El judaísmo provee un bello y estructurado enfoque del duelo que cuenta con tres etapas. Cuando se las sigue con cuidado, estas etapas nos guían a lo largo de la trágica pérdida y el dolor, y gradualmente nos ayudan a regresar al mundo. Alguien dijo que su travesía a través de las etapas del duelo fue como "estar dentro de un capullo". Al principio se sentía entumecido y no percibía que vivía, pero gradualmente fue emergiendo como una mariposa lista para volver a volar.

La pérdida es para siempre, pero la curación psicológica, emocional y espiritual que tiene lugar en cada etapa es necesaria y saludable.

Este artículo examinará los siguientes temas:

1) Primera etapa: la shivá

2) Sentarse en shivá

3) Cómo acomodar la casa para la shivá

4) Después del cementerio

5) El tiempo de la shivá

6) Cómo se hace una visita de shivá

7) Los servicios de rezos

8) Al partir de una casa de shivá

9) La importancia de los siete días de shivá

10) Levantarse de la shivá

11) Segunda etapa: los shloshim

12) Tercera etapa: el año de duelo

13) Remembranza anual: Izkor

14) Iortzait

15) Descubrimiento de la lápida

16) Visitar el cementerio

17) El duelo y el luto

1) Primera etapa: la shivá

Después del entierro, los parientes cercanos regresan al hogar que se llamará “la casa de shivá”, para comenzar con el período de siete días de duelo intenso. Shivá viene de la palabra sheva, que significa 'siete'. Lo que hacemos durante esta semana se conoce como “sentarse en shivá”, y es un período de curación emocional y espiritual en donde los deudos pasan tiempo juntos, se sientan en sillas bajas, y los amigos y seres queridos acuden a consolarlos con breves visitas que se llaman “visitas de shivá”.

La persona se sienta a hacer shivá al perder a un padre/madre, a un esposo/esposa, un hermano/hermana o un hijo/hija. Por el resto de los seres amados también guardamos duelo, pero no se aplican las observancias de la shivá.

Lo ideal es que todos los deudos directos se sienten a hacer shivá en la casa del difunto, porque está escrito: “Donde la persona vivió, allí continúa habitando su espíritu”. Por lo tanto, la presencia de la persona que falleció es más fuerte en su propio hogar. Pero se puede hacer shivá en cualquier casa. Particularmente, el hogar de uno de los parientes directos estará repleto con el espíritu del ser amado que ha partido. Los recuerdos llegarán con facilidad, y parte del consuelo de la semana de shivá es compartir esos recuerdos.

Lo mejor es que todos los deudos se muden a la misma casa de shivá para estar juntos durante esa semana. Si eso no es posible, se designa una casa como 'casa de shivá', y quienes no pueden dormir allí, pueden regresar a pasar la noche en sus casas y regresar a la mañana siguiente temprano a la casa de shivá.

Ser visto en público obliga a la persona a poner una “cara pública” inadecuada durante este período.

Idealmente los deudos no deben salir en ningún momento de la casa de shivá. Otras personas deben ocuparse de sus compras y compromisos externos. Ser visto en público obliga a la persona a poner una “cara pública” que es inadecuada durante este período. Cuando la familia, amigos y vecinos ayudan durante la semana y atienden las necesidades de los deudos, se crea una atmósfera de amor, preocupación y bondad. Esto ayuda a suavizar el dolor que siente profundamente quien perdió a un ser querido.

Con algunas excepciones, las personas de duelo no van a trabajar durante la semana de shivá. Consulta con tu rabino local si te encuentras en una situación económica apremiante. Una vez más, la shivá es un momento profundamente personal de reflexión, en el cual aceptamos la pérdida y el dolor y contemplamos las dimensiones espirituales internas de la vida. La oficina o el lugar de trabajo conduce nuestros pensamientos y sentimientos hacia cosas externas, por lo que siempre que sea posible se debe evitar ir a trabajar.

2) Sentarse en shivá

Desde el momento de la muerte hasta la conclusión del funeral, el foco y la preocupación principal es el cuidado de la persona fallecida y los preparativos para su entierro en conformidad a la ley judía. El cuidado de la persona fallecida antes del entierro, las palabras que se dirán en su honor, el entierro mismo… todo es en honor de quien falleció y no para consolar a los deudos.

Sin embargo, una vez que comienza la shivá, el foco está sobre los deudos. Los parientes de la persona fallecida experimentan una semana de intenso dolor, y la comunidad está allí para brindarles amor, consuelo y atender sus necesidades. Este es un punto crítico, porque si uno debe experimentar el dolor paralizante de la pérdida, lo ideal es que sea en un momento en el que todos los que te rodean están allí para ayudarte y brindarte consuelo.

A veces la gente se confunde respecto a cómo se sienta una persona en shivá y cómo se realiza una visita de shivá adecuada. Dado que la gente no sabe cómo hacerlo, y dado que hablar de la muerte nos pone nerviosos e incómodos, la casa de shivá a menudo se convierte en una reunión festiva repleta de charlas nerviosas en vez de ser una adecuada casa de duelo.

Las leyes de duelo tienen el propósito de enfocar a la persona en su propia espiritualidad. Experimentamos una sensación general de incomodidad física al concentrarnos por completo en el alma de quien ha partido. Quitamos énfasis a lo físico al no consentir a nuestros cuerpos, para recordar que lo que extrañamos realmente en este momento no es la parte física o el cuerpo de la persona que partió, sino su esencia; es decir, su alma.

El foco de atención a lo largo de la semana es: Yo soy un alma, mi ser amado es un alma.

3) Cómo acomodar la casa para la shivá

La preparación física de la casa de shivá incluye:

Vela de recuerdo: El alma de la persona se compara con una llama, porque cada persona trae luz al mundo. Tal como podemos pasar luz de una llama a otras velas sin disminuir la llama original, así también la persona puede dar de sí misma, tocar muchas vidas, sin verse disminuida.

La mecha y la llama también se comparan con el cuerpo y el alma, y el fuerte nexo entre ambos. Tal como el alma siempre aspira a "subir más alto", a hacer lo que es bueno y correcto, así también la llama arde en dirección hacia el cielo.

Por eso, en la casa de shivá se enciende una vela de recuerdo que permanece encendida las 24 horas, durante toda la semana. Al mirar la vela, recuerda que el alma de tu ser querido es eterna. Este pensamiento puede ayudarte a traer luz en medio de la oscuridad en la cual ahora te encuentras sumergido.

Sillas: Las personas que hacen shivá necesitan sentarse en sillas bajas en señal de duelo. Las casas funerarias a menudo proveen para este propósito sillas con patas cortas. También se pueden sacar los almohadones de un sillón o de una silla y utilizarlos de esa forma. Algunos acostumbran a sentarse directamente en el suelo. Esto simboliza la soledad y la depresión que siente el deudo.

Las sillas normales que hay en la casa se colocan ordenadas en frente de quienes hacen shivá, así, los que realizan una visita de shivá pueden sentarse cerca de los deudos y pueden brindarles consuelo y apoyo emocional. (Ver más adelante “Cómo se hace una visita de shivá).

Espejos: En la casa de shivá es adecuado cubrir los espejos (con sábanas o con un spray especial que los empaña que proveen algunas casas funerarias). Las razones para esto son las siguientes:

  • Durante la shivá, el deudo se esfuerza por ignorar su propio aspecto físico y deja de lado la vanidad para concentrarse en la realidad de "ser un alma".

  • Un espejo representa "aceptación social" al realzar nuestra apariencia. Se supone que el duelo judío es algo solitario y silencioso; es permanecer dentro de los confines de la pérdida personal. Cubrir los espejos simboliza este alejamiento temporal del escrutinio de la sociedad.

  • Los servicios de rezos que suelen llevarse a cabo en una casa de shivá no pueden realizarse frente a un espejo. Cuando rezamos, nos concentramos en Dios, no en nosotros mismos.

  • Las relaciones físicas entre marido y mujer se suspenden durante la semana de shivá, y en consecuencia, no es necesario preocuparse por la belleza o el aspecto físico.

Zapatos: Los deudos deben usar sólo medias (descalzos) o bien zapatos que no sean de cuero. Una vez más, esto simboliza que, durante la shivá, no nos enfocamos en la vanidad o en la comodidad física.

La persona de duelo también evita:

  • Bañarse o ducharse por placer (lo puede hacer por higiene si es que es necesario)

  • Usar maquillaje y ungirse (cremas, perfume, etc.)

  • Cortarse el cabello (esto se aplica a los primeros 30 días; cuando fallece un padre se aplica incluso por más tiempo)

  • Cortarse las uñas

  • Usar ropa nueva

  • Lavar la ropa

  • Tener relaciones maritales

4) Después del cementerio

Inmediatamente al regresar del cementerio después del entierro, y antes de entrar a la casa de shivá, los deudos y cualquiera que haya asistido a la ceremonia de entierro efectúa el lavado ceremonial de las manos (se utilizan los lavabos que provee la casa funeraria o baldes y una taza).

Cuando alguien tiene contacto con el muerto, es adecuado verter agua tres veces sobre cada mano (alternando las manos) para focalizarnos en la vida. El agua es la fuente de toda la vida, y por eso vertemos agua sobre nuestras manos como un acto físico que tiene ramificaciones espirituales.

Lo primero que hacen los deudos al entrar a la casa de shivá es sentarse (volvemos a recordarlo, en sillas bajas) para una “comida de condolencia”. Esta comida debe ser provista por los vecinos o la comunidad para mostrarles a los deudos que aquellos que los rodean desean brindarles consuelo.

El agua es la fuente de toda la vida, y vertemos agua sobre nuestras manos como un acto físico con ramificaciones espirituales.

Hay otra razón profundamente psicológica detrás de este gesto, porque reconoce que los deudos, al regresar del duro trauma del entierro, pueden desear morir ellos mismos y no seguir adelante sin su ser amado. La comida que deben ingerir le habla a esa parte de su ser y le dice: “No. Deben seguir adelante. Deben afirmar la vida y seguir viviendo”.

La primera comida se consume en silencio e incluye:

  • Pan, que se considera la base que sustenta la vida

  • Huevos duros, un alimento redondo, como el ciclo de la vida

  • Verduras cocidas y/o lentejas (las lentejas son redondas)

  • Lo ideal es que todas las comidas durante la shivá sean preparadas o enviadas por otras personas. Los deudos siempre comen sentados en sillas bajas.

5) El tiempo de la shivá

El período de siete días de duelo comienza inmediatamente después del entierro. Por lo tanto, el primer día de la shivá es el día del entierro. Si el funeral fue un martes, el último día de shivá es el lunes siguiente. Si una festividad judía (por ejemplo, Rosh HaShaná) cae durante los siete días, la shivá termina el mediodía previo a la festividad. En ese caso, se considera que se guardó duelo por siete días aunque en verdad el duelo fue cortado.

Si una persona fallece durante una festividad, el entierro y la shivá se llevan a cabo cuando termina la festividad. Si alguien fallece en Shabat, el entierro se lleva a cabo al día siguiente.

Cuando Shabat cae en medio de la shivá, se lo cuenta como uno de los siete días de duelo, pero no se guarda luto en público. Esto significa que se suspenden las señales externas de duelo (cubrir los espejos que otros pueden ver, sentarse en sillas bajas, vestir prendas de luto, etc.), porque la alegría del Shabat supera incluso el duelo público. Las señales externas de luto se suspenden antes del comienzo del Shabat para que la persona tenga tiempo de prepararse debidamente. Durante el Shabat, quienes hacen shivá guardan duelo en su corazón. En la noche del sábado se vuelve a la shivá normal.

6) Cómo se hace una visita de shivá

Cuando se realiza una visita de shivá, el foco es consolar a los deudos en un momento de enorme dolor. Tradicionalmente, se entra a la casa de shivá en silencio, llamando suavemente a la puerta para no asustar a quienes están adentro. Nadie debe recibir a las visitas, ellas entran por sí mismas.

No se coloca alimentos ni bebidas para las visitas, porque los deudos no son anfitriones. Ellos no saludan a las visitas, no se levantan para recibirlas ni las acompañan cuando parten.

Quien va a consolar a un deudo no debe saludar a quienes hacen shivá. Lo mejor es entrar en silencio y sentarse cerca de ellos. Si ellos sienten ganas de hablar, hay que dejar que lo indiquen al hablar primero. Entonces se les puede hablar. ¿Sobre qué? Hay que dejar que ellos guíen la conversación y que hablen de lo que deseen. Es mejor hablar sobre la persona que falleció, y si tienes historias o recuerdos para compartir con los deudos, este es el momento para hacerlo.

Si tienes historias o recuerdos para compartir con los deudos, este es el momento de hacerlo.

No es el momento para distraerlos del duelo. Por nervios, a menudo hablamos de cualquier cosa porque no sabemos qué decir.

A menudo lo mejor es no decir nada. A veces, una visita de shivá puede pasar en completo silencio. Si los deudos no tienen ganas de hablar en ese momento, así debe ser. Tu objetivo no es hacer que hablen, sino consolarlos. Tu misma presencia lo hace. Al sentarte allí en silencio, dices más de lo que pueden decir las palabras. Estás diciendo: “Estoy aquí para ti. Siento tu dolor. No hay palabras”.

Y a veces no las hay. Aquí hay algunos ejemplos de cosas que NO se deben decir:

“¿Cómo están?” (No están muy bien)

“Sé lo que sienten” (No, no lo sabes. Cada persona siente una pérdida singular)

“Por lo menos vivió una vida larga” (Hubiera sido mejor más larga)

“Qué bueno que tienes otros hijos”, o “No te preocupes, tendrás más hijos” (La pérdida de un hijo, no importa de qué edad, siempre es devastadora)

“Alégrate, en unos meses conocerás a otra persona” (¡Acaba de perder a la otra mitad de su alma!)

“Hablemos de cosas alegres” (Quizás más tarde).

Consolar a un deudo no implica distraerlo. No llenes el tiempo hablando sobre temas alegres o irrelevantes como política o negocios. Recuerda que hablar sobre el ser querido que perdieron da consuelo. Está bien si lloran, están de duelo. Todo eso forma parte del importante proceso de llegar a aceptar la pérdida.

Cuando falleció la madre de Michael Dan, él escribió esta nota que colgó sobre su puerta:

"En una casa judía de duelo"

Cada cultura enfrenta la muerte y el período de duelo a su propia manera. Como familia, nuestro único pedido es que se haga un esfuerzo por crear una atmósfera congruente con nuestros valores judíos. Las conversaciones deben focalizarse en la vida y el legado de Judy Dan. No se debe realizar ningún esfuerzo por presentarla bajo una luz artificial, porque eso ofendería su recuerdo. A pesar de lo doloroso que parezca, intentar distraer a los miembros de la familia para que no piensen y no hablen sobre su pérdida no se considera apropiado en este momento.

Muchas gracias, la familia Dan.

Quizás quienes se encuentren en una situación similar pueden utilizar estas palabras como una guía para escribir su propia nota. Al leer este mensaje, las visitas entran a la casa de shivá entendiendo qué es adecuado decir y qué no. Este mensaje los ayudará a crear la atmósfera adecuada en la casa de shivá, y esto a su vez, también ayudará a los deudos.

7) Los servicios de rezos

Los servicios de rezos se efectúan en la casa de shivá, no en la sinagoga. Una razón es para asegurar que durante la semana de la shivá los deudos no tengan que salir de la casa (donde pueden experimentar mejor el proceso de duelo). No tienen que "arreglarse" para salir o poner un rostro público para nadie. Los servicios van a ellos.

Por cierto, es apropiado y profundo que los servicios se efectúen en la casa misma, porque el centro de la vida judía es el hogar. Este es el lugar en el cual se transmiten los valores judíos. Allí tienen lugar las celebraciones de la familia y allí se comparten las alegrías. Allí también se comparten el dolor y la pérdida. En el hogar es donde se vive el judaísmo.

Los servicios tradicionales tienen lugar por la mañana (Shajarit), por la tarde (Minjá) y a la noche (Maariv). Entre los servicios de Minjá y Maariv es apropiado que alguien comparta pensamientos de Torá en recuerdo de la persona que falleció. Es bueno hacer una visita de shivá en esos momentos, porque se necesita un quorum de 10 hombres para conducir el servicio y que los deudos puedan recitar el Kadish.

8) Al partir de una casa de shivá

Incluso si fue una visita en silencio, antes de salir de la casa de shivá se dice una declaración tradicional de consuelo. Se puede decir en hebreo o en español:

"HaMakom, ienajem etjem betoj shear avelei Tzión veIerushalaim".

"Que Dios les dé consuelo entre el resto de los deudos de Tzión y Jerusalem".

En esta frase nos referimos a Dios como HaMakom, “El Lugar”. Al decir esto al deudo, estamos diciendo que Dios está en todas partes, que existimos dentro de Él, aquí y en el Mundo Venidero. La persona que partió sigue conectada para siempre a Dios, contenida dentro de “El Lugar”.

“Entre el resto de los deudos” se refiere al pueblo judío. Con estas palabras expresas que somos una sola familia. Algunas personas son primos cercanos y otros son primos lejanos, pero la pérdida de cualquier judío nos vuelve a todos deudos.

“De Tzión y Jerusalem” habla de nuestro duelo colectivo por la destrucción del Templo de Jerusalem, el punto central de relación entre los judíos y Dios que fue destruido por los romanos hace 2000 años.

Los deudos pueden asentir con la cabeza o decir “Amén” y tú debes partir en silencio, asegurándote que el deudo no se levante para acompañarte.

Hacer una visita de shivá puede ser incómodo al principio. Recuerda que es posible que tengas que modificarlo para aquellos que no conocen nuestras tradiciones. Si el deudo va a pensar que es raro que vayas y no digas nada, entonces obviamente puedes hablar y ofrecer tus condolencias.

Una vez fui a visitar la shivá de una persona que no es completamente observante. Entré, me senté a su lado, tomé su mano y no dije nada. Ella comenzó a llorar y me dijo: “No hay palabras”. Yo le respondí: “Lo sé”. Y la verdad es que no las hay.

9) La importancia de los siete días de shivá

La palabra shivá se refiere a 'siete'. En el judaísmo, el número siete es muy significativo, porque simboliza la completitud en este mundo, como en los siete días de la creación.

La “moda” de sentarse en shivá por menos días viene de una creencia errónea de que de alguna manera eso hará más fácil el duelo si “no se lo alarga”. Es cierto que si por falta de conocimiento la shivá se convierte en una serie de reuniones sociales festivas, entonces nadie deseará hacerlo durante siete días tras experimentar una pérdida devastadora.

Tuve una alumna a quien le dijeron hacer sólo tres días de shivá por su madre. Yo quise convencerla de lo contrario, pero me sentí incómoda de hacerlo en ese momento. Fui a visitarla en su shivá y si no hubiera sabido que alguien había fallecido, habría pensado que entré a una fiesta con mucha comida, risa y bebidas. Finalmente encontré a mi alumna, que estaba dirigiendo a los mozos en la cocina. Tomé su mano, la llevé a que se sentara, y hablé con ella sobre su madre y sobre el alma y la vida después de este mundo.

Le dije que no tenía que hacer eso: toda la comida, la bebida y el entretenimiento. Ella me dijo: “Lo sé, pero todos esperan que lo haga”.

Mencioné que en verdad una shivá debe durar siete días, pero ella me respondió: “¿Quién puede desear hacer esto durante siete días? Yo quiero que me dejen sola. ¡Mi madre falleció!”.

Ella me llamó algunas semanas más tarde y me dijo que incluso con toda la atmósfera de “fiesta”, sentarse tres días fue un error. Me contó que al terminar los tres días la gente se fue, su esposo regresó a su trabajo y todos esperaron que ella resumiera su vida. “Pero yo no alcancé a guardar duelo por mi madre”, me dijo llorando.

Cuando se observa de la forma debida, cada uno de los siete días es importante. No son días fáciles, sentarse en shivá es agotador emocional y físicamente. Pero ese tiempo es crucial tanto para el deudo como para el alma de la persona que partió al Mundo Venidero. Observar shivá le da honor al difunto, y el mérito de su observancia es una elevación para su alma.

10) Levantarse de la shivá

El séptimo y último día de la shivá se observa durante unas pocas horas, aunque eso se cuenta como un día completo. Después del servicio de Shajarit, los deudos se sientan en sillas bajas por un breve período. Entonces quienes fueron a consolarlos les dicen: “Levántense” y luego les dicen:

"Tu sol no bajará más, ni se irá tu luna, porque Dios será para ti luz permanente y se acabaron los días de tu luto" (Isaías 60:20)

"Como un hombre que es consolado por su madre, así los consolaré Yo, y serán consolados en Jerusalem” (Isaías 66:13)

Los deudos reconocen que la shivá ha concluido al salir de la casa de shivá por primera vez en público y dar una breve caminata alrededor de la cuadra con quienes llegaron a consolarlos.

La casa en la que viven los deudos durante la semana de shivá se convierte en una casa de duelo. Allí el ambiente se vuelve solemne, repleto de recuerdos, contemplación y meditación. Pero los deudos tiene que seguir viviendo, la vida en esa casa tiene que continuar. El acto concreto de salir al exterior, caminar alrededor de la manzana y regresar, dice que esa casa y nuestra relación con esa casa ahora será renovada.

11) Segunda etapa: Los shloshim

Los primeros 30 días después del entierro (incluyendo la shivá) se llaman shloshim, que significa 'treinta'.

La mayoría de las restricciones que se aplican a los deudos durante el período de siete días de la shivá ahora no rigen. Durante los siguientes 23 días, los deudos tienen permitido salir de la casa y volver a trabajar. Sin embargo, durante este período deben limitar sus encuentros sociales y por cierto evitar salir a fiestas en las que hay música. Los deudos no se afeitan ni se cortan el cabello durante este período.

Uno sigue de luto, pero durante los shloshim las leyes permiten volver gradualmente a la vida cotidiana. No sería saludable que los deudos se levantaran de la shivá y saltaran de inmediato de regreso a una rutina normal. Ellos siguen en duelo, aunque el dolor intenso ahora se ha vuelto más soportable. Pero es de esperar que tendrán momentos de profunda tristeza y añoranza, y contar con estas restricciones les recuerda a ellos, y a quienes los rodean, que este es un proceso que todavía no ha concluido.

Si el duelo es por cualquiera de los parientes cercanos excepto por un padre o una madre, entonces al completarse los shloshim termina oficialmente el luto. Esto significa que no se sigue recitando Kadish y ellos pueden resumir sus actividades sin ninguna restricción.

¿Por qué 30 días? El calendario judío está marcado por el tiempo lunar. Así como la luna crece y decrece en un ciclo, el período de 30 días de duelo es una oportunidad para completar emocionalmente un ciclo. El proceso comienza con el funeral y los primeros días de la shivá, cuando no se ve ni un solo rayo de luz. A medida que pasa el tiempo, llega el momento de renovarse y aceptar la nueva realidad.

Por supuesto que se sigue sintiendo dolor por la pérdida, pero el judaísmo reconoce que, en cierto grado, el paso del tiempo permite aliviar y curar el dolor. Ser capaz de regresar a la vida cotidiana libremente ayuda a lograr esta curación. La shivá es el período más oscuro de todos, los shloshim son muy difíciles, y esta etapa también es difícil, pero con el tiempo, mejorará.

12) Tercera etapa: el año de duelo

Sólo quien ha perdido a uno de sus padres se sigue considerando en luto después de los primeros 30 días, por un período de 12 meses desde el día del fallecimiento (que incluye la shivá y los shloshim), con las restricciones que veremos a continuación. ¿Por qué este período adicional de luto es sólo por los padres?

Psicológica y espiritualmente, la conexión con nuestros padres es la relación esencial que nos define como personas. Por lo tanto, la pérdida de un padre o una madre requiere un período mayor de ajuste.

Este período de tiempo nos conduce a un estado de profunda gratitud por todo lo que ellos nos dieron y por todo lo que hicieron por nosotros. Como hijos, pasamos la mayor parte de nuestra vida “recibiendo” y nuestros padres, siendo padres, casi constantemente están “dando”. Es más difícil agradecer desde una perspectiva de receptor (por eso a nuestros hijos les cuesta decir “gracias”). En una relación en la que es más difícil mostrar gratitud, este período de tiempo nos ayuda a enfocarnos y reconocer el bien que nuestros padres desesperadamente trataron de darnos de la mejor manera que pudieron.

Los padres también representan valores e ideales. Ellos son los representantes de Dios en este mundo.

Los padres también representan valores e ideales. Ellos son los representantes de Dios en este mundo. Ellos tratan de impartirnos a su manera las herramientas esenciales para la vida. Este período de duelo extenso reconoce que la pérdida de esa relación tiene profundas ramificaciones espirituales.

Después del período de los shloshim, la vida lentamente comienza a retornar a la normalidad. Se permiten algunas reuniones sociales, pero no buscar entretenerse ni divertirse, en especial cuando hay música involucrada. Está permitido dedicarse a actividades comerciales. Al completarse el año, uno ya no se considera en luto.

13) Remembranza anual: Izkor

Izkor significa “recuerdo” y se marca con un servicio especial que se lleva a cabo en la sinagoga en las siguientes festividades:

  • Iom Kipur

  • El último día de Pésaj

  • El último día de Shavuot

  • El día siguiente a Sucot (Sheminí Atzeret)

En estas festividades nos detenemos para recordar, porque las festividades son expresiones de la celebración conjunta del pueblo judío. Comprendemos que sólo estamos aquí como judíos gracias a aquellos que nos precedieron, quienes tomaron la decisión de ser judíos a veces en contra de todas las posibilidades. En Izkor nos conectamos con las generaciones pasadas y con nuestros seres queridos que ya no están en este mundo.

En algunas sinagogas, antes de las plegarias privadas de Izkor, toda la congregación recita Izkor por aquellos que murieron en el Holocausto y por los soldados que dieron sus vidas por el Estado de Israel.

En la tarde previa a estos días, al recibir la festividad, se debe encender en el hogar una vela de recuerdo por los seres queridos. Estas velas arden aproximadamente 24 horas y se pueden comprar en cualquier supermercado o librería judía.

El día que se recita Izkor, se debe ir al servicio matutino. Alrededor de la mitad del servicio, se le pide a quienes nunca perdieron un ser cercano que salgan de la sinagoga, y se quedan sólo quienes alguna vez hicieron shivá. A menudo alguien dirige unas breves palabras y luego todos recitan sus plegarias de tributo personal a sus seres queridos.

Pedimos que nuestra devoción y generosidad sea reconocida por Dios como una nueva fuente de mérito para el alma cuyo recuerdo se ve influenciado por nuestra conducta.

Cuando termina la festividad, debemos asegurarnos de dar tzedaká, una donación para caridad, en memoria de nuestros seres queridos.

14) Iortzait

Cada año, en el aniversario judío del fallecimiento de nuestro ser querido, se debe efectuar una conmemoración adecuada. Si no estás seguro de la fecha judía, ponte en contacto con tu sinagoga local y sin duda ellos podrán ayudarte. Algunas de las cosas que se hacen el día del iortzait son:

  • Encender una vela de iortzait en el hogar la noche previa, porque el día judío comienza por la noche.

  • Dar tzedaká en recuerdo de la persona que falleció.

  • Estudiar Torá ese día: Lee un libro sobre judaísmo o ideas de Torá, o planifica para estudiar con alguien de la comunidad.

  • Recitar Kadish: Si no puedes hacerlo, arregla para que alguien lo diga en tu lugar. Llama a tu sinagoga local para obtener ayuda.

  • Patrocina un kidush en la sinagoga ese día o en el Shabat siguiente al finalizar esa semana.

  • Ayuna desde el alba hasta la puesta del sol. Algunos son indulgentes debido a la debilidad que provoca el ayuno y en vez de ayunar hacen un donativo para caridad. De todos modos, no se debe comer carne ni beber vino.

Es importante notar que en el judaísmo no le damos mayor importancia a los cumpleaños y nunca conmemoramos la fecha de nacimiento de quien ha fallecido, pero somos cuidadosos de recordar el día de su fallecimiento.

El Talmud compara esto con un barco. Es extraño que se celebre una gran fiesta cuando el barco está a punto de zarpar, pero que no se haga nada cuando llega a destino. En verdad debería ser al revés.

Si bien el día del nacimiento puede representar el potencial para la vida, el día del fallecimiento es el que marca quién llegamos a ser. Nuestro valor se mide de acuerdo con cuánto potencial logramos desarrollar. ¿Aprovechamos al máximo nuestro potencial durante el tiempo que tuvimos?

Cuando fallece un ser querido y regresa a Dios, lamentamos no tenerlo más a nuestro lado, pero recordamos lo que fue capaz de lograr en su vida. La conmemoración anual del iortzait es un momento para sentir tristeza, pero también para celebrar lo que fueron y la vida que vivieron.

15) Descubrimiento de la lápida

El hecho de erigir una lápida da honor al cuerpo que acogió al alma. En el momento del entierro no se coloca ninguna lápida. La costumbre judía es erigirla más tarde. Algunos lo hacen inmediatamente después de la shivá y otros esperan hasta algún momento dentro del año.

En el último tiempo, comenzaron referirse a la ceremonia de hakamat matzevá (levantar la piedra) como “descubrir la lápida”. Se invita a la tumba a la familia cercana y los deudos descubren la piedra que está cubierta con una tela.

La ceremonia por lo general es breve. Se recitan Salmos, y la gente suele expresar pensamientos sobre el difunto. En la ceremonia de descubrimiento de la lápida se pueden compartir las siguientes ideas:

En hebreo, piedra se dice tzur. Esta palabra también se utiliza para referirse a Dios. En este momento, recordamos que Dios es nuestra roca, nuestra fuerza, nuestro apoyo. Él está constantemente a nuestro lado, para darnos consuelo en los momentos más oscuros.

Una piedra también es un símbolo de eternidad, como la piedra angular de un edificio que se coloca para que perdure. ¿Qué parte de nuestros seres queridos es eterna? Sus cualidades, sobre las que podemos seguir apoyándonos. Nuestros seres amados siguen vivos porque nos afectaron en lo más profundo. Erigimos piedras y recordamos lo que ellos erigieron durante sus vidas: sus actos, sus cualidades. Ellos nunca serán olvidados.

La persona es creada betzelem Elokim, 'a imagen de Dios'. Esta no es una imagen física, sino una imagen interna y eterna: el alma de la persona.

16) Visitar el cementerio

Aunque se puede visitar el cementerio en cualquier momento después de erigir la lápida, hay días especiales para visitar la tumba:

  • Al séptimo día, al terminar las restricciones de la shivá

  • En los shloshim, el día 30 del luto

  • Al completarse los primeros 12 meses de duelo

  • En el iortzait, cada año en el aniversario del fallecimiento

  • El día previo a Rosh HaShaná

  • El día previo a Iom Kipur

¿Por qué estos días? Estos son momentos que naturalmente llevan a la reflexión, en los que la persona se concentra en lo que realmente es importante en la vida. Visitar la tumba de un ser amado nos abre el corazón y nos ayuda a entender que necesitamos ayuda en muchos aspectos de la vida. En esos momentos rezamos a Dios y les pedimos a nuestros seres queridos que aboguen en nuestro beneficio.

La costumbre judía no es llevar flores a las tumbas, sino colocar una pequeña piedra sobre la lápida misma. En vez de gastar dinero en flores, que no hacen nada por nuestro ser querido, es mejor dar el dinero para tzedaká en recuerdo de la persona, lo que ayuda a elevar su alma.

Colocamos sobre la lápida una pequeña piedra como una señal de que estuvimos allí, no para que lo sepa la persona que falleció, porque su alma ya lo sabe. Lo hacemos para que lo sepamos nosotros mismos. Nosotros, que somos seres físicos, necesitamos actos físicos para expresar la realidad de que realmente estuvimos allí. La piedra es como la “tarjeta” del visitante. Las flores se marchitan, pero la pequeña piedra es un símbolo de eternidad que representa nuestra devoción eterna a mantener el recuerdo de nuestro ser amado. Nuestra conexión sigue viva y nunca morirá.

Le damos honor al cuerpo con un funeral adecuado solamente como un reconocimiento de que el cuerpo tiene santidad porque albergó y sirvió al alma. Al mismo tiempo, el ataúd debe ser simple y el dinero en cambio debe dedicarse a cosas espirituales que afectarán al alma de la persona.

17) El duelo y el luto

El proceso del duelo no es sencillo, y la costumbre judía provee una estructura que les permite a los deudos sentir su aislamiento emocional al separarlos del mundo exterior y gradualmente llevarlos de regreso a la sociedad.

Rav Shimshon Rafael Hirsch escribió en “Joreb” que cuando las personas están en un estado de duelo, físicamente sienten un vacío en su interior. Este es el estado más doloroso, porque el instinto esencial de cada persona es buscar completitud y plenitud.

Las diferentes etapas del duelo nos permiten digerir la pérdida. Eventualmente comprendemos que el espacio vacío no es tan profundo ni vasto como pensamos en un primer momento.

El tiempo ayuda a curar. No porque estemos ocupados y el recuerdo disminuya. Con el tiempo viene la objetividad. Comprendemos que la persona que somos ahora es el resultado del ser amado que hemos perdido. Los elementos de nuestro carácter, nuestros actos y valores son resultado de esa alma especial y la experiencia de la pérdida.

El cuerpo, que es finito, muere. Pero el alma, la esencia de nuestro ser amado, es eterna. La conexión entre nosotros sigue viva. La realidad comienza a llenar lentamente el vacío, pero no por completo. Nunca podemos llegar a captar por completo la eternidad del alma. Siempre quedará esa grieta interior. Somos seres humanos, limitados en nuestra capacidad de entender los caminos de Dios y la vida después de la muerte.

Que Dios de consuelo a todos los deudos de Tzión y Jerusalem.


Extraido de “Remember My Soul”, de Lori Palatnik