Sr. Papa, usted está a punto de firmar el reconocimiento de un Estado árabe-palestino. Nosotros no somos tan ingenuos como para pensar que usted cree que así promoverá la paz. Es más probable que usted esté pensando que al hacer esto, podrá rescatar de la espada del islam a los remanentes de las antiguas comunidades cristianas en nuestra región.

Nosotros los judíos hemos sido perjudicados durante mucho tiempo por la iglesia. Lo que el islam hace hoy con el cristianismo, el cristianismo lo hizo con el pueblo judío durante siglos. De hecho, se trata de una cruel ironía de la historia. Una divina providencia. Generación tras generación, nos han acusado de la muerte y crucifixión de su mesías, y nos obligaron a sentir su tormento. ¿Qué fue el antisemitismo sino un regreso obligado al momento de la crucifixión? Un solo judío fue crucificado en Jerusalem en los albores del primer milenio, y después eso todo un pueblo ha sido crucificado alrededor del mundo durante 2.000 años.

Sr. Papa, el establecimiento de un Estado palestino en las montañas de Samaria, el corazón de la tierra histórica de Israel, es parte del intento continuo por crucificar al pueblo judío.

Mire a nuestro alrededor, el Medio Oriente se derrumba. Las estructuras políticas que el Occidente cristiano impuso sobre los habitantes de la región como parte del colonialismo europeo están haciendo implosión, y el nacionalismo árabe artificial está dando paso al tribalismo étnico, a las estructuras sociales primitivas que básicamente han caracterizado a la región desde tiempos inmemoriales. Añada la actual ola islamista que asesina y barre a millones, y que trata de hacer volver al mundo a la época de conquistas de Mahoma, y obtendrá entonces una receta para el caos a largo plazo. Un estado palestino va a reforzar esta tendencia, no a moderarla.

Los palestinos gozan de una relativa paz. Ellos viven sus vidas con plena autonomía en sus localidades, porque Israel gestiona la seguridad de la región. Una vez que nos retiremos de la parte superior de las montañas, las fuerzas islámicas radicales tomarán el control y establecerán un califato islámico a sólo unos cuantos metros del Estado de Israel. Un proceso similar ocurrió con Gaza después de que Israel se retiró de allí. La guerra que ocurrirá entonces será más cruel que cualquier otra cosa que hayamos conocido, porque pondrá en tela de juicio nuestro derecho a existir. Los que sufrirán serán también vuestros creyentes que viven en Israel, que ahora son los únicos cristianos en Oriente Medio que disfrutan de prosperidad. El Estado judío es la única garantía para asegurar la libertad de todas las religiones aquí. Otra ironía histórica.

La seguridad es la voz de la razón; debemos hacer oír la voz de la fe y de los derechos que tienen los judíos sobre sus tierras. Si volviésemos atrás en el tiempo hace 2.000 años en los tiempos del dominio romano, y le preguntásemos a Jesús quién es el dueño de esta tierra, él nos habría dirigido a los versículos en los que Dios le prometió la tierra a los judíos. Por ejemplo, la promesa de Dios a Abraham, nuestro padre, el más grande de los creyentes: “Pues toda la tierra que ves te la daré a ti y a tu descendencia para siempre” (Génesis 13:15). Desde el momento que fuimos exiliados y perdimos nuestra independencia, la tierra estuvo desolada y nunca se transformó en el estado soberano de otro pueblo. Este país estaba esperando a sus verdaderos hijos, y nuestro regreso a la tierra de Israel ha cumplido la profecía bíblica.

El representante del Vaticano dijo que la seguridad de Israel vendrá “no al aislar a sus vecinos, sino al convertirse en parte de ellos”. Un terrible error. No queremos formar parte del destino que aqueja a nuestros vecinos. La larga historia de nuestro pueblo nos ha enseñado que cuando se trata de nuestro destino, no debemos depender de otros. Sr. Papa, ustedes son rehenes del islam, y al igual que muchos otros en Occidente, creen que si sólo sacrifican a los judíos, los dejarán en paz.

Pero en el fondo de su corazón, usted sabe que la paz no vendrá como resultado de esta lamentable decisión, y los cristianos seguirán siendo asesinados, violados y seguirán viéndose obligados a convertirse al islam. Vuestra decisión pavimentará el camino para la desgracia.

Extraído de porisrael.org. Editado por AishLatino.com.

Fuente: Israel Hayom / Hatzad Hasheini.