Estoy cada vez más sorprendido de que las instituciones de la ONU sigan tratando de arreglar su “pecado original” del 29 de noviembre de 1947, el "fatídico" día en que decidieron permitir la formación del estado judío.

Pareciera ser que ellos simplemente no entienden cómo sucedió todo esto: En un momento de debilidad, permitieron que los judíos establecieran un estado, ¡y más encima en la mitad del Medio Oriente!

Ellos no entienden cómo fue que logramos recolectar los fragmentos rotos, resucitar y construir un país próspero: en espíritu, en economía, en ciencia, en seguridad, con instituciones gubernamentales y legales. Todo esto, viviendo junto a un pueblo que supuestamente se encontraba en “su tierra” durante cientos de años sin ninguna amenaza o molestia, pero que, por alguna razón, no pudieron hacerla prosperar.

Si bien a la luz de la historia judía es difícil sorprenderse por el antisemitismo de la ONU, sí es fascinante ver cómo, en repetidas ocasiones, el liderazgo de la Autoridad Palestina logra generar apoyo e impulsar procedimientos legales internacionales bajo el lema de la “guerra contra la ocupación”.

Así que la situación es la siguiente: Decidimos resucitar esta tierra y construir un país próspero cooperando en vecindad con los árabes, no suplantando a los árabes. Elegimos invitarlos a trabajar y a participar en todas las iniciativas económicas y comerciales, casi sin ninguna excepción. Esto, con la clara creencia de que éste sigue siendo nuestro país, que somos dueños eternos de esta tierra y, por lo tanto, cada iniciativa debe llevarse a cabo con responsabilidad completa e ilimitada. Y sí, nuestra responsabilidad también se extiende a los árabes de nuestro país, y debemos asegurarnos de que la vida de cada persona en nuestro país sea una vida próspera.

Sin embargo, aquellos que se levantan y continúan reclamando con violencia la propiedad de esta tierra, aquellos que sólo boicotean, destruyen y dañan todo en la vida —y también la vida misma—, demuestran cada vez con sus acciones quién es el verdadero ‘impostor’ que reclama la corona. Porque esa es realmente la pregunta: ¿Quién debe liderar finalmente: la iniciativa del progreso representada por el pueblo judío, el único gobernante en el país que construye con todas sus fuerzas un futuro mejor también para los árabes; o quizás los palestinos, destacándose por su iniciativa terrorista bajo el liderazgo de Abu Mazen, que reagrupa nuevamente (y casi sin esfuerzo) al antisemitismo moderno tan familiar para nosotros?

Las listas negras no son nuevas para los judíos. Hubo un régimen que comenzó con ellas en contra de los negocios judíos en Alemania, y llegó adonde lo hizo. Ahora somos una nación soberana en nuestro país, gracias a Dios y al heroísmo de Israel. ¿Acaso piensan realmente nuestros enemigos que podrán expulsarnos de nuestra tierra por medio de boicots económicos u otros golpes y ataques de ese tipo? Es simplemente absurdo. Es algo “pequeño para nosotros” como dicen popularmente.

¡Los palos con los cuales desean golpearnos se romperán, y el ímpetu sionista continuará!


Este artículo apareció originalmente en el diario Maariv