Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos, y también llorábamos cuando recordábamos a Sion. Sobre los sauces colgábamos nuestras liras, porque allí los que nos tenían cautivos nos exigían que cantáramos, y nuestros atormentadores nos exigían alegría: "Cantadnos una de las canciones de Sión". ¿Cómo podremos cantar la canción de Hashem en tierra extranjera? Si te olvidare, Jerusalem, que olvide mi diestra su habilidad, si no te recordare, adhiérase mi lengua al paladar; si no pusiere a Jerusalem por encima de mi mayor alegría. (Salmos 137: 1-6)

La destrucción del Templo y el exilio a Babilonia representaron una tremenda conmoción para el pueblo judío. Hoy en día nos es difícil imaginar lo que debe haber significado entonces, porque realmente no tenemos nada similar con que podamos comparar.

En esos días, la norma en el judaísmo era vivir con la presencia constante de Dios, que siempre era accesible en el Templo. Ocurrían milagros a diario, los cuales podían ser atestiguados por cualquiera. Por ejemplo, independientemente de la dirección en que soplara el viento, el humo de los sacrificios siempre iba derecho hacia el cielo. Sentirse espiritual hoy en día no es nada en comparación a lo que era sentirse espiritual en el Templo. Con una espiritualidad tan intensa, era claro que Dios estaba con el pueblo judío.

Lo mismo podría decirse de la tierra. Un milagro que exhibía la tierra era que cada seis años había una cosecha extraordinaria para que los judíos pudieran tomarse el séptimo año —el año sabático— y no realizar ningún trabajo. Era increíble.

Ahora todo se había ido. La tierra, el Templo, la presencia de Dios. No es ninguna sorpresa que hayan llorado junto a los ríos de Babilonia. Sin embargo, también en el exilio Dios cuida al pueblo judío, incluso cuando Su presencia está oculta. Vemos esto por ejemplo en la preparación que hizo Dios para el exilio. En el capítulo anterior notamos que cuando los babilonios atacaron Israel por primera vez se llevaron con ellos a 10.000 de los mejores y más brillantes judíos. Eso pareció ser un desastre en el momento, pero ahora que todos los judíos estaban siendo exiliados a Babilonia, resultó que había sido realmente una bendición. ¿Por qué? Porque cuando los judíos llegasen a Babilonia, encontrarían un carnicero casher y una mikve. Ieshivot ya habrían sido establecidas. La vida judía podría continuar, y como resultado vemos que casi no hubo asimilación en el exilio babilonio. (1)

Demos un salto en el tiempo de 2.500 años, hasta la inmigración judía a América. ¿En qué se diferenció? Comenzando en 1882, millones de judíos que estaban huyendo de la persecución en la Rusia zarista comenzaron a llegar al Nuevo Mundo. Pero no encontraron Ieshivot o sinagogas en él, ¿y cuál fue la consecuencia? La mayor asimilación en masa de los judíos de toda la historia.

Entonces, este giro imprevisto de los eventos que ocurrió en Babilonia resultó ser algo tremendamente positivo. Es un gran ejemplo de Dios anteponiendo la cura a la enfermedad, patrón que vemos repetirse una y otra vez a lo largo de la historia judía.

Sobreviviendo al exilio

Dios le prometió al pueblo judío en el Monte Sinaí que serían una "nación eterna", y Él cumplirá Su palabra:

"A pesar de que estén [los judíos] en la tierra de sus enemigos, Yo no los despreciaré ni los rechazaré para exterminarlos a fin de anular Mi pacto con ellos, ya que Yo soy Hashem, su Dios. Los recordaré por el pacto que hice con sus ancestros, a quienes saqué de la tierra de Egipto ante los ojos de las naciones para ser un Dios para ellos; Yo soy Hashem" (Levítico 26:44-45).

A lo largo de la historia, el hecho de que un pueblo entero sea expulsado de su país ha sido un fenómeno muy inusual. Y nunca se ha oído de múltiples exilios, ya que después del primer exilio el pueblo por lo general desaparece; simplemente se asimila entre otros pueblos. Es un hecho que, en la historia de la humanidad, los exilios y las dispersiones múltiples le han ocurrido solamente al pueblo judío. (2)

Y sin embargo los judíos han sobrevivido a pesar del exilio, porque Dios ha prometido que seguirán siendo una "nación eterna".

La vida en el exilio

A pesar de que los babilonios eran muy crueles en sus guerras y conquistas, su actitud hacia la exiliada comunidad judía era "vive y deja vivir". Y la vida en Babilonia resultó no ser tan mala después de todo. (3)

Los judíos incluso designaron un líder comunitario, que era el representante para la comunidad judía ante las autoridades babilonias, comenzando poco después del exiliado Iehoiakim, rey de Yehudá (Reyes 2, 25:27). Esta autoridad recibía el nombre de Reish Galuta en arameo. (4)

(El arameo era el lenguaje internacional del antiguo Cercano Oriente. Es un lenguaje semita que está muy relacionado con el hebreo. Es el lenguaje en que está escrita la mayoría del Talmud. Los judíos de babilonia hablaban arameo, y lo continuaron hablando incluso después de que volvieron a la tierra de Israel).

Esta expresión, Reish Galuta, significa en hebreo Rosh Galut, y en español "Jefe de la Diáspora" (a propósito, diáspora es una palabra griega que significa "dispersión"). El Reish Galuta era una persona que descendía directamente de la Casa del Rey David. A pesar de que no era un rey en la tierra de Israel, era reconocido no sólo por ser el representante de la comunidad judía de Babilonia, sino también por tener un estatus de nobleza. Como veremos, durante los 1.500 años siguientes 43 personas tuvieron este título. Todos ellos eran descendientes de Zerubavel hijo de Shaltiel hijo del Rey Iehoiakim (penúltimo de Yehudá), y finalmente su linaje se remontaba hasta el Rey David. Esta es una línea de nobleza que ha sido preservada siempre en la historia judía. (5)

En Israel había una posición similar —pero aún más prestigiosa— a la del Reish Galuta de Babilonia: el Nasí, el presidente de la corte suprema, el Sanhedrín. Esta posición puede ser rastreada hasta los sabios que lideraron al pueblo judío después de Moshé, pero el título es asociado específicamente con los líderes del Sanhedrín durante el período del Segundo Templo y después de su destrucción. Desde el tiempo del Segundo Templo en adelante (al igual que el Reish Galuta en Babilonia) la posición era hereditaria y era sostenida por descendientes de Hilel hasta el año 429 EC, cuando finalmente fue abolida por los bizantinos. (6)

La comunidad de la Diáspora más antigua del mundo es la de Babilonia. No hay dudas sobre que los judíos han vivido en Babilonia desde mucho antes que los iraquíes. Y cuando los judíos volvieron a la tierra de Israel a finales de la década de 1940 y principios de 1950, hubo muchos de los denominados judíos "Bavlí" que podían trazar su linaje hasta los tiempos del exilio babilonio.

La razón por la que permanecieron allí durante tanto tiempo fue que los babilonios, y luego los persas y los otomanos, hicieron que la vida en esa parte del mundo fuese relativamente fácil (por ejemplo, cuando los judíos fueron expulsados de España, el Sultán Bazid los recibió con los brazos abiertos).

Sin embargo, esto no significa que todo haya sido como un cuento de hadas. El Libro de Daniel cuenta la historia de unos jóvenes judíos que, por rehusarse a comer comida no casher o a reverenciarse ante ídolos, fueron arrojados dentro de un horno en llamas por Nabucodonosor. Sobrevivieron milagrosamente, haciendo que Nabucodonosor promulgase un decreto prohibiendo blasfemar al Dios de Israel.

Escribiendo sobre la pared

El último rey de Babilonia fue Belshazar. Al igual que muchos de los reyes vecinos, Belshazar era bien versado en profecía judía. ¿Por qué? Porque, en el mundo politeísta, el Dios de Israel era muy conocido. Debía ser considerado, y por lo tanto los gobernantes les seguían el ritmo a las creencias judías y tomaban a los profetas judíos —como Irmiyahu— y a sus profecías en serio.

Belshazar era consciente de lo que el profeta Irmiyahu había profetizado en el tiempo en que Nabucodonosor conquistó Israel:

"Y toda esta tierra [de Israel] será una desolación, un baldío, y estas naciones [las tribus de Israel] servirán al rey de Babilonia durante setenta años. Y acontecerá cuando se cumplan los setenta años, que castigaré al rey de Babilonia…" (Irmiyahu 25:11-12).

Naturalmente, esto es algo que le preocupaba a Belshazar, por lo que lo tenía muy en cuenta. Pero se equivocó en el cálculo por un año (7). Cuando llegó el año 371 AEC, Belshazar creyó que la profecía no se haría realidad, Dios había abandonado a los judíos y no los devolvería a Israel como fue prometido en la profecía de Irmiyahu:

"Porque así dijo Hashem: ‘Cuando se cumplan setenta años para Babilonia, los redimiré, y cumpliré con ustedes Mi buena palabra para hacerlos retornar a este lugar’" (Irmiyahu 29:10).

En celebración, Belshazar brindó un gran banquete y sacó, para que todos viesen, las vasijas del Templo que Nabucodonosor había robado de Jerusalem. Les ordenó a sus consortes y concubinas que bebiesen de las copas del Templo y que alabasen a "los dioses de oro y plata, cobre, hierro madera y piedra" (Daniel 5:1-5).

En ese momento, apareció una gran mano que no estaba conectada a nada y comenzó a escribir en la pared. Belshazar se estremeció hasta las entrañas, pero nadie era capaz de decirle qué significaba el extraño mensaje escrito en la pared.

Finalmente, la reina recomendó que fuese llamado un hombre que tenía la reputación de tener "espíritu, inteligencia y entendimiento extraordinarios". Este hombre, de quien se decía que "el espíritu de Dios estaba en él", era el profeta Daniel.

Daniel no tuvo problemas para leer lo que decía la pared:

"Dios ha contado los días de tu reino y éste ha llegado a su fin… tu reino ha sido dividido y ha sido dado a los medos y a los persas" (Daniel 5:25-28).

Esa misma noche hubo una invasión de grandes cantidades de persas y medos. El rey y todo su séquito fueron asesinados. Sólo sobrevivió Vashtí, la nieta de Nabucodonosor. Ella se casaría con Ajashverosh, el rey de Persia, y comenzaría involuntariamente una de las sagas más grandiosas de la historia judía, la cual ocurrió en los días del Imperio Persa.


1) Ver Talmud: Guitín 88a; Sanhedrín 38a.
2) No sólo que el concepto de exilios y dispersiones múltiples es único en la historia, sino que la supervivencia misma del pueblo judío es un evento singular. Ninguna otra nación ha sobrevivido sin una tierra patria, sin embargo, desde la Destrucción del Segundo Templo en 70 EC hasta el renacimiento del Estado de Israel moderno en el siglo 20, el pueblo judío sobrevivió en la Diáspora sin un estado.
3) Ver Talmud-Pesajim 87b-88a: Ula dijo: "[Fueron exiliados a Babilonia] para que pudieran comer gran cantidad de dátiles y concentrarse en el estudio de Torá".
4) Ver: Talmud-Sanhedrín 5a.
5) Ver Crónicas 1, 3:16-19; Séder Olam Zuta.
6) Ver Talmud-Pesajim 66a; Yad-Sanhedrín 1:3.
7) Para una discusión detallada de los diferentes reyes de Babilonia y el error de Belshazar ver: Talmud-Meguilá 11b-12a; Otzar HaIgueres p. 149.