Dios es definido como el Creador del universo, como declara el primer versículo de la Torá: "En el comienzo Dios creó los cielos y la tierra" (Génesis 1:1). Asimismo, Dios dijo: "Yo soy Dios, Yo creo todas las cosas" (Isaías 44:24).

Como Creador del universo, Dios debe estar separado del mundo y debe diferenciarse de él. En consecuencia, el judaísmo rechaza la filosofía del panteísmo (la creencia de que el mundo y Dios son lo mismo).

Como Creador del universo, la existencia de Dios no puede depender de ninguna de Sus creaciones. En consecuencia, el judaísmo rechaza cualquier definición de Dios como una fuerza ética abstracta o una convención social.

Como Creador de todo, Dios está en un plano superior al de Su creación. En consecuencia, nos referimos a Él como el Ser Supremo.

Como Creador, Dios es absolutamente diferente a todo lo demás que existe. En consecuencia, es completamente incognoscible.

A pesar de que Dios Mismo es incognoscible, nosotros sí podemos, hasta cierto punto, entender Su relación con el universo. De esta forma, hablamos de Dios por medio de Sus "atributos de acción". También, a pesar de no poder saber lo que Dios es, podemos aprender mucho a partir de saber lo que no es. En este sentido, hablamos de Dios utilizando "atributos negativos".

Unidad Absoluta

Creer que Dios es Uno y que es la más perfecta y absoluta Unidad es un fundamento de nuestra fe.

Está escrito: "Escucha Israel, Hashem es nuestro Dios, Hashem es Uno" (Deuteronomio 6:4). Éste es un mandamiento positivo de creer en la unidad de Dios. Este mandamiento depende del pensamiento y puede ser cumplido en todo momento.

Si bien el universo contiene muchas galaxias, cada una de las cuales cuenta con innumerables estrellas y planetas, hay un solo Dios que es el Autor y Creador de todas ellas. Es absolutamente imposible concebir que haya más que un solo Ser Absoluto.

A pesar de que puede que haya otros universos, tanto físicos como espirituales, Dios es Uno por sobre todo. De esta forma, está escrito: "Tu reino es un reino de todos los mundos" (Salmos 145:13).

El judaísmo rechaza enfáticamente todo concepto de pluralismo con respecto a Dios.

El judaísmo rechaza enfáticamente todo concepto de pluralismo con respecto a Dios. En consecuencia, rechaza el concepto cristiano de la trinidad, en donde Dios es descrito como tres personas en uno, correspondiente a Su manifestación en la creación, la redención y la revelación.

Dado que toda característica adicional agregaría un elemento de pluralidad a la esencia de Dios, Lo concebimos como un ser absolutamente simple. Sin embargo, su esencia simple implica cada atributo con el que Él creó y rige Su universo.

Como Creador, el poder de Dios sobre Su universo es infinito. Por lo tanto, hablamos de Dios como un ser omnipotente, y nos referimos a Él en nuestras plegarias como "Rey del universo". De acuerdo a esta idea está escrito: "Todo lo que Dios desea, lo hace, en el cielo y en la tierra, en los mares y en todas las profundidades" (Salmos 135:6).

Sin embargo, no le atribuimos a Dios el poder de hacer lo que es categóricamente imposible, como duplicarse, aniquilarse, corporificarse o cambiarse a Sí mismo. Entonces, el judaísmo rechaza la posibilidad de que Dios pudiera alguna vez haber asumido forma humana.

Dado que Dios es el Creador de toda la materia, es obvio que Él no está formado por materia.

Dado que Dios es la antítesis de todos los atributos materiales, es llamado Puro y Santo.

Las Manos y los Ojos de Dios

Como Creador de todas las cosas, Dios es también el Creador del tiempo y el espacio. Por lo tanto, Él no existe dentro del tiempo y el espacio.

En consecuencia, es enseñado que Dios recibe el apelativo de "Lugar", Makom en hebreo. El espacio-tiempo es una creación de Dios, y no Lo contiene.

La mente humana sólo puede relacionarse con conceptos físicos, y por lo tanto le resulta virtualmente imposible imaginar toda existencia más allá del tiempo y el espacio. Ésta es otra razón por la que la esencia de Dios es incognoscible.

Cuerpo, configuración y forma son atributos de espacio. Por lo tanto, es obvio que Dios no tiene ni cuerpo, ni configuración ni forma.

Creer que Dios es absolutamente incorpóreo es un fundamento de nuestra fe. La Torá declara: "Cuiden muy bien sus almas, ya que ustedes no vieron ninguna imagen el día que Hashem les habló en Joreb en medio del fuego" (Deuteronomio 4:15).

Entonces, Dios no puede ser comparado a ninguna de Sus criaturas, ni siquiera a los ángeles más elevados. En relación a esto el profeta declaró: "¿A quién, entonces, compararás a Dios? ¿A qué semejanza Lo compararás?" (Isaías 40:18). Y está escrito: "No hay nadie como Tú, oh Dios" (Jeremías 10:6). El salmista dijo similarmente: "No hay nadie como Tú entre los poderes (ángeles), oh Dios, y no hay palabras como las Tuyas (Salmos 86:8).

La Torá utiliza términos familiares para expresar alegóricamente la relación de Dios con Su creación.

En muchos lugares, la Torá habla de Dios como si tuviera cuerpo humano, usando antropomorfismos como "la mano de Dios" (Éxodo 9:15), y "los ojos de Dios" (Deuteronomio 11:12). Al hacerlo, la Torá de ninguna manera está afirmando que Dios tenga un cuerpo o una forma. En cambio, pide prestado términos de las criaturas de Dios para expresar alegóricamente Su relación con Su creación.

Similarmente, cuando la Torá declara que Dios creó al hombre a Su imagen (Génesis 1:27), de ninguna manera implica que Dios se ve como el hombre. Lo que significa es que el hombre toma parte de los mismos atributos que Dios utiliza cuando interactúa con Su mundo. También implica que Dios le dio al hombre la capacidad de usar la misma lógica con la que Él creó el universo.

Moshé le preguntó a Dios: "Déjame ver tu Gloria" (Éxodo 33:18). Al hacer este pedido, no quería realmente ver a Dios, dado que eso sería imposible. De manera alegórica, estaba meramente pidiendo que Dios le diese una comprensión profética de Su grandeza. Dios contestó que esto era imposible para cualquier criatura viviente, diciendo: "No puedes ver Mi Rostro, porque el hombre no puede ver Mi Rostro y vivir" (Éxodo 33:20). Le permitió a Moshé llegar a la mayor comprensión de Dios que se le permitió a cualquier ser humano, pero igualmente no fue un entendimiento perfecto. Esto es lo que Dios quiso decir cuando le dijo alegóricamente a Moshé: "Puedes ver Mi espalda, pero Mi Rostro no será visto" (Éxodo 33:23). Lo mismo es cierto para otras "visiones" de Dios experimentadas por los profetas.

Cuando la Torá habla de gente oyendo la "voz" de Dios, usualmente se refiere a una voz profética dentro de la mente del individuo. En otras ocasiones, puede que Dios haya realmente creado ondas sonoras para transmitir Su mensaje…

Tiempo y Espacio

Se habla de Dios como un ser "eterno", lo cual significa que es una existencia fuera del ámbito del tiempo. El tiempo como tal no aplica a Dios mismo, sino sólo a Su creación. Por lo tanto, Dios no tiene ni comienzo, ni fin, ni edad, ya que estos conceptos implicarían existencia dentro del marco del tiempo.

Dios Mismo es, entonces, absolutamente inmutable e inalterable. En relación a esto está escrito: "Yo Soy Dios, Yo no cambio" (Malají 3:6).

Al ser el Creador del tiempo, Dios puede utilizarlo sin por eso verse involucrado en éste.

Al ser el Creador del tiempo, Dios puede utilizarlo sin por eso verse involucrado en éste. Entonces, puede generar cambios en el mundo sin ser cambiado Él Mismo. Respecto a esto, Dios es llamado el "Motor inmóvil".

Hay declaraciones en la Torá que parecieran contradecir esto. La Torá pareciera adjudicarle a Dios emociones como la alegría y el enojo. Pero, aquí también, está meramente hablando de la interacción de Dios con el hombre. Percibimos las acciones de Dios y Le adjudicamos las mismas emociones que sentiríamos nosotros si estuviéramos haciendo algo parecido. Así, por ejemplo, cuando Dios castiga decimos que está "enojado". Sin embargo, nada de esto tiene la intención de implicar algún cambio en Dios Mismo.

Ni siquiera la creación del universo cambió a Dios de alguna manera; de la misma forma, tampoco involucró ningún cambio en Su mente. No se puede decir que en un momento particular Dios decidió crear un mundo; una declaración así no tiene sentido, dado que el tiempo, y por ende la idea de cambio, estaba entre las cosas creadas por Dios. Por lo tanto, tanto antes como después de la creación Dios era exactamente igual.

Incognoscible Pero Accesible

La creación no satisfizo ninguna necesidad de Dios. Dios es inherentemente perfecto, y no tiene ninguna necesidad del universo.

De ninguna manera puede ser dicho que Dios estuvo obligado a crear el mundo y, por lo tanto, la creación fue sólo un acto de altruismo absoluto de Su parte.

Dios es llamado "vivo" porque hace cosas que normalmente se le adjudican a los seres vivientes.

Nuestro entendimiento de la relación de Dios con el mundo tiene dos partes: que Dios es tanto inmanente como trascendental. De esta forma, llena y abarca a toda la creación. Sin embargo, esta dualidad se debe sólo a nuestro entendimiento imperfecto de Dios, dado que Él mismo es la Unidad más absoluta.

Este concepto dual es expresado en la canción de los ángeles. Ellos cantan: "Santo, santo, santo es el Señor de las Huestes, el mundo entero está lleno con Su Gloria" (Isaías 6:3). Esto indica que Dios es inmanente, que llena toda la creación. Sin embargo, ellos también cantan: "Bendita es la Gloria de Dios desde Su lugar" (Ezequiel 3:12). Aquí están hablando de Dios en Su aspecto trascendental, en donde incluso los ángeles más elevados no pueden comprender Su "lugar".

Esto también es expresado en el Shemá, que declara: "Escucha Israel, Hashem es nuestro Dios, Hashem es Uno" (Deuteronomio 6:4). Antes de declarar que Dios es una Unidad incognoscible y trascendental, declaramos que es "nuestro Dios" – que es accesible en todo momento. De la misma manera, en cada bendición, antes de dirigirnos a Dios como el trascendental "Rey del universo", también lo llamamos "nuestro Señor". En la plegaria "Nuestro Padre, Nuestro Rey" (Avinu Malkeinu) asemejamos a Dios tanto a un Padre inmanente como a un Rey trascendental.

La inmanencia de Dios implica que no hay lugar en toda la creación en el que falte Su presencia. Por lo tanto, se lo describe como un ser omnipresente. La Torá dice: "Toda la tierra está llena con la Gloria de Dios" (Números 14:21). También está escrito: "Su Gloria está en el cielo y en la tierra" (Salmos 148:13).

En varios versículos, la Torá habla de Dios como estando en un cierto lugar en un determinado momento. Esto no significa que Dios esté en ese lugar y no en otro; significa en cambio que Dios desea brindarle honor y atención especial a ese lugar o, alternativamente, que Su actuar es particularmente visible allí. Se dice que Dios "moraba" en el Templo Sagrado porque le brindaba honor y atención especial a este edificio. Se dice que Dios "lideró" a los israelitas en el Éxodo porque en ese momento Su actuar les resultó particularmente visible a ellos.

Dependiente de Dios

Nada puede existir a menos que Dios desee que exista. Si Dios dejara de desear la existencia de algo, eso dejaría de existir instantáneamente. Entonces, la voluntad de Dios debe permear toda la creación. Pero dado que Dios es una Unidad absoluta, Su voluntad debe ser idéntica a Su esencia. Como la voluntad de Dios llena toda la creación, lo mismo debe ser cierto sobre Su Esencia.

La existencia de toda la creación depende continuamente de la voluntad de Dios y de Su poder creativo. Si este poder fuese quitado de la creación por incluso un instante, todas las cosas dejarían instantáneamente de existir. Respecto a esto está escrito: "Tú has hecho el cielo… la tierra y todo lo que hay en ella… y Tú le das vida a todo" (Nejemia 9:6). Dios da constantemente "fuerza de Vida" y existencia a todas las cosas. En las plegarias matutinas decimos: "En Su bondad, Él renueva a diario el acto de la creación".

Pese a que la presencia de Dios llena toda la creación, Su existencia es absolutamente indetectable. Entonces, el profeta le dijo a Dios: "Ciertamente, Eres un Dios que se oculta a Sí Mismo" (Isaías 45:15). Si Dios revelara Su verdadera Gloria, toda la creación quedaría anulada ante ella.

Más aún, Dios no puede ser visto porque no hay un lugar en el que Él no esté. La razón es similar a la razón por la que el aire no puede ser visto: es una parte integral de nuestro ambiente, y esto es mucho más cierto respecto a Dios. La razón por la que no podemos ver a Dios no es porque Él sea demasiado trascendental, sino porque Es demasiado inmanente. La única instancia en la que estamos conscientes del aire es cuando sopla el viento. De la misma forma, sólo somos conscientes de Dios cuando actúa para manifestar Su presencia. Es por esto que la misma palabra, rúaj, denota tanto viento como espíritu.

Secretos del Corazón

Creer que Dios conoce todas nuestras acciones al igual que todo lo demás que ocurre en el universo es un fundamento de nuestra fe.

Entonces, se dice que Dios es omnisciente. Llena toda la creación y le da existencia y, por lo tanto, es consciente de todo lo que ocurre en ella. Dios dijo: "¿Puede un hombre esconderse en un lugar secreto para que Yo no lo vea? … ¿Acaso no lleno Yo el cielo y la tierra?" (Jeremías 23:24). También está escrito: "Los ojos de Dios están en todos lados, contemplando el mal y el bien" (Proverbios 15:3).

Dios conoce los pensamientos del hombre, como está escrito: "Dios pone a prueba todos los corazones y percibe todo deseo de pensamiento" (Crónicas 1 28:9). También está escrito: "[Dios] conoce los secretos del corazón" (Salmos 44:21).

Dado que Dios existe fuera del tiempo, conoce el futuro exactamente como conoce el pasado. Este preciso concepto está expresado en Sus palabras a Su profeta: "Yo llamo las generaciones desde el comienzo; Yo, Dios, soy el Primero, y con el último Yo soy el mismo" (Isaías 41:4).

No importa cuán grande sea el número de eventos simultáneos - no es nada para el conocimiento infinito de Dios.

El conocimiento de Dios es idéntico a Su Esencia infinita, y por lo tanto es también infinito. Consecuentemente está escrito: "el entendimiento [de Dios] es infinito" (Salmos 147:5). Entonces, Dios puede saber lo que le está ocurriendo a cada átomo del universo en cada instante. No importa lo grande que sea el número de eventos simultáneos, comparado con el conocimiento infinito de Dios, no es nada.

Más allá de todo esto, Dios está tan por encima de nosotros que es absolutamente imposible comprenderlo. Como está escrito: "¿Puedes encontrar a Dios buscándolo? ¿Puedes probar la perfección de Dios?" (Iov 11:7). La esencia de Dios trasciende nuestra capacidad de pensamiento, como Le dijo a Su profeta: "Mis pensamientos no son tus pensamientos, tampoco Mis caminos son tus caminos" (Isaías 48:7).

Ha sido enseñado: "Ningún pensamiento puede entenderlo a Él". Al igual que un pensamiento abstracto no puede ser sostenido por la mano física, la esencia de Dios no puede ser entendida ni siquiera mediante el pensamiento. Ni los más elevados seres espirituales pueden comprender la verdadera esencia de Dios.

Entonces, todo nombre y toda descripción que le demos a Dios sólo puede aplicar a Su relación con Su creación. Incluso el Tetragramatón (Y-H-W-H) que es llamado el "nombre real" de Dios, sólo denota Su emanación más elevada en la creación. Sin embargo, Dios Mismo es absolutamente incognoscible, innombrable e innominado. No existen palabras que puedan describirlo a Él ni decir todas Sus alabanzas.

A pesar de que Dios es incomprensible, lo conocemos gracias a nuestras tradiciones del pasado y a nuestras esperanzas del futuro. Lo conocemos por medio de nuestras plegarias por vida, salud y prosperidad, al igual que por nuestras esperanzas para la humanidad. En la Amidá recitada tres veces cada día, nos dirigimos a Dios y decimos: "Bendito eres Tú, Señor, Dios nuestro y Dios de nuestros padres; Dios de Abraham, Dios de Itzjak y Dios de Iaakov; Dios Magnífico, poderoso y reverenciado, Dios sublime, Quien prodiga generosa benevolencia y crea todo, Quien recuerda el amor de los patriarcas y trae un redentor a los hijos de sus hijos, en aras de Su nombre. Rey, Auxiliador, Salvador y Escudo". Esta plegaria expresa nuestros más básicos sentimientos hacia Dios.

Extraído del libro "The Handbook of Jewish Thought" (El Manual de Pensamiento Judío) (Vol. 1), Moznaim Publishing. Reimpreso con permiso.