mundo puede hacer muy poco para frenar el terror en Siria o Sudán, sí puede hacer mucho para evitar que Israel se defienda. Nos preguntamos, ¿es esto hipocresía? ¿Es esto una traición del mundo libre cuyos valores defendemos? Y en respuesta, la comunidad internacional le dice a Israel “Por supuesto que son juzgados de manera diferente. Ustedes insisten en que forman parte del mundo libre, por lo tanto, los juzgamos de acuerdo a un estándar más alto que sus países vecinos, donde la destrucción sin sentido de la vida humana es la norma”.

Estoy profundamente de acuerdo con este argumento.

Israel, al igual que cualquier otro país libre, debe ser juzgado de acuerdo a un estándar moral más alto que sus tiranos vecinos. A medida que la lucha en contra del terror se transforma en un fenómeno global, es imperativo que todos los países libres desarrollen y se adhieran a normas militares comunes en contra de los grupos terroristas. Israel, con sus décadas de experiencia, puede contribuir mucho a esto.

Por ejemplo, hace 12 años atrás, durante la Segunda Intifada, yo formaba parte del gabinete de seguridad israelí cuando el ejército decidió utilizar por primera vez la aviación para atacar a los líderes terroristas. Prácticamente en todas las reuniones del gabinete, el fiscal general de Israel insistió en que los objetivos de los asesinatos selectivos debían escogerse no en base a los crímenes cometidos, sino sólo cuando existiera una prueba concreta de que planeaban cometer nuevos actos terroristas. En otras palabras, no importaba cuánta muerte y sufrimiento habían causado hasta ahora, un asesinato selectivo sólo podía llevarse a cabo si los terroristas planeaban otro ataque en el futuro. La fiscalía debía prepara un contundente caso para cada asesinato selectivo, y por lo tanto, el número de operaciones de este tipo que se llevaron a cabo puede ser contado con los dedos de una mano. Pero ahora que los asesinatos selectivos son la norma en el mundo entero, espero que el resto de los países sean igual de escrupulosos que Israel.

En esa misma época, discutimos también la importancia de utilizar armamentos que ayuden a evitar las bajas civiles, incluso cuando esto pone en peligro el éxito de la misión. Muchas operaciones fueron modificadas o abortadas por esto. Hoy en día, Israel va incluso un paso más allá. Antes de que las FDI bombardeen un área en Gaza, los residentes son alertados por radio, email, teléfono y mensajes de texto para que abandonen el lugar. El ejército israelí también utiliza pequeños misiles de aviso para que los civiles puedan desalojar el lugar antes de que continúe el resto del ataque. ¿Acaso otros países libres se toman la molestia de llegar a esto?

En 1999, cuando la NATO lanzó su ofensiva en contra del régimen criminal de Milosevic en Yugoslavia, cientos de civiles murieron en los bombardeos. Muchos más civiles murieron cuando los aviones de guerra americanos persiguieron a Saddam Hussein y a sus partidarios; y luego a los terroristas de al-Qaeda. Ellos murieron en cafés, cines e incluso en bodas.

Déjenme aclarar algo, creo que luchar en contra del régimen de Milosevic —que practicó una limpieza étnica en la mitad de Europa— era la obligación moral del mundo libre. Creo que es la obligación de los Estados Unidos, y del resto de los países libres, luchar sin cuartel en contra de las organizaciones terroristas como al-Qaeda y el Estado Islámico. Pero la obligación de las FDI de proteger a los civiles israelíes de miles de misiles y de túneles de terror es igualmente sagrada. En vista de la guerra mundial que se desarrolla hoy en día entre el mundo libre y los grupos terroristas, es hora de que expertos militares israelíes, americanos, británicos y de otros países, junto con abogados internacionales y políticos, comparen sus experiencias y establezcan ciertos estándares de conducta para poder defenderse.

Pero una vez que se definan esos estándares de conducta, entonces, deben ser aplicados a todo país libre sin excepción. De otra manera, tendremos que dejar de llamarlo un “alto estándar” y habrá que llamarlo en cambio por su verdadero nombre: un doble estándar.

Este artículo apareció originalmente en inglés en el Washington Post