El documental de Dror Moreh, “Los Guardianes” (The Gatekeepers), podría haber sido un film profundo.

En vez de eso, Moreh utiliza sus entrevistas con seis antiguos directores del Shin-Bet (servicio de inteligencia y seguridad interna de Israel) para enviar un mensaje político simplista y profundamente partisano: Si Israel se retirara de Cisjordania, el terrorismo disminuiría y se alcanzaría la paz.

Para promover este mensaje, el documental presenta deshonestidad intelectual y omite contexto crítico. Mientras que la mayoría de los israelíes conoce el contexto más amplio, el espectador promedio probablemente no, y por lo tanto es vulnerable a la visión parcial de los hechos por parte del director.

A pesar de que el film intenta retratar las políticas anti-terroristas de Israel como contraproducentes y crueles, las entrevistas involuntariamente cuentan una historia diferente. Los seis ex-directores son elocuentes, profundamente considerados y genuinamente autocríticos.

Ellos exudan seriedad mientras describen la lucha con los dilemas morales que enfrentaron regularmente.

Ellos no son hombres crueles. Ellos debatieron sinceramente con cómo proteger a los civiles israelíes y palestinos por igual. Sus descripciones de las restricciones legales y éticas del Shin-Bet son un testamento de los altos estándares morales de Israel. Su comodidad al hablar libremente es un testamento de la robusta democracia israelí.

El film repetidamente ignora la historia y el contexto.

Sin embargo, el film repetidamente ignora la historia y el contexto. Culpa a Israel por la hostilidad y la violencia palestina que ocurrió después de 1967, cuando Israel comenzó a administrar Cisjordania.

El espectador nunca entiende a partir del documental que el terrorismo en contra de judíos e israelíes no fue un resultado de la administración israelí, sino más bien ha sido una característica regular de la vida diaria desde los años previos al estado.

Los árabes palestinos asesinaron más de 1.000 judíos entre 1920 y 1967, y realizaron una limpieza étnica de todas las comunidades judías en las áreas que capturaron durante la guerra de 1948, incluyendo Cisjordania, Gaza y Jerusalem Oriental. El patrón de terrorismo simplemente continuó después de la victoria de Israel en 1967 en su guerra defensiva. Yasser Arafat organizó 61 operaciones militares de Fatah desde Cisjordania en los meses después de la guerra, y 162 Israelíes fueron asesinados por terroristas entre 1968 y 1970.

Visual y verbalmente, el film retrata a Israel como un ocupante desalmado. Las audiencias no reciben información sobre cuán dura era la vida para los palestinos bajo mandato egipcio y jordano entre 1948 y 1967, con descontroladas enfermedades infantiles, estancamiento económico y restringidos derechos civiles y políticos. Además, el documental ignora por completo el panorama general de las positivas relaciones israelí-palestinas después de 1967.

Y a pesar de que Israel buscó detener a los terroristas, también instituyó un auto-gobierno y una administración municipal palestina, introdujo libertad de expresión y asociación, y modernizó ampliamente la economía palestina tanto como la salud palestina, el bienestar y la educación, convirtiendo a Cisjordania y Gaza en la cuarta economía mundial de más rápido crecimiento en los años 1970 y 1980.

En línea con su agenda política, Moreh intenta pintar a todos los israelíes religiosos, los colonos y los partidos de extrema derecha como extremistas e intransigentes.

El documental insinúa que así como muchos palestinos son terroristas e incitan el odio, así también lo hacen muchos judíos. Como prueba, Moreh magnifica incidentes seleccionados, particularmente el caso de colonos judíos de Hebrón que formaron la organización paramilitar llamada "Jewish Underground" en 1980.

El documental hará creer a la audiencia que la organización "Jewish Underground", que hirió a dos alcaldes palestinos, asesinó a tres palestinos, y que conspiró volar cuatro autobuses palestinos y el Domo de la Roca, es bastante representativa de la mayoría de los colonos. Pero no lo es. Con la excepción de unos cuantos miembros de "The Jewish Underground", Israel no tiene organizaciones terroristas.

Mientras que existen extremistas en Israel como en cualquier sociedad, la vasta mayoría de colonos, tanto religiosos como seculares, son ciudadanos respetuosos de las leyes.

El país en su conjunto condena y margina tal extremismo. El Shin-Bet arrestó a los líderes de "The Jewish Underground" en 1964, y el gobierno israelí y la vasta mayoría de los israelíes, incluyendo otros colonos, denunciaron al grupo, aunque algunos líderes israelíes de la época continuaron expresando preocupación por la falta de protección gubernamental para los judíos de Hebrón.

Similarmente, debido a que las sentencias impuestas a los líderes de "The Jewish Underground" fueron conmutadas, el documental sugiere que el gobierno israelí ha sido "blando" con los extremistas judíos y que utiliza un doble estándar, tratando a los terroristas judíos con mucha más benevolencia que a los terroristas palestinos.

Pero estos miembros fueron liberados únicamente después de cumplir una sentencia de casi siete años, no porque Israel fue "blando" con los terroristas judíos, sino porque Israel había liberado a los mismos prisioneros palestinos que habían perpetrado los ataques que llevaron a "The Jewish Underground" a organizarse.

Tales omisiones de hechos y contexto se repiten a lo largo del film. Moreh hace parecer las acciones del Shin-Bet inmorales o contraproducentes al minimizar el contexto del terrorismo.

Moreh encubre el impacto de la segunda intifada (2000-2005), sin embargo los horrores de su terrorismo y el odio fanático que motivó a los terroristas suicidas, diezmaron el campamento de paz israelí, un hecho crítico que el documental simplemente ignora. La audiencia no se entera que casi 1.100 israelíes fueron asesinados y miles más mutilados por terroristas durante la segunda intifada.

El documental nunca alude a los enormes desafíos que estos ex-directores del Shin-Bet enfrentaron.

Lo que es aún más decepcionante, el documental nunca alude a los enormes desafíos que estos ex-directores del Shin-Bet enfrentaron. Israel está luchando con terroristas que rutinariamente se esconden entre civiles palestinos precisamente para protegerse de los ataques de las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI) porque saben que el FDI evita herir a transeúntes inocentes. Presionado por el entrevistador para admitir que las acciones del Shin-Bet fueron inmorales durante su mandato (1981-1986), Abraham Shalom finalmente contesta: "Esto no es sobre moralidad… cuando los terroristas se vuelvan morales, nosotros seremos morales".

El documental tampoco representa la naturaleza del enemigo que Israel enfrenta. La ideología genocida de Hamás nunca surge en las entrevistas. Sin embargo las metas de Hamás, claramente expresadas en su acta constitutiva y en las afirmaciones de sus líderes, llaman al asesinato de los judíos y a la "erradicación" de Israel, y están impregnadas de antisemitismo. El documental ignora la incesante provocación al odio y a la matanza de judíos que permea la sociedad palestina de manera oficial y extraoficialmente.

El documental nunca explora el significado de lo que un director del Shin-Bet escuchó de un terrorista de la OLP que él mismo interrogó: los terroristas consideran que es una “victoria” cuando hacen sufrir a los judíos.

Más inquietante aún, el espectador nunca se entera de que Israel ha intentado repetidamente hacer precisamente lo que Moreh aboga. El film nunca menciona las ofertas de Israel de intercambiar tierras por paz en 1967, 1979, 2000 y 2008, o que los líderes palestinos sistemáticamente rechazaron estas ofertas.

Moreh quiere que las audiencias compartan sus ilusiones, de que Israel puede terminar el conflicto simplemente retirándose de Cisjordania. Pero la historia reciente, omitida en este documental, contradice esta expectativa. Israel se retiró de su zona de seguridad en el Líbano en el 2000 y retiró todos los asentamientos y a más de 8.000 israelíes de Gaza en el 2005. Los resultados fueron: amenazas intensificadas y terrorismo del representante iraní en el Líbano, Hizbolá, y del cliente Iraní en Gaza, Hamás, los cuales lanzaron más de 13.000 misiles y morteros a las comunidades del sur de Israel entre 2005 y 2012.

Deberíamos darle crédito al documental por revelar cómo los israelíes han mantenido su humanidad y sus esperanzas por una coexistencia pacífica, así como ha es ejemplificado por los directores del Shin-Bet.

Este es un tributo al espíritu Israelí y a la perdurable búsqueda de paz de Israel, pero al mismo tiempo subraya el trágico dilema israelí: Israel quiere paz, pero ellos no pueden encontrar compañeros para la paz a menos que, como Moreh, se vuelvan ciegos ante la continua hostilidad y amenazas en su contra.

Los esfuerzos de Moreh por culpar a Israel y las acciones del Shin-Bet por la constante hostilidad en contra del estado judío, es como culpar a la víctima que se está defendiendo a sí misma en vez de culpar al perpetrador.

El material de "Los Guardianes" podría haber producido un documental profundo si no hubiera sido sacrificado por un mensaje político y si hubiera sido más honesto intelectualmente y hubiera incluido el patrón histórico de la ideología genocida, la constante violencia y los desafíos estratégicos existenciales que Israel enfrenta cada día. Son estas duras realidades las que hacen el trabajo del Shin-Bet tan crucial y tan heroico.

Cortesía de Standwithus.com (sitio en inglés).