Johanesburgo, Sudáfrica

Human Rights Watch acusa a Israel de apartheid. Sin embargo, en la acusación emitida el 27 de abril, el grupo reconoce descaradamente que ha "separado el término apartheid de su original contexto en Sudáfrica".

Esto es inmoral. Apartheid tiene un sagrado significado histórico, santificado por la sangre y el sufrimiento de millones de sudafricanos que fueron oprimidos y discriminados en base a su raza. Al apropiarse de la palabra, Human Rights Watch presenta una imagen grotescamente distorsionada tanto de la historia sudafricana como de la realidad actual en Israel.

Apartheid era un sistema nacional de discriminación racial impuesto por el estado, que se manifestaba en una serie de leyes opresivas destinadas a aniquilar los derechos humanos de toda una raza. Entre ellas se encontraban la Ley de Registro de Población, la Ley de Áreas de Grupos y la Ley de Servicios Separados. A los sudafricanos negros se les negó el derecho a voto y la igualdad ante la ley hasta 1994.

En contraste, dentro de los límites del estado de Israel, todos los ciudadanos (judíos o árabes) tienen derecho a voto y completa igualdad ante la ley. Todos participan en las elecciones, los árabes israelíes ocupan altos cargos dentro del gobierno israelí, incluso en la Knéset y en la Corte Suprema. Después de la última elección, un partido árabe ocupa un lugar clave en el balance de poder en la Knéset y fue un juez árabe quien condenó al expresidente israelí Moshé Katzav.

Existe una continua y amarga disputa respecto al establecimiento de un estado Palestino en la Franja Occidental y Gaza, territorios que legalmente no forman parte de Israel. Los líderes palestinos consistentemente han rechazado todos los esfuerzos que tuvieron lugar para crear un estado palestino separado en estos territorios, desde el plan de partición de las Naciones Unidas en 1947 hasta la oferta del Primer Ministro Ehud Olmert en el 2006. Sucesivos gobiernos israelíes demostraron que están dispuestos a pagar un alto precio para dar lugar a una duradera solución de dos estados. Las propuestas israelíes recibieron como respuesta ataques terroristas, misiles y morteros.

Nadie que realmente entiende el racismo sistemático y la negación de los derechos humanos básicos del infame apartheid, y que tenga un mínimo de integridad, puede llegar a entender cómo es posible aplicar el término al conflicto israelí-palestino, una compleja disputa política, religiosa y cultural relativa a las identidades nacionales.

Entonces, ¿por qué mentir? Porque Human Rights Watch busca quitar legitimidad a Israel. Presentarlo falsamente como un estado basado en el pecado cardinal del racismo, y de esta forma negarle el derecho moral de existir.

La ironía es que esto mismo es una forma de prejuicio. Aplicar injustamente el término apartheid al estado judío cabe perfectamente dentro de la ampliamente aceptada definición de antisemitismo de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto, que incluye "afirmar que la existencia del estado de Israel es un emprendimiento racista".

No puede haber peor profanación a la memoria de las víctimas del apartheid que arrancar la palabra del suelo sudafricano, separarla de su significado original y convertirla en un arma en la causa de otra forma de intolerancia.


Este artículo apareció originalmente en el Wall Street Journal.