Soy sionista, soy un orgulloso musulmán sionista, y amo a Israel, pero no siempre fue así. En realidad, por muchos años fui el extremo opuesto. Viví los altos niveles de antisemitismo y actividad anti-Israel en las universidades británicas, ¡porque yo era el activista antisemita y anti-Israel!

Al crecer en la comunidad musulmana en Inglaterra fui expuesto a materiales y opiniones que como mínimo condenaban a Israel, describiendo a los judíos como usurpadores y asesinos, y llegaban en algunos casos a abogar por la absoluta destrucción de la "Entidad Sionista" y de todos los judíos. En resumen, no había lugar para un estado judío en Medio Oriente.

Crecer rodeado por este constante bombardeo de odio dirigido hacia Israel tiene un efecto masivo en las opiniones personales de los individuos. Aún más perturbador era que muchas de estas personas no eran radicales ni extremas, pero cuando se trataba de Israel emanaba el más depravado odio, acompañado del antisemitismo casual que parecía ser demasiado prevalente cuando la frase "deja de ser judío" era utilizada como un insulto.

Sin embargo, mi padre era mucho más desvergonzado en su odio, jactándose de cómo Adolf Hitler era un héroe, y de que el único error que había cometido era no haber matado suficientes judíos.

Para cuando cumplí 18 años estaba completamente adoctrinado de acuerdo al islam radical. Mi odio por Israel y por los judíos era alimentado por las imágenes de muerte y destrucción, expuestas con melodías de fondo sobre la Yihad y discursos del líder de Hizbolá, Hassan Nasralla, o de Osama bin Laden.

Estas ideas fueron reforzadas cuando iba a las reuniones del día de Nakba, donde los oradores predecían la muerte de Israel mientras las banderas de Hizbolá flameaban con orgullo en el centro de Londres.

El Caso para Israel

¿Había un caso para Israel? En mi mente, por supuesto que no, no había ninguna duda. Hasta el más moderado de los clérigos con los que me cruzaba se rehusaba a considerar que el terrorismo contra Israel era injustificado; yo creía que los judíos debían, obviamente, merecerlo.

¿Entonces qué cambió? ¿Cómo pude pasar de todo este odio al gran amor y afinidad que siento por Israel y por el pueblo judío? Estaba en la sección de Israel y Palestina de una librería local, y tomé una copia de The Case for Israel (El Caso para Israel), de Alan Dershowitz. De acuerdo a mi visión del mundo, los judíos y los norteamericanos controlaban a la prensa, por lo que después de una breve ojeada a la contratapa pensé: "vil propaganda sionista".

Sentí una verdadera crisis de consciencia, y así comencé un período de búsqueda sin prejuicios.

Sin embargo, decidí comprarlo, contento de que pronto estaría analizando esta propaganda mostrando que Israel no tenía ninguna defensa y estaría reclamando mis hallazgos como una victoria personal para la causa palestina.

Mientras leía los argumentos de Dershowitz y su respuestas a muchas mentiras que yo consideraba verdades incuestionables, busqué desesperadamente argumentos para contrarrestar, pero sólo encontré más de la retórica vacía que había creído por tantos años. Sentí una verdadera crisis de consciencia, y así comencé un período de búsqueda sin prejuicios. Hasta ese momento nunca había sido expuesto a nada remotamente positivo sobre Israel.

Ahora ya no sabía lo que creer. Había seguido ciegamente a otros por tanto tiempo, y ahí estaba preguntándome si había estado equivocado. Llegué a un punto en el que sentía que la única opción que tenía era ver a Israel por mí mismo, sólo así sabría la verdad. A riesgo de que suene como un cliché, fue una visita que me cambió la vida.

Ningún Estado Apartheid

No encontré un estado apartheid racista, sino lo opuesto. Encontré sinagogas, mezquitas e iglesias; judíos y árabes viviendo juntos; minorías jugando un rol importante en todas las áreas de la vida israelí, desde el ejército hasta el poder judicial. Fue impactante y revelador. No era el malvado y sionista Israel del que me habían hablado.

Después de mucha introspección supe que lo que alguna vez había creído era equivocado. Fui confrontado con la verdad y tenía que aceptarla. Pero tenía una pregunta aún más grande que confrontar: ¿ahora qué? Por años había hecho campaña en contra de Israel, pero ahora sabía la verdad.

Israel no sólo es un asunto judío; es sobre libertad, derechos humanos y democracia, todos los valores que las naciones occidentales aprecian.

La elección era obvia: tenía que ponerme del lado de Israel, con esta pequeña, libre y democrática nación que hace grandes adelantos en medicina, investigación y desarrollo; y al mismo tiempo es víctima de las mismas mentiras y odio que casi me consumieron.

Hacer esto obviamente no era fácil. Enfrenté hostilidad de mi comunidad e incluso un poco de la comunidad judía de Inglaterra, pero eso es lo que pasa cuando alguien defiende a Israel en la Europa de hoy en día. No es fácil, y eso es lo que lo hace tan necesario.

Esto no es sobre religión o política, es sobre la verdad.

Cuando se trata de Israel, nadie escucha la verdad, las filas de quienes están llenos de odio siguen ensanchándose, pero muchos no han sido expuestos a la realidad, tan lejana a la retórica vacía y a los eslóganes cargados de política que tanto aprecian.

Podemos cambiar esta situación, pero necesitamos ser fuertes y unidos. Israel no sólo es un asunto judío – es sobre libertad, derechos humanos y democracia, todos los valores que el mundo occidental aprecia tanto. También es sobre ser una luz para las naciones.

El trabajo israelí de ayuda humanitaria habla por sí mismo, pero si no nos encargamos nosotros de que el mensaje llegue a la gente, nadie lo hará. No tenemos que agachar la cabeza y pedir disculpas diciendo: "Israel no es perfecto…", nunca deberíamos temer decir: "Soy un sionista y estoy orgulloso. Estoy del lado de Israel. Ahora te pregunto: ¿Estás dispuesto a hacerlo?