Lo hemos visto antes en repetidas ocasiones: Una imagen de un soldado de las FDI apuntando con su rifle a un indefenso palestino. No se ofrece ninguna información extra —¿acaso el soldado está a punto de ejecutar al pobre palestino a quemarropa?— la imagen se propaga a través de las redes sociales, reforzando la (falsa) narrativa de la “agresión israelí contra las víctimas palestinas”.

La última farsa de Pallywood —una industria dedicada a la producción de propaganda palestina— circula actualmente en Facebook, mostrando “el cañón de un fusil israelí apuntando directamente el cuello de un joven palestino”.

Afortunadamente, Roi Rahmani, un monitor de medios sociales, descubrió otra foto, esta vez mostrando a los dos “actores” posando para una selfie amigable.

Pero en el momento en que la verdad fue revelada, la foto falsa ya había cumplido su cometido y había causado un daño irreparable.

Psicológicamente, es casi imposible deshacer el daño que provocan estas imágenes.

Estas imágenes crean un “registro gráfico de los eventos” y una vez que entran en la conciencia colectiva, el daño es prácticamente irreparable. Según Hany Farid, profesor de Dartmouth y experto en fotografía digital, a nivel neurológico, el cerebro tiende a resumir las principales épocas históricas en imágenes emocionales que encapsulan la compleja historia: el momento en que los soldados norteamericanos izaron la bandera en Iwo Jima, la niña vietnamita escapando del napalm, el hombre enfrentando al tanque en la Plaza de Tiananmen, los cables de electrocución en la prisión de Abu Ghraib.

Trágicamente, las míticas fotos de palestinos sufriendo son más que inexactitudes fácticas o simplemente una cuestión de relaciones públicas. Una mujer palestina, después de haber oído un (falso) testimonio de “atrocidades israelíes”, declaró: “Nunca olvidaremos esta masacre. Esto es similar al Holocausto. Le enseñaremos a las generaciones que vendrán a no olvidar esto”.

Campaña de propaganda

Las fotografías falsas son parte de una fórmula precisa —muerte, destrucción y niños— para generar cobertura mediática sobre los “agresores israelíes”.

¿Quién puede olvidar la imagen ampliamente divulgada de un “soldado israelí” apuntando con su rifle a una niña palestina y pisándola con su bota? Todo era parte de una exposición de “teatro callejero” anti-israelí en el reino del Golfo Pérsico de Baréin. Sin embargo, los propagandistas anti-Israel hábilmente recortaron la foto (como se muestra aquí con líneas amarillas) para demonizar a Israel.

Mark Twain dijo: “Una mentira bien expresada es inmortal”. Y el peligro de las imágenes falsas es muy real. Al igual que los libelos de sangre medievales que desataron pogromos en Europa, estas imágenes quedan grabadas en la memoria colectiva palestina, fomentando un clima de desconfianza que perdurará durante décadas, y que en última instancia, socavará a aquellos que anhelan una convivencia pacífica.