Cada vez que hay una discusión pública sobre si Israel debería liberar a más terroristas palestinos, mi corazón se acelera. Mi hija Alisa fue asesinada por terroristas palestinos en 1995, y desde entonces dos de los asesinos han estado en una cárcel israelí sirviendo sentencias de cadena perpetua. Pero siempre me asusto y pienso que quizás ellos van a estar entre los liberados. Entonces sí, el tema es personal.

Pero es mucho más que eso.

No se trata sólo de los asesinos de mi hija; se trata de docenas de familias de todas partes del mundo que tienen familiares que fueron asesinados por terroristas palestinos. Se trata de las futuras víctimas que habrá si los terroristas liberados vuelven a su comportamiento violento, como suele ocurrir. Se trata de qué es lo mejor para la seguridad nacional de Israel. Y, obviamente, se trata de qué es lo mejor para el mundo.

El año pasado Israel aceptó liberar paulatinamente a más de 100 terroristas, —algunos de ellos asesinos convictos—, como gesto de buena fe hacia los palestinos. La medida se tomó por la desesperación de Israel para lograr la paz y por las no tan sutiles amenazas del gobierno estadounidense de culpar a Israel si el proceso de paz no resultaba exitoso. Por lo tanto, para que el proceso siguiera en pie, los israelíes hicieron lo que todos concuerdan es un serio riesgo de seguridad.

Ahora la Autoridad Nacional Palestina (ANP) está exigiendo que Israel libere otro grupo de terroristas, a pesar de que la misma ANP está por otro lado amenazando dejar las negociaciones de paz durante las próximas semanas.

Lamentablemente, el liderazgo palestino nunca responde ante estos gestos realizando ellos mismos algún gesto o acción que muestre su deseo de paz. En lugar de eso, los terroristas liberados son recibidos como héroes, con celebraciones públicas, marchas alegóricas y discursos de los líderes de la ANP alabando a los asesinos. Cuando los palestinos reciben de esta forma a los terroristas les recuerdan a los israelíes que ellos en realidad aún apoyan el terrorismo.

En un gesto separado de buena fe, los israelíes entregaron recientemente a la ANP los cuerpos de cinco terroristas, dos de los cuales participaron en atentados suicidas que dejaron 16 muertos y más de 80 heridos. Así es como describió un reportero de la televisión palestina a estos dos terroristas en el funeral que se celebró el 12 de marzo en Nablus: “El cielo de Nablus se adorna con estas estrellas que aman su patria, en la cual descansaran por siempre habiendo vuelto a ella como mártires (Shahids)”.

Imagina la polémica que desataría si después del funeral de Timothy McVeigh —quien asesinó a 168 personas en un atentado en la ciudad de Oklahoma, Estados Unidos—, un reportero de un importante canal de televisión estadounidense declarará que “El cielo de Oklahoma se adorna con esta estrella que ama su patria, en la cual descansará por siempre habiendo vuelto a ella como un mártir”.

La televisión palestina entrevistó entonces al hermano del terrorista suicida Imad Zubeidi, quien dijo “esto no es un duelo, si no que es la boda de un mártir… estamos muy orgullosos que nuestro hermano se entregó por Palestina”. Y la hermana del otro terrorista suicida, Maher Hbeishah, dijo: “Él siempre rezaba: ‘Alá, haznos vivir con alegría y morir como mártires’; alabado sea Alá, ya que él lo logró”.

Esa es la cultura de glorificar a los terroristas que ha fomentado la Autoridad Nacional Palestina. Si Israel libera a otros 26 terroristas, como exige la ANP, eso significará otras 26 celebraciones, 26 marchas alegóricas y 26 parientes en televisión abierta diciéndoles a millones de palestinos y al resto del mundo árabe cuán fabuloso es hacer atentados suicidas.

Esto no ayudará a alcanzar la paz. Simplemente le dará a los palestinos otra oportunidad de glorificar públicamente a los terroristas.

Tampoco ayudará a Israel. Simplemente será otra concesión unilateral por la cual Israel no recibirá nada a cambio sino que por el contrario, abrirá el apetito de los enemigos de Israel para que sigan exigiendo cada vez más y más.

Enviará un mensaje a los palestinos sobre que ellos no tienen que cambiar su forma de actuar. Pueden continuar fomentando el terrorismo y promoviendo una cultura de violencia, ya que de todas formas el gobierno de Estados Unidos seguirá presionando a Israel para que les conceda un estado soberano, a pesar de que todos sabemos que éste será un estado terrorista. Eso no será bueno para Israel, para la paz, o para el mundo.

Stephen Flatow es el padre de Alisa Flatow, quien fue asesinada por el grupo terrorista palestino Jihad Islámica en 1995.

Reimpreso con permiso de JNS.org