En los 10 días de guerra entre Israel y Hamás en Gaza, murieron más de 200 palestinos comparado a 12 israelíes.

Para muchos, este desequilibrio sólo puede implicar una cosa. "¡Crímenes de guerra!", rugió John Oliver, el conocido especialista de la Convención de Ginebra. El New York Times proclamó: "una catástrofe humanitaria".

Israel comenzó a bombardear objetivos en Gaza sólo por una razón: porque Gaza comenzó a disparar misiles a Israel. Punto.

Muchos eventos llevaron a que Hamás disparara los misiles. Podemos discutir sobre esos eventos, sobre quién tiene derecho al área llamada Sheik Jarrah; sobre qué motivó la cancelación de las elecciones de junio en Cisjordania, que Hamás pensó que podía llegar a ganar, y sobre la causa de los enfrentamientos entre israelíes y palestinos en el Monte del Templo.

Todo eso es debatible. Pero nada de eso justifica disparar misiles a civiles. Y todo lo que el estado judío hizo en respuesta desde entonces fue defensivo.

El primer día de los intercambios, Hamás disparó a Israel 750 misiles. En los días siguientes volaron otros 3.000. La idea de que el acto de defender a los civiles contra el disparo de misiles pueda llegar a constituir un crimen de guerra es la definición textual de idiotez moral.

Los criminales de guerra no arrojan bombas falsas sobre los edificios para advertir a los residentes y a quienes arriendan oficinas que se acerca un ataque, para que puedan salir sin sufrir daños. Los criminales de guerra no llaman por teléfono a los dueños de los edificios para dejarles saber que va a tener lugar un ataque y que los residentes deben ser evacuados.

Algunos se quejaron de que Hamás no cuenta con una Cúpula de Hierro para protegerse de los ataques de Israel. Hamás tiene algo mucho más simple y menos costoso: simplemente puede dejar de disparar misiles. Problema resuelto.

El hecho de que murieran menos israelíes que palestinos en Gaza se debe por completo al éxito de la Cúpula de Hierro. El sistema de defensa aérea que intercepta y destruye los misiles de Hamás antes de que aterricen. Los aviones israelíes también buscaron y bombardearon los sitios desde los que se disparan los cohetes y los lugares de comando y control desde los que se planean estos ataques.

Israel usa la Cúpula de Hierro para proteger a su pueblo del esfuerzo indiscriminado de Hamás de matar a cualquiera que pueda y destruir todo lo que pueda. Esto llevó a que otros idiotas morales se quejaran de que Hamás no posee un sistema como la Cúpula de Hierro para protegerse de los ataques de Israel.

¿De veras? Hamás tiene algo mucho más simple y menos costoso: puede no disparar misiles. Problema resuelto.

La Cúpula de Hierro no sólo salva vidas y propiedades israelíes. Probablemente ha salvado también la vida de decenas de miles de palestinos de Gaza sólo en las últimas dos semanas.

¿Cómo? Imagina que el sistema no existiera, que Hamás hubiera recolectado 30.000 misiles y que comenzara a dispararlos. Hubieran muerto muchos cientos de israelíes. La respuesta, por necesidad, hubiera sido devastadora. Israel habría estado obligado a entrar a Gaza con una fuerza impresionante e ir calle por calle, túnel por túnel, para localizar los misiles y estallarlos.

Es espantoso que 60.000 palestinos hayan tenido que huir de sus hogares o que hayan quedado sin casa. Pero cada uno de ellos debe su lamentable condición actual a la estrategia de Hamás de entrelazar su armamento en medio de los ciudadanos de Gaza.

Eso tiene también otras consecuencias. Como señaló recientemente Jonathan Sacerdoti en The Spectator, más de 400 misiles que Hamás disparó desde Gaza aterrizaron… en Gaza. Hamás simplemente suma las víctimas de esos actos inadvertidos de autodestrucción al resultado total que culpa al estado judío.

El principal reclamo emocional contra Israel es el desproporcionado número de muertos. Pero considera lo que aquí esperan que creamos. Según las propias cifras de Hamás, han muerto algo así como 20 palestinos por día. Cada muerte civil es una tragedia. Pero las cifras relativamente pequeñas (compara las cifras de Gaza con los horrores masivos de la guerra civil siria), son un testimonio no de la barbarie de Israel, sino de su determinación por evitar víctimas civiles.

Israel recibe poco crédito. Pero de todos modos lo recibirá. En este sentido, la historia registrará a Israel como un faro moral.

Este artículo apareció originalmente en el NY Post.