Cierro hoy la pequeña serie de artículos que he publicado para ayudar a entender esta ideología violenta. Por supuesto, nada impide que la realidad obligue a volver a hablar de yihadismo, pero me pareció necesario (a petición de muchos lectores) hacer este alto en el camino y poner una lupa más intemporal y algo más precisa, para ayudar a entender este complejo fenómeno. 

Y para acabar, toca hablar de nosotros, entendiendo que este "nosotros" se refiere a todos los ciudadanos que están a favor del marco político y social de la civilización moderna. Es decir, las libertades individuales, la democracia y la tolerancia.

A diferencia de quienes hablan de choque de civilizaciones o religiones, sostengo que es un choque entre civilización y barbarie, y en ambos lados hay de todos los credos y condiciones. Por ejemplo, son civilización los niños pakistaníes masacrados por la barbarie en el patio de su escuela, o las niñas nigerianas secuestradas por los bárbaros de Boko Haram. Y desde luego, lo son los musulmanes que viven entre nosotros y aceptan la democracia, mientras son barbarie los imanes que los animan a luchar contra las libertades. De modo que la división existe pero no es territorial ni religiosa: es ética y valórica. 

Sin embargo, ¿este "nosotros" hace bien las cosas? En absoluto y las trampas son tan evidentes como difíciles de evitar. El primer error es de cajón: dividir el fenómeno entre salafismo ideológico y violento, sin entender que uno se alimenta del otro. Sería tanto como considerar que los libros de Hitler son una cosa y las SS otra.

Detrás de cada atentado hay mezquitas, imanes, congresos y textos que han larvado el huevo de la serpiente hasta hacerlo estallar. La única manera eficaz de combatir el fenómeno es luchando contra sus fuentes ideológicas y ello ni lo hacemos, ni sabemos cómo hacerlo. Con el problema añadido que dichas fuentes conforman el ideario de muchos países islámicos, que dedican cantidades ingentes de dinero a potenciar el radicalismo en todo Occidente. Y esos países son aliados y son el maná de nuestros recursos petrolíferos. Sin embargo, o paramos el flujo de imanes salafistas llegando en tropel a nuestras mezquitas o esto sólo puede empeorar. Y aviso para navegantes ante el rumor de una gran mezquita wahabí en Barcelona...

El segundo error es no tratarlo como una cuestión de seguridad sino religiosa, cuando el salafismo es una ideología que secuestra a la religión y no a la inversa, y para muestra los errores de bulto respecto al burka.

Y el tercer error, el conocido: el buenismo de una determinada progresía que ha conseguido contaminar a toda la sociedad con su discurso florista, multicultural y multi-no-me-entero-de-nada. Hablamos de totalitarismo, y aquí no hay pacto, ni tolerancia, ni buenismo posible. Este mal hay que vencerlo completamente, o será él quien vencerá.

Este artículo apareció originalmente en LaVanguardia.com