Conozcan a Lorne Hughes, un joven caballero no-judío de las Islas Vírgenes, vestido de traje negro, quien "regularmente pasa sus fines de semana bailando con niños de 13 años... en bar mitzvás", de acuerdo a un artículo que apareció recientemente en el periódico The New York Times.

El reportaje era aparentemente acerca de la "lucrativa y competitiva" profesión del Sr. Hughes – él es un "animador de fiestas". Pero las descripciones detalladas de la degeneración de las celebraciones de bar/bat mitzvá en ciertos círculos, sólo pudieron dejar a cualquier lector sensible a la tradición religiosa judía, profundamente definido.

Los "animadores" de fiestas reciben dinero para asistir a bar mitzvás y a otros eventos para asegurarse "que los jóvenes invitados estén encantados bailando y jugando", de acuerdo al reportaje. El Sr. Hughes fue descrito como sonriendo eufóricamente en un bar mitzvá "mientras bailaba canciones de Ricky Martin y Jennifer López con estudiantes de escuela secundaria" y sus padres.

"Si se puede tener un bar mitzvá exitoso sin al menos unos cuantos animadores", afirma el artículo, supongo que en nombre de los padres que emplean tales servicios, "es discutible".

Una "animadora", en un bar mitzvá, "vestida con una camiseta negra sin mangas" fue vista en la "hora de cocktail para niños" cautivando la atención de los niños de 13 años que asistieron. "Ella sólo habla de cosas como sexo y novias", explicó uno de los jóvenes, claramente motivado.

Algunos de los padres son similarmente adolescentes. Mientras algunas veces, dice el reportaje, "ellos solicitan que sus animadores se vistan modestamente... algunas veces ellos solicitan lo contrario".

"Los papás especialmente", a menudo indican su preferencia por "animadoras" provocativas, de acuerdo al dueño de una agencia de entretenimiento. Luego se dirige, dice él, aludiendo a una metáfora apropiada, "a nuestro establo de personas" a encontrar a la indicada para el trabajo.

Si todo esto fuera un sketch de Purim, quizás sería gracioso, aunque de mal gusto. En realidad, ni siquiera la palabra "trágico" le hace justicia.

 

Bailarines, decadencia y los denominadores comunes más bajos de la cultura pop americana, son "animadores" poco apropiados para el ingreso a la adultez judía.

 

Cuán horriblemente distanciado está el concepto de "bar mitzvá" de su verdadero significado en estos tiempos materialistas y vulgares.

Una mitzvá es un mandamiento, que tiene su fuente en Dios. Y el "bar" no se refiere a lo que atiende un camarero, sino a la responsabilidad del nuevo joven adulto judío de llevar en sus hombros los deberes y obligaciones de un judío – el estudio y la observancia de la Torá.

Y así, un bar mitzvá realmente exitoso es uno en el cual la joven persona ha llegado a reconocer esa responsabilidad. Bailarines, decadencia y los denominadores comunes más bajos de la cultura pop americana, son "animadores" poco apropiados para ello.

El tema no es sectario. Pueden encontrarse excesos en las celebraciones tanto de judíos ortodoxos, como en las de judíos de otras tendencias. Mientras el fenómeno de los "animadores" puede estar representando un punto bajo de la insensibilidad judía, ninguno de nosotros es inmune a la enfermedad de prioridades torcidas, de confundir esencia con embellecimiento, de permitir que el verdadero significado de los momentos importantes de la vida sea obscurecido por las parafernalias de su celebración.

De hecho, un grupo de rabinos altamente respetados en la comunidad religiosa de Estados Unidos han llamado a sus seguidores a bajar el tono de las celebraciones de boda (donde los animadores de fiestas no son necesarios para lograr que la gente baile, pero donde el exceso de comida y adornos son, lamentablemente, una realidad). Y muchos de nosotros hemos tomado la iniciativa de hacer lo mismo con otras celebraciones también, incluyendo los bar mitzvás.

Da la casualidad que, uno de mis propios hijos está, durante la escritura de este artículo, a punto de celebrar su bar mitzvá. El leerá la porción de la Torá en Shabat luego de haber cumplido 13 años, pero para el miércoles anterior, su cumpleaños judío, mi esposa y yo estamos planificando una modesta cena para parientes y algunos amigos – y, por supuesto, los amigos y maestros de nuestro hijo.

Hay solamente tres cosas en el programa para la velada. Mi hijo dirá un dvar Torá, un discurso sobre algún tema de Torá, y cada uno de sus abuelos dirá algunas palabras.

El padre de mi esposa probablemente, como siempre lo hace en las celebraciones familiares, agradecerá a Dios por permitirle sobrevivir a los varios campos de concentración en donde pasó los años del Holocausto, y donde él y sus camaradas religiosos arriesgaron sus vidas para mantener lo que pudieran de la observancia judía.

Y mi propio padre probablemente sentirá y expresará la profunda gratitud que tiene hacia el Creador por protegerlo, durante esos mismos años, en un campo de trabajo soviético en Siberia, en donde él y sus compañeros de estudios de la ieshivá soportaron terribles dificultades para mantenerse como judíos observantes y creyentes. Ambos abuelos sentirán orgullo de cómo los hijos de sus hijos están continuando las vidas e ideales de los padres de sus padres, y de aquellos antes de ellos.

Y yo rezaré para que mi hijo pueda crecer más e identificar la misión y el significando de una verdadera vida judía, y seguir el ejemplo de sus abuelos y abuelas, padres y hermanos, tíos, tías y primos, muchos de los cuales estarán ahí para celebrar con él.

Ni el Sr. Hughes ni sus compañeros animadores estarán presentes.

Pero animadores habrá por todos lados.