A los medios de comunicación les encanta contar los cuerpos muertos en cada lado de un conflicto. Es mucho más fácil contar que explicar. Hamás sabe esto. Es por eso que utilizan lo que ha llegado a conocerse como "la estrategia del bebé muerto".

La estrategia de Hamás desde que Israel dejó Gaza en el 2005 ha sido exactamente la misma. La respuesta de los medios ha sido exactamente la misma. Y Hamás continuará utilizando la misma estrategia que hace que muchos civiles palestinos mueran mientras los medios continúen contando cadáveres desconsideradamente.

Así es como funciona: Hamás deliberadamente dispara misiles desde zonas civiles densamente pobladas, utilizando hospitales, centros de discapacidad, mezquitas y escuelas como bases de lanzamiento. Esto pone a Israel ante la trágica disyuntiva de, ya sea permitir que los misiles pongan en peligro a sus civiles, o destruir los lanzadores de misiles, arriesgando de este modo victimas civiles dentro de los escudos humanos de Hamás. A menudo Israel escoge abstenerse de atacar blancos militares para no poner a civiles palestinos en riesgo. A veces no tiene alternativa, porque el fuego de misiles en contra de sus civiles es persistente. Los civiles palestinos mueren a pesar de los mejores esfuerzos de Israel precisamente porque Hamás quiere que mueran civiles, especialmente si son niños, mujeres o personas mayores (ya que esto causa un mayor impacto). Hamás está preparado para desfilar con estos escudos humanos frente a los medios quienes están ansiosos por mostrar a los muertos y contar los cuerpos.

Hamás podría fácilmente reducir el número de muertes y heridos entre sus civiles simplemente permitiéndoles esconderse bajo tierra en túneles y refugios que abundan por todo Gaza.

Hamás podría fácilmente reducir el número de muertes y heridos entre sus civiles simplemente permitiéndoles esconderse bajo tierra en túneles y refugios que abundan por todo Gaza. Pero Hamás tiene una política deliberada de rehusarse a permitir que los civiles ingresen a los túneles o refugios. Ellos reservan estos lugares de refugio para sus luchadores y comandantes, lo cual explica por qué tan pocos luchadores de Hamás han fallecido en el conflicto. Si Hamás revirtiera su política y le permitiera a los civiles entrar a los refugios mientras sus combatientes se quedaran sobre el nivel del suelo, la proporción de civiles muertos disminuiría dramáticamente. Es por eso que en cada una de las guerras entre Hamás e Israel ha habido más muertes y heridos civiles palestinos que israelíes. Es parte de la “estrategia del bebé muerto” de Hamás y funciona, porque los medios lo permiten.

Los medios también enfatizan constantemente que las bajas en el lado israelí son considerablemente menores. De hecho algunos medios y organizaciones internacionales parecen estar implícitamente condenando a Israel por proteger las vidas de sus ciudadanos, señalando repetidamente que ha habido “solamente una muerte civil”, mientras que las muertes palestinas han llegado a más de 200. La razón de que haya habido solamente una muerte israelí hasta ahora es porque Israel gasta cientos de millones de dólares intentando proteger a sus civiles, mientras que Hamás gasta sus recursos exponiendo deliberadamente a sus civiles a los riesgos de los contraataques israelíes. Israel ha construido refugios a lo largo de todo el país y ha gastado una fortuna en el sistema de defensa Cúpula de Hierro. Los resultados han sido impresionantes, aunque muchos israelíes sufren de trauma, shock e inevitables consecuencias a largo plazo debido a ser expuestos a ataques constantes de misiles.

Cuantas veces has escuchado, visto o leído en las noticias: “Más de 200 palestinos muertos, ningún israelí muerto”. Esto va usualmente acompañado de una acusación que Israel está violando el requisito de la ley internacional de "proporcionalidad". Este es un mal uso del término, que tiene un significado preciso en la ley internacional que refleja una moralidad más amplia. Bajo la ley internacional, una nación tiene el derecho de atacar blancos militares. ¡Punto! No importa si los misiles que vienen de esos lanzadores han logrado su cometido de matar civiles. No existe ninguna duda bajo la ley internacional que los lanzadores de misiles y los combatientes que los usan son blancos militares legítimos. Israel tiene por lo tanto derecho de atacar esos blancos, incluso si ningún civil israelí ha sido asesinado, mientras lo haga sin causar muertes civiles desproporcionadas.

Esta regla no aplica a un enemigo que deliberadamente utiliza escudos humanos para proteger sus blancos militares de ataques legítimos. La proporcionalidad no se juzga por el número de civiles que han fallecido producto de los misiles de Hamás, sino por los riesgos que éstos representan para los israelíes. Estos riesgos han sido disminuidos, pero no eliminados, por el sistema de defensa Cúpula de Hierro. Estos han sido también considerablemente reducidos por los contraataques de Israel hacia los lanzadores de misiles y aquellos que los emplean. Sin estos contraataques, es muy probable que muchos más misiles de Hamás hubieran logrado burlar el sistema Cúpula de Hierro el cual ha sido aproximadamente 85% efectivo. Israel tiene todo el derecho bajo las reglas de proporcionalidad de atacar estos blancos militares, siempre y cuando hagan esfuerzos razonables para reducir las muertes civiles. Y lo han hecho a través de panfletos, llamadas y otros métodos de advertencia para que los civiles abandonen las áreas que son blancos militares. Los líderes de Hamás, por el contrario, han instado y a veces obligado, a sus civiles a que se queden en las zonas de peligro y actúen como escudos humanos.

Al enfatizar la cuenta de cuerpos comparativa sin proveer razones para la disparidad, los medios de comunicación han caído en las manos de Hamás, y han incentivado a la organización terrorista para que siga persiguiendo su “estrategia del bebé muerto”. Así que la próxima vez que aquellos en los medios promuevan una cuenta de cuerpos sin explicación, debieran apuntarse un dedo hacia ellos mismos por contribuir a esta cuenta mortal.