"En un hito histórico, el lunes un avión de pasajeros israelí sobrevoló el espacio aéreo de Arabia Saudita en el primer vuelo directo sin carga entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos", informó el Times de Israel. "El vuelo 971 de El Al, que llevaba a las importantes delegaciones israelíes y estadounidenses, voló hacia el sureste a lo largo de casi toda Arabia Saudita para llegar a su destino en Abu Dhabi. Esta fue la primera vez que el reino dio permiso para que un avión israelí utilizara su espacio aéreo".

Los tiempos están cambiando.

La cobertura sobre el acuerdo para normalizar los lazos entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos se focalizaron en gran medida en el hecho histórico de que un país del Golfo Pérsico haga la paz con el estado judío y sobre la irrelevancia del conflicto palestino-israelí para el acuerdo. No se prestó demasiada atención a lo que los Emiratos Árabes Unidos esperan ganar al establecer una relación normal con Israel. En definitiva, Abu Dhabi no quiebra las largas décadas en que los árabes se negaron a reconocer la legitimidad de Israel simplemente para dar una manifestación de hermandad en la humanidad.

Sin duda hay un interés en acercarse a Israel debido a su resistencia a la agresión iraní, que es una amenaza para los estados sunitas de la península arábiga tal como para Israel. Pero no debemos perder de vista el factor económico que se encuentra en juego.

Desde que se desplomó el precio del petróleo en el 2014, las riquezas petroleras del Golfo no fueron tan fabulosas como previamente. La pandemia de coronavirus aceleró el declive del petróleo. Los Emiratos Árabes Unidos anticipan una caída del 30 % o más en sus ingresos petroleros este año. Eventualmente el mundo volverá a la normalidad, pero es probable que los ingresos petroleros en un mundo que cada vez depende más del gas natural y de la energía renovable, nunca vuelvan a llegar a las alturas que conocieron en otras épocas.

Los estados del Golfo que dependen del petróleo saben que su futuro está en otra parte y se están esforzando por expandir el turismo y la tecnología. "Dubai, que hace tiempo se quedó sin petróleo, es el que más ha avanzado", informó el periódico israelí Haaretz. "Dubai obtiene un pequeño porcentaje de su PIB del petróleo; el resto proviene de servir como un centro logístico, financiero y de ser un centro de aviación, además del desarrollo inmobiliario".

En especial cuando se trata de alta tecnología, ciencia y defensa, ningún país de la región puede brindar a los Emiratos Árabes Unidos el conocimiento científico y la sofisticación de la investigación que tiene Israel. Eso es lo que dicen las principales voces en los medios de comunicación de los Emiratos, tal como lo deja claro un reciente despacho de MEMRI, el Instituto de Investigación de Medios del Medio Oriente.

"Tenemos mucho que aprender de la experiencia israelí", escribió Yousuf Al-Sgarif en Al-Bayan, un popular periódico de Dubai. Su admiración por Israel casi llega a ser exagerada:

En los 70 años que pasaron desde la declaración de su independencia, Israel enfrentó muchos desafíos: los desafíos de establecer un estado… y de mantener su seguridad en medio de este conflicto histórico. Esta es una experiencia de la cual podemos beneficiarnos si la estudiamos en profundidad y dejamos de lado nuestras emociones y simpatía por una parte del conflicto a expensas de la otra parte. El hecho es que Israel se destacó en [mantener su seguridad]… Israel tiene planes militares estratégicos y de defensa que le permitieron mantenerse firme durante este período, a pesar de las guerras… que casi amenazan su existencia. Deberíamos beneficiarnos de esta experiencia y analizar los secretos que llevaron a estos resultados [exitosos].

En los últimos años, el mundo sufrió de un terror continental, con bombardeos y ataques terroristas que llegaron a muchos países del mundo. Muchos países desarrollados de Europa no protegieron a sus ciudades y a sus habitantes… El aparato de inteligencia militar y general de Israel es uno de los más fuertes del mundo y poseen una tecnología militar que desarrollaron ampliamente a través de los años… Pero esta tecnología nunca llegó a los países árabes y no nos beneficiamos de ella, aunque la necesitamos con desesperación en vista de las amenazas constantes… Debemos ser realistas y [reconocer] que Israel y las empresas israelíes que trabajan en este campo son más avanzadas que otras empresas del mundo y están varios pasos por delante de ellas. Esto significa que podemos obtener muchos beneficios de [los alzos con Israel] en los próximos años.

Todavía más entusiasta fue Manahel Thabet, una economista y consultora de Yemen que vive en los Emiratos Árabes Unidos. También ella escribió en Al-Bayan:

Israel gasta alrededor del 4,7% de su ingreso nacional en investigación científica, y sus universidades obtienen altos puntajes en las clasificaciones mundiales… Tienen 55 instituciones de educación superior, incluyendo ocho universidades…

La investigación científica en Israel se centra en los campos de las computadoras, la industria de la información, la industria del software, la ciencia y la tecnología nuclear, el estudio del espacio y sus aplicaciones, y la tecnología biológica y médica… Israel lidera el mundo en producción e investigación. Los investigadores israelíes han publicado 138.881 estudios bien realizados en revistas científicas… En cuanto a las patentes [israelíes], ellas son la indicación más evidente de la brecha entre los árabes e Israel, que ha registrado alrededor de 16.805 patentes".

Thabet congratula al "sabio liderazgo de los Emiratos Árabes Unidos" por superar el "complejo" antiisraelí que todavía afecta a gran parte de la sociedad árabe.

Tarjeta de embarque especialmente impresa para conmemorar el primer vuelo directo de El Al entre Tel Aviv y Abu Dhabi

Queda claro que las actitudes están evolucionando. El boicot árabe a Israel, que durante décadas pareció ser implacable, cada vez pierde más adherentes entre los pensadores, diplomáticos y periodistas árabes que llegaron a verlo como algo contraproducente. En el New York Times en noviembre del año,p pasado, el corresponsal David Halbfinger informó sobre un "nuevo grupo de pensadores árabes de todo el Medio Oriente con mentalidad liberal que presiona en favor de comprometerse con Israel en base a la teoría de que eso ayudaría a sus sociedades y promovería la causa palestina". Miembros del grupo afirmaron que aislar y demonizar a Israel les ha costado a las naciones árabes miles de millones en comercio. Ellos dicen que esto también socavó los esfuerzos palestinos para construir instituciones para un futuro estado y desgarró el tejido social árabe, ya que los líderes étnicos, religiosos y nacionales rivales aplican cada vez más las tácticas que fueron probadas primero contra Israel.

"Los árabes son las primeras y únicas víctimas del boicot", declaró Eglal Gheita, un abogado egipcio-británico.

Entre los organizadores del grupo hay alguien con un nombre famoso: Anwar Sadat, el sobrino del presidente egipcio que firmó el primer acuerdo de paz árabe con Israel. Otro organizador, Mustafa el-Dessouki, es el editor en jefe de una influyente revista de noticias financiada por Arabia Saudita.

Él le dijo a Halbfinger que cada vez encuentra más árabes que comparten su opinión respecto a que la hostilidad de sus gobiernos hacia el estado judío es primitiva y pasada de moda, y que "realmente quieren conectarse con los israelíes". Por supuesto que esta sigue siendo una opinión minoritaria en el mundo árabe. Llevará un tiempo hasta que se extienda ampliamente en las bases árabes y musulmanas. Pero los gobernantes de los Emiratos Árabes Unidos, sintonizados con los beneficios que pueden generarles tener lazos más estrechos con Israel, no esperaron la aprobación de las bases y, si son sabios, otros líderes árabes seguirán su ejemplo.

El historiador británico Paul Johnson sugirió que el antisemitismo, que alimentó la animosidad comercial y diplomática de los árabes hacia Israel, debería ser considerado como una especie de enfermedad intelectual, fundamentalmente irracional y sumamente contagiosa. Johnson aseguró que el antisemitismo tiene gran fuerza autodestructiva y daña gravemente a los países y a las sociedades que lo adoptan. En un patrón que se repitió de manera previsible en lo que él llamó una "ley histórica", las naciones que hacen que la vida judía sea insostenible se condenan a sí mismas al declive y la debilidad.

Johnson argumentó que el antisemitismo ejerce una gran fuerza autodestructiva, dañando severamente a los países y a las sociedades que lo adoptan.

Johnson afirma que esto fue lo que ocurrió en España después de que expulsaran a los judíos en 1492, en la represión zarista antijudía en Rusia y en el descenso de la Alemania nazi a un diabólico odio antijudío, que llevó a una catastrófica derrota militar y a la ruptura de la Guerra Fría que duró medio siglo.

Probablemente esto mismo fue lo que ocurrió con los "100 millones de árabes que marcharon bajo la bandera del antisemitismo" durante todos estos años. Impulsados durante mucho tiempo por el odio a los judíos y obsesionados con Israel, los árabes "derrocharon vastas riquezas petroleras en armas de guerra y propaganda… Al escaparse de la razón, no lograron modernizar ni civilizar sus sociedades, no introdujeron la democracia ni consolidaron el gobierno de la ley". La cultura árabe en una época lideró al mundo en el estudio, la innovación y el pluralismo. Pero hoy no es líder mundial prácticamente en nada, salvo en la violencia fratricida y el fanatismo islamista.

Evitar y demonizar a Israel durante tanto tiempo dio pocas ganancias al mundo árabe. Es sumamente alentador ver que destacados pensadores árabes, y el primer gobierno árabe en más de un cuarto de siglo, han rechazado el viejo rencor y enumeran los logros que la paz puede posibilitar. Que esos logros proliferen y sean evidentes para todos, y que el liderazgo de Abu Dahbi para hacer la paz con Jerusalem sea imitado en todo el Medio Oriente.

Este artículo apareció originalmente en "Arguable", el boletín semanal escrito por Jeff Jacobby, columnista del Boston Globe.