Un Experimento Escalofriante

¿Crees que gente buena y mentalmente sana podría asesinar seres humanos inocentes?

La película “Obediencia” documenta un experimento escalofriante hecho en la Universidad de Yale hace algunos años por el Dr. Stanley Milgram. Describe una imagen sobre la naturaleza humana que nos hace reflexionar.

Se les dice a voluntarios que están participando en un experimento sobre cómo el castigo afecta la habilidad de aprender. Se les presenta un hombre que intentará memorizar una lista de palabras. En un cuarto adyacente desde el cual puede ser escuchado pero no visto, este hombre está amarrado a una silla, con su brazo conectado a cables eléctricos. Cada vez que comete un error de memorización, se le pide al voluntario que apriete un botón para darle al hombre shocks eléctricos que van aumentando su potencia gradualmente. Justo antes de comenzar, se le advierte al voluntario que el hombre padece un problema cardíaco.

(Lo que los voluntarios no saben es que este hombre es en realidad el colaborador de Milgram en el experimento. No se dará ningún shock real).

El experimento comienza. Unos cuantos errores de memorización – y el voluntario administra algunos shocks. El voluntario ríe nervioso cuando escucha gruñidos de dolor. El administrador del experimento, un hombre con una bata blanca de laboratorio, lo alienta a continuar con los shocks, que se van intensificando.

¿Si todos somos afectados por el condicionamiento social, como puede uno ser responsable por sus acciones?

A medida que las dosis aumentan, se escuchan gritos del cuarto adyacente acompañados de súplicas para detener el experimento. El hombre exclama que esto es peligroso para su corazón.

Pero este voluntario –y la mayoría de los demás voluntarios— continúan dando shocks eléctricos hasta el punto en que creen que han herido severamente al hombre. En muchos casos los voluntarios continúan dando shocks mortales incluso después de que los gritos callan. Cuando el administrador del laboratorio les instruye a los voluntarios continuar dando shocks, ellos se someten a la figura autoritativa en lugar de desafiarla.

El experimento demuestra que no tienes que ser sádico o loco para poner a gente en cámaras de gas. Puedes ser completamente normal pero tan sólo no ser lo suficientemente independiente como para cuestionar la moralidad de lo que estás haciendo.

Condicionamiento y Responsabilidad Moral

Sin la fortaleza para cuestionar la autoridad y para oponerse a las normas que prevalecen, perpetrar el mal es sólo una cuestión de tiempo y lugar. ¿Qué pensarías acerca del partido Nazi si hubieses nacido en una familia típica alemana al principio de la década de los 20?

Nadie nace y es criado en una burbuja.

¿Por qué debería un joven alemán de 17 años ser considerado responsable por unirse a las Juventudes Hitlerianas? Después de todo, ha estado condicionado socialmente desde el comienzo para odiar a los judíos. Nunca ha estado expuesto a otro sistema de creencias. ¡Todos sus amigos se están uniendo al partido!

Sin embargo el mundo sí sostiene que los Nazis son moralmente responsables. ¿Pero por qué? Si todos somos afectados por el condicionamiento moral, ¿Cómo puede alguien ser responsable por sus acciones?

Abraham: El Paradigma de la Independencia

Abraham, el padre del pueblo judío, enfrentó estos asuntos cara a cara.

En un mundo lleno de idolatría, el joven Abraham razonó que debía haber un único Creador del universo, rechazando su crianza pagana. Descubrió el monoteísmo por sí mismo y se embarcó en una misión de educar a la humanidad, arriesgando su vida en el proceso.

Después de muchos años de fiel compromiso, Dios finalmente le habla a Abraham por primera vez:

Y Dios le dijo a Abram: “Lej lejá —Vete para ti mismo— lejos de tu tierra, de tu lugar de nacimiento, y del hogar de tu padre, a la tierra que te mostraré. Te convertiré en una gran nación, y te bendeciré y engrandeceré tu nombre…” (Génesis 12:1-2).

La primera orden a Abraham está llena de interrogantes. Obviamente, uno no puede dejar su tierra sin dejar la casa de su padre y su lugar de nacimiento. El texto tendría que decir: “Deja tu tierra y ve a la tierra que te mostraré”.

Y más aún, por lógica, uno primero deja la casa de su padre, luego su lugar de nacimiento, y luego su país. ¿Por qué mencionarlos al revés?

Desencadénate de los confines de tu sociedad y reexamina los fundamentos de tus convicciones.

El principal mensaje de la Torá no es la partida física de Abraham de su país. Si fuese así hubiese sido suficiente con decir: “Deja tu país”. El desafío de Abraham era realizar una partida espiritual, dejar atrás las influencias, las costumbres y el apoyo emocional de su familia y de su sociedad para volverse realmente independiente.

Estos tres límites (país, lugar de nacimiento y casa del padre) representan tres esferas de influencia diferentes sobre cada individuo, en orden ascendente de intensidad.

Abraham primero recibe la orden de dejar su país –desencadenarse de la influencia idólatra de su tierra. Luego de dejar su lugar de nacimiento –abandonar las costumbres y convenciones que son distintivas. Finalmente, se lo desafía a desatarse del lazo más intenso de todos –la casa de su padre— su fuente principal de identidad y autoestima.

Superar este desafío es el primer paso de Abraham en el desarrollo de independencia espiritual. Este es el significado del término hebreo lej lejá –vete para ti mismo. Dios le está diciendo a Abraham que elimine las influencias externas para emerger verdaderamente como un individuo.

Responsabilidad de Todo Ser Humano

“Rabí Yehudá dice: Todo el mundo se paró de un lado, y Abraham se paró en el otro” (Midrash Rabá, Génesis 42:8).

Esta feroz independencia etiqueta a Abraham como el primer hebreo, un término derivado de la palabra “lado”. Abraham se paró solo del otro lado.

¿La clave para la independencia? Libérate de los confines de tu sociedad y reexamina los fundamentos de tus convicciones. Este es el desafío principal para cualquiera que esté en el camino de convertirse en un individuo verdaderamente pensante. Porque sin verificar la validez de los valores arraigados, uno nunca puede saber si sus posiciones son correctas.

La juventud alemana y el terrorista son ambos responsables por sus acciones, a pesar del condicionamiento social. En lugar de reconocer la necesidad de cuestionar su sociedad, eligieron permanecer pasivos.

La primera orden de Dios a Abraham, y a cualquier ser humano, es convertirse en independiente. Necesitamos desarrollar el coraje intelectual y moral para vivir de acuerdo a lo que es verdad, aún si todo el mundo se opone. Sin eso, no somos nada más que un producto sumiso de la sociedad.

Con ello viene la liberación de uno mismo.