Mi nombre es Majid Rafizadeh y soy cientista político. Cuando tenía 20 años, enseñé en la universidad en Irán bajo el gobierno de Mahmoud Ahmadinejad y del Ayatola Ali Khamenei. En esa época, estaba estrictamente prohibido discutir en las clases sobre los derechos humanos y, si lo hacías, te arriesgabas a perder tu puesto. Sin embargo, me resultó imposible no sacar el tema en una de mis clases. Las "mentes jóvenes" necesitaban saber la verdad y yo tenía la ilusión de que sus reacciones sobre el tema generarían nuevas ideas y nuevas esperanzas para su generación. Al describir a mis alumnos la terrible tragedia del Holocausto, algo al fondo de la clase me llamó la atención.

En la clase se sentaban separados varones y mujeres, los varones en los bancos de adelante y las mujeres más atrás. Una de mis alumnas estaba llorando. Lloraba en silencio y no me hubiera dado cuenta de no ser por un sutil temblor en sus hombros. Era menuda y vestía una pañoleta gris y la túnica obligatoria del islam. Nadie más se dio cuenta que lloraba. Me sorprendió que se emocionara tanto y caminé hacia ella llevando algunos pañuelos. No pude evitar preguntarme qué era lo que le había afectado a tal grado. En ese momento, ella no me dio ninguna explicación, así que seguí enseñando mi clase.

Posteriormente supe que Sarah, mi alumna, tenía parientes de parte de su abuelo que habían muerto en el Holocausto. Me sentí triste y sorprendido. Tuve muchas preguntas. ¿Ella era judía? Este pensamiento me impresionó y dio lugar a otra pregunta importante: ¿Por qué me sorprendía tanto encontrar a un judío? ¿Por qué de repente comencé a sentir como si me hubiera encontrado con un extranjero, con una persona de otro país? En verdad sus parientes vivieron en Irán mucho más tiempo que los míos. ¿Por qué me costaba tanto aceptar que ella era judía?

¿Por qué me sorprendía tanto encontrar a un judío? ¿Por qué de repente comencé a sentir como si me hubiera encontrado con un extranjero, con una persona de otro país?

Muy pronto logré entender la razón por la cual ella sentía la necesidad de mantenerse oculta. Eran los mismos sentimientos que muchas otras personas generalmente sentían en la región cuando enfrentaban la decisión de revelar o no que eran judíos.

En primer lugar, hay esfuerzos sistemáticos y concertados desde lo más alto del régimen teocrático y de muchos otros gobiernos en la región para eliminar la historia judía. También hay un fuerte impulso por incitar el antagonismo contra el pueblo judío.

El régimen alienta abiertamente los debates que despiertan dudas y cuestionan la autenticidad del Holocausto. Difunden consignas antisraelíes y celebran festividades antisraelíes, tales como el día de Quds. Ellos promueven y alaban a los que niegan el Holocausto —tal como lo hace el ex presidente Mahmoud Ahmadinejad— y exaltan las intrincadas enseñanzas que implican que los judíos son impuros (najis).

Todos estos actos, combinados con muchas otras formas de intimidación promovidas por el régimen, no sólo crean un ambiente hostil para las comunidades judías dentro de Irán, sino también en el exterior.

Otros ejemplos de falta de respeto y de infundir temor por parte del régimen incluyen haber invitado a personas de todo el mundo a participar en una competencia de caricaturas del Holocausto con un premio de casi $50.000. Esto fue patrocinado por dos organizaciones que están directa o indirectamente conectadas con el gobierno iraní. La organización Owj de arte y medios, fundada por el IRCG, los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica, y el Centro Cultural Sarcheshmeh, apoyado por la Organización de Desarrollo Islámico (IDO), financiado por el Parlamento.

Que los líderes del gobierno atormenten a los judíos de esta y otras formas sólo logra aislar todavía más a la comunidad judía y los pone en riesgo de ser el blanco tanto de los extremistas como de quienes son leales al régimen.

Estas políticas obligan a muchas familias e individuos a llevar una doble vida, una pública y otra privada, a tener dos nombres diferentes y quizás incluso dos religiones diferentes. Esto a su vez provoca desconfianza hacia la comunidad judía, lo que sólo incrementa la cultura de “ellos versus nosotros” que se fue construyendo durante décadas. Hay un quiebre profundo en la sociedad que provoca que la interacción sea en el mejor caso inestable y en el peor, potencialmente explosiva.

A pesar de que muchas generaciones de sus familias vivieron en la misma tierra y de la rica historia e influencia que tuvieron en la región, muchos judíos no se sienten seguros ni bienvenidos en la sociedad. Un hombre con quien hablé, que pidió que no revelara su apellido, dijo que no le cuenta a nadie sobre su vida. Este aislamiento ya no es sólo físico, sino mental y emocional, un estado de existencia que puede crear un trauma psicológico de larga duración.

En segundo lugar, el régimen iraní promueve el antisemitismo y la narrativa antisraelí a través de diversos medios, incluyendo el currículum que se enseña en las escuelas, los comentarios en los medios sociales, los informes noticiosos y los entretenimientos en televisión, y una retórica política implacable. Esta narrativa no se detiene en las fronteras del Medio Oriente. Últimamente comenzó a atraer audiencia también en el Occidente.

Desde la perspectiva de estos líderes islámicos, los judíos, así como otras religiones minoritarias, son vistos como una potencial amenaza a la seguridad del régimen y a la identidad nacional. Pueden ser vistos como extraños que molestan el intento del régimen de homogeneizar a la población para tener un mejor control.

Dado que el régimen iraní se opone a la existencia de Israel, las autoridades iraníes sospechan de los judíos.

Una razón detrás de estas percepciones de la teocracia iraní es que las raíces de los judíos en Irán datan de una era preislámica, una era que el gobierno iraní intenta borrar de la memoria de la sociedad. Otra razón es que para el régimen iraní, los judíos e Israel están unidos en una misma categoría. Ellos piensan que si eres judío, entonces eres israelí. Dado que el régimen iraní se opone a la existencia de Israel, las autoridades iraníes sospechan de los judíos. Son considerados aliados de Israel, conspiradores y leales a Israel y a los Estados Unidos, no al gobierno iraní.

Algunos judíos confiesan en secreto que de hecho llevan dos vidas separadas. En su vida privada practican su fe, pero en público son sumamente cuidadosos y evitan decir cualquier cosa sobre sus vidas. Por miedo y para sobrevivir económica, social y académicamente, algunos fingen convertirse al islam, pero continúan practicando el judaísmo en sus hogares. Algunos tienen dos nombres, uno musulmán y otro judío.

Pese a esta sólida tendencia contra los judíos, para resaltar su legitimidad a nivel global, en algunas circunstancias y eventos el régimen iraní se jacta de su tolerancia, y afirma que el hecho de que haya judíos en Irán es una señal de que el régimen es cosmopolita y civil. De acuerdo con las circunstancias, la comunidad judía puede ser presentada frente a gobiernos extranjeros como un ejemplo de progreso, o pisoteada por el régimen iraní como una presencia tóxica en el país y en la región.

No es sorprendente que me hayan recriminado por hablar sobre los derechos humanos y sobre el Holocausto en mi clase. Después del último día de clases, nunca volví a ver a Sarah. Ella se tomó la molestia de darme una tarjeta de agradecimiento. Ese día ella llevaba un libro en inglés con un título que sugería tolerancia religiosa y coexistencia pacífica. Espero que el momento en que me acerqué a ella y mi decisión de hablar sobre los derechos humanos la hayan ayudado a liberar su mente, y espero que así también, se hayan liberado las mentes de todos sus compañeros.

Cuando di vuelta la tarjeta para leerla, mis ojos se llenaron de lágrimas. Allí decía: “Mi nombre en hebreo es Yafa”.


Este artículo fue originalmente publicado en Tabletmag.com