En 1967, las semanas previas a Shavuot fueron especialmente tensas para el pueblo judío. Los vecinos árabes de Israel amenazaban con una guerra y hubo algunos enfrentamientos violentos en las fronteras.

Jerusalem estaba dividida: las tropas jordanas controlaban gran parte del este y del norte de la ciudad, incluyendo la Ciudad Vieja y el Muro Occidental. Desde 1948, cuando la Ciudad Vieja cayó en manos del ejército jordano, los judíos no tenían permitido vivir ni pisar los precintos controlados por los árabes en la ciudad. La única excepción era el Monte Scopus, al norte de Jerusalem.

Quienes visitan en la actualidad la ciudad capital de Israel, conocen a Monte Scopus como el lugar donde se encuentra la Universidad Hebrea y el Hospital Hadassa. Entre 1948 y 1967, la universidad y el hospital operaban fuera de esos edificios, en la parte occidental de Jerusalem, y el Monte Scopus era un reducto bajo control israelí, sitiado por tropas jordanas hostiles.

Preparándose para la guerra

Rav Shlomo Goren, quien en esos tensos días era el rabino del ejército israelí, recuerda que se sentía la guerra en el horizonte. Él había realizado un esperado viaje a Australia, pero decidió interrumpirlo y regresar a Israel.

Soldados de la 55° Brigada de paracaidistas en una pausa del entrenamiento para sacarse una foto en Beit Guvrin, 1965 (Foto cortesía del Archivo Dan Shiloah)

"Cuando nuestros anfitriones se enteraron que nos volvíamos, organizaron un gran evento de despedida… Los miembros de la comunidad judía de Australia sabían que yo regresaba a un estado de guerra, y nadie sabía cuáles serían los resultados… Recuerdo que en ese encuentro dije con completa confianza que, con la ayuda de Dios, tendría el mérito de rezar en el Kótel (el Muro Occidental), algo que no me habían permitido hacer durante diecinueve años". (Cita de With Might and Strength: An Autobiography por Rav Shlomo Goren, Editado por Avi Rath, Maggid: 2016).

Las palabras de Rav Goren probaron ser proféticas. Unos pocos días más tarde, él estaba rezando en el Muro Occidental, primero en medio del fragor de la batalla y luego en tiempos de paz en una Jerusalem unificada. Esta milagrosa situación no hubiera podido tener lugar sin una de las batallas más decisivas en la guerra del 67: la batalla de Guivat HaTajmoshet (el Monte de las Municiones), en el norte de Jerusalem, que les permitió a las tropas israelíes abrir una brecha en las líneas jordanas y finalmente lograr reunificar Jerusalem.

Guivat HaTajmoshet

La batalla en el Monte de las municiones se considera una de las batallas más valiente de la historia de las fuerzas armadas de Israel. Sin ella, Jerusalem hubiera permanecido en las hostiles manos jordanas.

El Monte de las Municiones, en hebreo Guivat HaTajmoshet, se encuentra al norte de Jerusalem, cerca de Monte Scopus. Las tropas británicas construyeron en el área una unidad de almacenamiento de armas y en 1948 Jordania capturó el área y comenzó a transformar el monte, así como la cima de otra colina cercana, en una posición militar fuertemente fortificada.

A lo largo de 19 años, las tropas jordanas construyeron una red de trincheras fortificadas que cruzaban la colina. Con su imponente altura y sus defensas aparentemente impenetrables, Guivat HaTajmoshet aseguraba que el Monte Scopus permaneciera aislado del resto de Jerusalem que estaba bajo control israelí. Cualquier movimiento del ejercito israelí para reunificar la ciudad implicaba tener que dominar el Monte de las Municiones, algo que parecía imposible.

Trincheras en el Monte de las Municiones

Cuando Israel lanzó un ataque preventivo contra el aeródromo militar de Egipto el 5 de junio, las tropas jordanas también comenzaron a luchar contra Israel. Las tropas israelíes llegaron hasta Guivat HaTajmoshet para tratar de conquistar ese puesto clave. El coronel Mordejai Gur recibió la abrumadora tarea de conquistar el Monte de las Municiones, una de las asignaciones más difíciles de la guerra.

Por encontrarse en el centro de la zona residencial de Jerusalem, era demasiado arriesgado bombardear Guivat HaTajmoshet desde el aire. En cambio, 150 paracaidistas israelíes se prepararon para luchar en tierra.

Guerra en el medio de Jerusalem

El artista y periodista Meir Ronnen formaba parte de la primera tropa enviada a Guivat HaTajmoshet en la mañana del 5 de junio. Posteriormente comentó que él y sus compañeros se prepararon para la guerra en el corazón residencial de Jerusalem, rodeados de civiles.

"Nos llevaron en autobuses de Egged (la compañía de transporte municipal) a Sanhedria (un barrio de Jerusalem). En el complejo de departamentos Pagio, mujeres ancianas nos trajeron té y tortas", relató Ronen. "Justo después de las 10 AM, llevando equipo pesado, armas personales y las pesadas pistolas Brownings y sus trípodes, atravesamos el cementerio de Sanhedria… y desembarcamos en una trinchera lamentablemente poco profunda al pie de Guivat HaTajmoshet.

Trágicamente, la inteligencia militar israelí había subestimado el número de soldados jordanos que defendían Guivat HaTajmoshet. En esas primeras y confusas horas de guerra, las tropas de Ronnen no estaban bien preparadas.

"No había ningún oficial con nosotros… La posición de la trinchera era deprimente. Ordené al primer pelotón que dejaran todo y arrastraran algunos tablones que había en la zona para cubrir la trinchera, como protección contra los proyectiles de mortero. Íbamos a relevar a una pequeña unidad de jóvenes reservistas… pero antes de que pudieran marcharse, de repente los jordanos abrieron fuego… Los jordanos en Guivat HaTajmoshet rápidamente colocaron un obús de cañón en la parte superior del fortín. Uno de los jóvenes reservistas, un cabo que estaba a cargo del puesto de observación, fue herido en el hombro. Lo llevamos corriendo por la trinchera bajo un intenso fuego de ametralladora…"

Esa noche, 150 paracaidistas israelíes llegaron al área para atacar Guivat HaTajmoshet. La información que tenía el ejército de Israel sobre el número de soldados jordanos que custodiaban el puesto era deficiente. En lugar de atacar Guivat HaTajmoshet con una fuerza superior, los paracaidistas israelíes entraron en la batalla contra un número casi igual de fuerzas jordanas. En el curso de los brutales combates durante toda la noche, la mayoría de los soldados israelíes murieron o resultaron heridos.

Cuando amaneció el 6 de junio de 1967, 36 soldados israelíes habían muerto en los combates y unos 90 habían sido heridos. La mayoría de los oficiales estaban entre los muertos.

Una batalla de cabos

La lucha fue espantosa. Al llegar a Guivat HaTajmoshet, las fuerzas israelíes se vieron obligadas a caminar a través de las trincheras estrechas y sumamente fortificadas de los jordanos. Los soldados tenían que marchar en fila india. La estrechez de la trinchera implicaba que era prácticamente imposible proteger del fuego a los que iban adelante. Al principio, los oficiales dirigían a los soldados, pero fueron abatidos una y otra vez, hasta que los soldados de infantería de menor rango tuvieron que tomar el control y dirigir a los hombres.

Posteriormente, la batalla por el Monte de las Municiones fue apodada "la batalla de los cabos", por la forma valiente en que los soldados de menor rango se hicieron cargo de la batalla cuando sus comandantes fueron asesinados o heridos.

"Yo estaba realmente asustado", explicó el ex cabo Iaakov Jaimovitch. "Todo ocurrió muy rápido". Cuando el comandante de su pelotón cayó bajo fuego enemigo, el cabo Jaimovitch se hizo cargo y dirigió a sus compañeros para continuar el asalto nocturno a través de la trinchera. "Aunque yo era un simple soldado, entendí que no podíamos perder el impulso de la batalla. Posteriormente mis amigos me dijeron que grité: '¡Ajarai!' (¡Síganme!) y luego disparé dos tiros al aire".

Bajo la conducción del cabo Jaimovitch, su pelotón logró hacer estallar el mayor búnker jordano y tomar el control de Guivat HaTajmoshet.

Otro héroe de la batalla de Guivat HaTajmoshet fue el cabo Eitán Nevé. Cuando su pelotón avanzaba bajo fuego y granadas arrojadas a la trinchera, le ordenaron al cabo Nevé salir de la trinchera y cubrir a sus compañeros. Con los intensos disparos que había por encima de la trinchera, el cabo Nevé debe haber entendido de inmediato que esa era una misión suicida, pero no dudó en cumplirla.

Salió de la trinchera y recibió varias balas mientras cubría a las tropas israelíes que seguían dentro de la trinchera. Cuando se dio vuelta para regresar a la trinchera, recibió una bala en la cabeza. Su cuerpo sin vida cayó dentro de la trinchera. Otro soldado salió de inmediato y ocupó el lugar del cabo Nevé, cubriendo a sus compañeros.

Después de la batalla, el cavo Nevé recibió póstumamente el Itur HaGuevurá, la medalla de valor, el máximo honor militar de Israel. Cuando le preguntaron a su madre qué le resultaba más notorio sobre el premio que recibió su hijo, ella señaló la palabra turá (cabo), el rango militar de su hijo. No se trató de un oficial ni de un famoso general que manifestó semejante heroísmo y dio su vida para salvar a sus soldados. Fue su hijo, el cabo Nevé, un soldado raso que manifestó increíble heroísmo y coraje.

Iosi Sidkoni era un paracaidista que tomó parte en la batalla. Cuando su comandante fue herido en el pecho por un soldado jordano, Sidkoni tomó su lugar. "En unos segundos comenzaron a dispararnos. Entramos a un área que posteriormente fue llamada el 'triángulo de la muerte', en donde fueron asesinados los tres primeros soldados en la batalla.

Sidkoni (a la derecha) (Cortesía de Iosi Sidkoni)

El momento en que le dispararon a su comandante fue terrible para el pelotón. "Estaba gravemente herido. Lo arrastramos hasta un lugar donde podíamos esconderlo y tratamos de ayudarlo, pero como unidad de repente estábamos solos, como si hubieran matado a nuestro padre y de repente no estuviera allí para dirigirnos. Después de un segundo recuperamos la compostura y el sargento me pidió que me hiciera cargo", recordó Sidkoni.

Luchar por el pueblo judío

El coronel Shimon Cahaner fue uno de los oficiales presentes en Guivat HaTajmoshet. A pesar de tener una larga y distinguida carrera militar, el sintió que la batalla de la Colina de las Municiones y sus consecuencias fueron diferentes a otras batallas. "Sentí que no luchaba por mí mismo, sino por todos nosotros, por ustedes, por el pueblo judío en todo el mundo", dijo años más tarde ante una audiencia en los Estados Unidos.

Con Guivat HaTajmoshet en manos israelíes, los soldados se dirigieron a la Ciudad Vieja de Jerusalem, luchando contra las tropas jordanas en el corazón mismo de Jerusalem.

Años más tarde, el coronel Cahaner asistió a una reunión de soldados que lucharon en la batalla de Guivat HaTajmoshet, tanto veteranos israelíes como jordanos. Allí, los jordanos le dijeron que los jordanos "lucharon como leones, pero ustedes (los israelíes) lucharon como un pueblo suicida. Cada vez que tratábamos de matarlos, volvían a saltar".

Soldados israelíes en la ceremonia de ingreso al ejército, en Guivat HaTajmoshet.

Cuando la batalla terminó en la mañana del 6 de junio de 1967, habían muerto en acción 36 soldados israelíes y 71 soldados jordanos. Al día siguiente, antes de partir del sitio de la lucha, los exhaustos soldados israelíes primero enterraron a los soldados jordanos muertos en acción en una sección de la montaña y erigieron un monumento. Escribieron un letrero y lo colocaron encima de un rifle jordano, declarando: "El ejército de Israel enterró aquí a 71 valientes soldados jordanos. 7 de junio de 1967".

En recuerdo de Guivat HaTajmoshet

Con el Monte de las Municiones bajo control israelí, cambió el curso de la guerra. El puesto de Israel en el Monte Scopus ahora podía estar vinculado con el resto de Jerusalem. Muy pronto, los soldados israelíes siguieron avanzando, entraron a la Ciudad Vieja y liberaron el Muro Occidental. Aunque la mirada de toda la nación se centró en la Ciudad Vieja, la batalla de Guivat HaTajmoshet sigue siendo uno de los recuerdos claves de la Guerra de los Seis Días.

Nueve años más tarde, en 1975, se abrió en el sitio de la feroz batalla un monumento y un museo. En la ladera de la colina plantaron 182 olivos en recuerdo de los 182 soldados israelíes que murieron tratando de reunificar a Jerusalem durante la Guerra de los Seis Días. Cada año recorren el lugar soldados israelíes y más de 100.000 civiles. En la actualidad, el sitio de la batalla es también el principal lugar donde se celebra el ingreso de los paracaidistas israelíes.